En el centro los representantes del pueblo Inga: Oscar Janamejoy, Gobernador del Resguardo indígena; Hernando Chindoy, Presidente del Tribunal de Pueblos y Autoridades Indígenas del suroccidente colombiano. Acompañados del Embajador de Noruega y representantes del PNUD COlombia. (Foto: Andrés Arbeláez, PNUD-Colombia)

Los indígenas Inga de Aponte a lo largo de los años han tenido que superar distintas adversidades, la discriminación, constantes incursiones de grupos armados al margen de la ley, la persecución a los cultivos de amapola y el olvido estatal.  Pero a pesar de que las adversidades han sido pan de cada día los Inga han prevalecido y con el empuje característico de estos pueblos lograron prevalecer y hacerse acreedores del Premio Ecuatorial 2015 del PNUD.

En la mañana de este viernes, varios pobladores y representantes de esta comunidad se hicieron presentes en las instalaciones del Congreso de la República para hacer una entrega simbólica del galardón que les fue otorgado en la pasada COP 21 de París.

El pueblo Inga se hizo acreedor al galardón por su esfuerzo y entereza en desarrollar modelos ambientalmente sostenibles para la sustitución de cultivos ilícitos en su territorio y contribuir a la construcción de la paz. Este último aspecto de gran importancia para nuestro país cuando se empieza a hablar de posconflicto ante la inminente firma de la paz con la guerrilla de las Farc.

Los indígenas inga de Aponte, Nariño, son reconocidos a nivel mundial como guardianes del territorio, promotores de paz y cuidadores del medio ambiente. Con una población de 3.600 personas, luchó con éxito para recuperar su soberanía y los derechos de sus 22.283 hectáreas de territorio ancestral.

El pueblo inga declaró 17.500 hectáreas de páramos, lagunas y montañas como área sagrada. La comunidad se organizó en torno a un modelo de gobierno que se basa en una visión compartida de la justicia y la acción colectiva en la salud, la educación, los servicios comunitarios, la restauración de ecosistemas y los medios de vida sostenibles. Además lograron un acuerdo pionero con el Gobierno para erradicar sus cultivos de amapola y crearon un fondo con dinero del Estado que sirvió para tramitar la titulación del territorio para convertir el cabildo indígena en resguardo.

De ahí que este pueblo sea considerado no solo un ejemplo para que otros pueblos emprendan proyectos similares, sino para reconocer que la riqueza del campo y de su gente es uno de los tesoros que poco apreciamos en nuestro país.

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