María López, directora de Semana Sostenible, habló con el exministro sobre la reciente polémica.

Colombia es un país de extremos, de contracciones y de discusiones polarizantes. Este es el caso del debate ambiental que ha estado inmerso en una narrativa en donde a los defensores del medio ambiente se les ha caricaturizado y estigmatizado como unos hippies tirapiedras y a los “desarrollistas” como unos voraces capitalistas que arrasan con todo lo que está a su alcance. Pero, ¿Dónde está el punto medio? ¿Podrá este país conciliar las dos posiciones y lograr un desarrollo sostenible que se construya a través de una dialéctica colectiva en tiempos en que estamos llamados a la reconciliación?

Una muestra de esta situación se expresa en el debate ocurrido en las últimas semanas entre Ramiro Bejarano y Manuel Rodríguez a raíz de la columna del primero, “Ambientalistas extremos”, (El Espectador, Octubre 26) que, de alguna manera, fue, una respuesta a la columna de Rodríguez, “El ambientalismo radical” (El Tiempo, Octubre 19).

En el furor del debate, Bejarano a través de El Espectador denunció la existencia de amenazas contra su vida. Luego se dio un breve cruce de argumentos, entre Bejarano y Rodríguez, en el programa Hora 20 de Caracol Radio. (Escuche aquí el audio). En él, Rodríguez reiteró su invitación a dialogar, que ya había sido hecha por tweet, afirmando que era necesario en pos del buen periodismo, invitación que Bejarano aceptó. Sin embargo, el pasado domingo Bejarano publicó una nueva columna “Ambientalistas extremos II”, que dista de tener un tono conciliador.

Semana Sostenible se reunió con Rodríguez para hacer una serie de reflexiones sobre el desarrollo sostenible del país. 

María López: Ramiro Bejarano ha escrito dos columnas de opinión tituladas Ambientalistas extremos y Ambientalistas extremos II. ¿A quienes se refiere cuando habla de “extremos”? 

Manuel Rodríguez: Los dos escritos de Bejarano son una extraña mezcla de diatribas contra los ambientalistas (según la Real Academia diatriba es “un escrito violento e injurioso contra alguien o algo”), y sus opiniones personales sobre el desarrollo del país y la política ambiental. Según su opinión, el progreso de Colombia está siendo obstaculizado por los ambientalistas extremos. Y como gran conclusión de su primera columna sale con esta perla: “Si los fundamentalistas del medio ambiente quieren vivir en la selva o con taparrabos, están en todo su derecho, pero que no se olviden de todos los demás”. Esta, como otras que se encuentran en sus dos escritos, son imágenes caricaturescas de los ambientalistas que no vale la pena discutir. Como tampoco vale la pena comentar las injurias contenidas en sus columnas.

Lo que sí resulta pertinente es debatir a fondo los planteamientos de Bejarano sobre la política ambiental y el desarrollo sostenible. 

M.L: ¿no fue la segunda columna de Bejarano una respuesta a esa batalla que hubo en Twitter detonada por su primera columna, batalla de la cual afirmó que fue un linchamiento moral contra su libre opinión?

M.R: Bueno, dediquemos solo esta respuesta al intercambio de tweets que tuvo lugar, para dedicarnos, entonces, a los argumentos. Invito a los lectores a que recorran los tweets escritos por múltiples tuiteros y en mensajes en Facebook. Unos son a favor y otros en contra de la posición de Bejarano en su columna. Unos injuriosos, otros de mucha altura, no pocos neutros. Pero, a mi juicio, Bejarano, con gran habilidad, resolvió montar la historia de que había sido matoneado como estrategia para confirmar su tesis del extremismo de los ambientalistas. Y, en forma calumniosa, me acuso de que yo había suscitado al matoneo, con tweets infames contra él y su familia. Esos tweets no existen. Pueden constatarlo.

Lamento y condeno que él y su familia hayan sido objeto de una amenaza a muerte. A lo que añado que esa amenaza no pudo proceder de alguien que se considere a sí mismo un ambientalista. Porque todos los ambientalismos tienen como común denominador el respeto a la vida en todas sus formas. 

Y, por último, rechazo en la forma más contundente la afirmación que Bejarano hizo sobre el profesor Sebastián Rubiano y sobre mí, quienes participamos en el intercambio de tweets, al referirse al posible origen de la amenaza. En El Espectador.com (Octubre 27) afirmó: “Por supuesto no creo que sean ellos quienes me hayan amenazado, pero su actitud sí ha contribuido a eso”. 

Así que sugiero que dejemos atrás el capítulo de las diatribas de Bejarano para pasar a discutir sus planteamientos, asunto mucho mucho más interesante.

M.L: ¿cuáles son entonces las opiniones de Bejarano que aportan al debate público? 

M.R: En sus dos columnas hace planteamientos y afirmaciones sobre la política ambiental y los ambientalistas, que aunque entreverados desordenadamente en medio de sus diatribas, deben ser objeto del debate público, pues a mi juicio, representan la visión de algunos colombianos, y en particular de no pocos dirigentes gubernamentales y empresariales. No es casualidad que unos días antes de la primera columna de Bejarano titulada “Ambientalismo extremo”, la Directora de la Agencia Nacional Minera hubiese afirmado en Portafolio: “No nos vamos a dejar ganar de los ambientalistas radicales”

Bejarano, consistente con esta visión de la alta funcionaria, ataca la política de las áreas protegidas, defiende la licencia exprés, afirma que el gran atraso de las obras de infraestructura se debe a los ambientalistas, y que estos están en contra de la explotación petrolera y minera. Son visiones que respeto, pero no comparto. Y en su última columna, complementa su posición frente a los ambientalistas, diciendo que para los ambientalistas que llama extremos: “quienes defendemos el desarrollo sostenible, somos diabólicos o inmorales”.


M.L: Bejarano afirma que los ambientalistas lo están atacando como diabólico e inmoral por ser defensor del desarrollo sostenible. ¿Podría darnos un poco de luz sobre esta afirmación? 

M.R: Pues, usted como conocedora del tema, sabe muy bien que el desarrollo sostenible ha hecho parte de la esencia del ambientalismo desde hace cerca de cuatro décadas. Como se recordará esta concepción fue desarrollada por la Comisión Bruntdland y consagrada a su más alto nivel político en la Cumbre de la Tierra sobre Medio Ambiente y Desarrollo, realizada en Río de Janeiro, en 1992. Y, como respuesta de Colombia a Río, la Constitución de 1991 y la ley 99 de 1993 para la creación del ministerio del medio ambiente incorporaron la concepción de desarrollo sostenible, la que, a su vez, ha sido desarrollada en múltiples jurisprudencias de las cortes.

Y, modestia aparte, en la construcción de la ley 99 y, también en la elaboración de los artículos sobre medio ambiente y desarrollo sostenible que hacen parte de nuestra constitución, participamos activamente muchos ambientalistas, que hoy Bejarano parece considerar indeseables,. En mi caso particular, coordiné desde el Inderena, conjuntamente con Planeación Nacional, el proceso de expedición de la ley 99. Y, Ramiro Bejarano, en su última columna, sugiere que yo me dedico a defender “los garrafales errores de leyes y decretos” que autoricé en mi paso por el gobierno. ¿Se referirá a la ley 99, de la cual yo, como muchos otros colombianos vivimos tan orgullosos?

En últimas, lo que Bejarano está diciendo es que su concepción de desarrollo sostenible es diferente a la de muchos ambientalistas, cosa que es respetable. Pero, es necesario hacer énfasis, en que en los argumentos de sus dos columnas, se aparta no solo de la concepción que tenemos muchos ambientalistas, sino también se distancia, y en mucho, de lo que en el estado colombiano ha logrado en estos años en materia de desarrollo sostenible y medio ambiente. Ese es el caso de la posición que adopta frente a las áreas protegidas. 

M.L: Usted está, entonces, en desacuerdo con la siguiente afirmación de Bejarano: “en Colombia el nivel de zonas restringidas o prohibidas por razones ambientales supera el 50 por ciento del empobrecido territorio, y aunque suenan las alarmas del desabastecimiento energético, a los extremo-ambientalistas, les parece que hay que crear más parques naturales”.

M.R: Claro que estoy en total desacuerdo. En Colombia hay que crear más parques nacionales. Así, por ejemplo, la rica región de la Orinoquia tiene muy poca representación en el Sistema Nacional de Parques Naturales en lo que hace referencia a la protección de su rica biodiversidad, incluyendo sus humedales. Y no se olvide que una de las razones de la creación de los parques nacionales es la de proteger las fuentes hídricas estratégicas de Colombia, que abastecen los emblases para el agua potable, la agricultura, etc., y para las hidroeléctricas actuales y potenciales, que constituyen el corazón de la seguridad en energía eléctrica del país, puesto que proveen el 70 por ciento de esa energía. 

ML: Para Bejarano es un exceso que cerca de la mitad del territorio continental del país sean zonas restringifas o prohibidas.

M.R: En Colombia existe una reserva forestal de aproximadamente esa extensión. Y, dentro de ella, existen las tres modalidades más importantes de protección de la riqueza natural y cultural de Colombia que son: los parques nacionales, los resguardos indígenas, y las propiedades colectivas de las comunidades negras, que representan respectivamente el 12 por ciento, el 30 por ciento y el 6 por ciento del territorio continental del país. Ellas constituyen, quizá, el mayor logro del desarrollo sostenible, en la historia de Colombia. 

Pero no pocos mineros y petroleros estarían en total acuerdo con Bejarano en no declarar más parques nacionales, ni resguardos, etc., o incluso en desmontarlos, puesto que ellos bien saben que, según la constitución y la ley, en los parques nacionales no está permitida ni la minería ni la explotación petrolera, y que para adelantar estas actividades en resguardos y propiedades colectivas de las comunidades negras se requiere consulta previa.

M.L: Pero esta posición de Bejarano, y de algunos grupos de interés y funcionarios gubernamentales no tiene nada que ver con los discursos pronunciados por el Presidente Santos en las Naciones Unidas y en la reciente visita del Príncipe de Galés. ¿Cuál es su opinión al respecto?

M.R: Los últimos presidentes de Colombia, desde Barco hasta Santos, pasando por Gaviria, Pastrana y Uribe, han coincidido en defender, y mostrar con orgullo, tanto en el ámbito nacional como en los foros internacionales, esta política de conservación representada en los Parques Nacionales, los resguardos indígenas, y las propiedades colectivas de las comunidades negras. Y, en este contexto, el Príncipe de Galés, uno de los mayores líderes ambientalistas del mundo, visitó el Parque de Chiribiquete, para cuya ampliación tanto el Reino Unido, como las fundaciones del Príncipe, están prestando apoyo económico. El discurso del Príncipe en el Palacio de Nariño, y el homenaje al Presidente Barco por su impulso a la creación de parques nacionales y resguardos indígenas de la Amazonía, que rindió el gobierno británico hace veinticinco años, son dos, entre muchas, de las expresiones de la importancia global que tiene esta política ambiental de Colombia. 

Lamento que esta gran política de conservación de Colombia, ejemplar en el mundo, que fue impulsada con extrarodinario vigor por el gobierno de Alfonso López, con la creación de 16 parques nacionales, no sea el santo de la devoción de Bejarano. 

M.L: Usted ha sido uno de los ambientalistas más críticos a la licencia expres. Ramiro Bejarano afirmó: “el denominado decreto de licencias exprés no pudo ser expedido como se diseñó inicialmente, porque a los enceguecidos extremistas les pareció que la eficacia administrativa atentaba contra el medio ambiente.” ¿Después de expedido el decreto, en reemplazo del proyecto del que Bejarano se lamenta por no haber sido expedido ¿Cuál es su opinión?

M.R: Hay que recordar que entre los “enceguecidos extremistas” que se opusieron al proyecto original, cuya no expedición lamenta Bejarano, se encuentran algunos constructores y gremios, como fue el caso de la Presidenta de la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Esta última criticó tajantemente varios artículos, que finalmente fueron retirados, por sus potenciales problemas para la ejecución de las obras. Y es que muchos de los defensores de la eficiencia, parecen olvidar que, por ejemplo, la licencia ambiental de las obras de infraestructura tienen como fin proteger las obras mismas. Los desbarrancamientos de múltiples vías nacionales y regionales como consecuencia de la pasada ola invernal, son una muestra de los impactos de unas licencias ambientales mal dadas. La eficiencia no puede convertirse en un obstáculo para otorgar licencias de calidad, que es justamente una de mis principales críticas a la licencia exprés.


Además, no tiene ninguna justificación condenar al estado colombiano a que decida en el breve período de noventa días si se concede, o no la licencia ambiental, para proyectos de alta complejidad como pueden ser un gran puerto, una hidroeléctrica o una mina como La Colosa. Simplemente el tiempo no es suficiente para hacer una evaluación seria. En países como los Estados Unidos un proyecto complejo en zonas frágiles como el Ártico puede durar entre cinco y diez años, no obstante los excelentes sistemas de información con que cuentan. Obviamente, no estoy sugiriendo que ese sea el plazo “standard” para Colombia. Para proyectos que no tengan mayor complejidad se pueden fijar plazos breves.

Hay muchas más críticas, pero terminemos con dos. 

La mayor parte de las Corporaciones Regionales, responsables por más del 80 por ciento de las licencias ambientales, no tienen la capacidad para tramitar todas las licencias en el plazo estipulado, con lo cual para cumplir los términos se verán enfrentadas a otorgarlas a la topa tolondra. Y por último me pregunto: ¿por qué no se restablecieron la licencias ambiental para la sísmica petrolera cuando la anterior ministra anunció que lo haría ante los múltiples conflictos socio-ambientales que su eliminación ha generado?

ML: Y cuál es su reacción ante la afirmación de Bejarano: “A los ambientalistas a ultranza no les gusta la minería ni el petróleo”.

M.R: ¿Será que para Bejarano, el secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, es un extremista a ultranza en virtud de que la semana pasada, y ante la urgencia de enfrentar el cambio climático, declaró que hay que descarbonizar la economía en el menor tiempo posible, dando alta prioridad al desarrollo de las energías renovables, y eliminando en el menor tiempo posible las termoeléctricas, puesto que se basan en la combustión del carbón? 

Y en relación con las oportunidades que la minería significa para el desarrollo económico de Colombia, hay que repetir lo que han dicho muchos colombianos: “la minería sí pero no así”. Que es justamente lo que evidencia el estudio en cuatro volúmenes que dirigió para la Contraloría, el doctor Luis Jorge Garay, uno de los economistas más respetables del país. Las conclusiones son muy preocupantes y se pueden sintetizar en una frase: desde el punto de vista del desarrollo sostenible la minería formal está muy lejos de cumplir con principios fundamentales en que se funda esta concepción. En lo económico el país no está capturando una renta justa si se compara con muchos otros países. En lo social, la población que habita en los municipios de la gran minería del carbón, presenta un índice de necesidades básicas insatisfechas más deficiente que el nacional. En lo cultural se han cometido atropellos contra las minorías étnicas. Y en lo ambiental, existen enormes falencias, como son por ejemplo los efectos para la salud humana de la contaminación del aire de la minería del carbón, o la destrucción injustificada de acuíferos y fuentes de agua, para mencionar tan solo dos de una larga lista. No en vano, los ministros del ambiente y de minas, al servir de testigos de la firma del pacto por la minería responsable por parte de las grandes mineras del país, hace cerca de tres años, señalaron que no todos los firmantes cumplían con la ley. 

Sin embargo, Ramiro Bejarano, en su columna, al ignorar las conclusiones de este informe de la Contraloría, o el reciente diálogo minero, al más alto nivel, en que las diferentes partes hablaron con franqueza acerca de los problemas sociales y ambientales que aquejan la gran minería de carbón sugiere en su columna que el desempeño de la gran industria minera se podría calificar como un tipo de desarrollo sostenible ejemplar. La concepción de Bejarano está muy distante de lo que para muchos ambientalistas es el desarrollo sostenible.

Como es obvio, los ambientalistas estamos de acuerdo con Bejarano sobre los desastres de la minería ilegal.


M.L: Se nos quedaron en el tintero otros temas, y la entrevista terminó.

M.R: Me queda entonces por reiterar que se requiere una diálogo entre aquellos que comparten una visión del desarrollo sostenible como la de Ramiro Bejarano, que no son pocos, y aquellos que consideramos que en esta materia el país esta muy lejos de cumplir con los mandatos sobre medio ambiente y desarrollo sostenible que están contenidos en la Constitución y en la Ley, y que muchos defendemos con ahínco. Pienso que en Colombia el único extremismo y radicalismo que existen en materia ambiental es la creciente destrucción y deterioro del medio ambiente, que están a la vista. 

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