En julio de este año, Julia Miranda, Directora de Parques Nacionales Naturales, prendió las alarmas por el estado ambiental de Playa Blanca, uno de los sitios más concurridos y visitados en la ciudad de Cartagena.

Luego de catalogar al lugar como una “vergüenza nacional” por el deficiente manejo de los residuos sólidos que son arrojados por los turistas y vendedores ambulantes, la funcionaria impuso una medida preventiva para evitar su ingreso por vía marítima.

Aunque la medida no prosperó, sí dejó un claro mensaje sobre el desmedido y descontrolado turismo al que han sido sometidas algunas playas del Caribe colombiano, y no solo las de Cartagena y Santa Marta, las dos ciudades más apetecidas en época de vacaciones.

En La Guajira, uno de los departamentos más abandonados por el Estado y afectados por la corrupción, se cocina una pequeña bomba de tiempo que podría explotar en una catástrofe ambiental en el futuro.

Se trata de Mayapo, una playa de arena blanca con un mar de tonos verdes y aguamarinas en el municipio de Manaure, la cual ha ido perdiendo su tranquilidad al aceptar los coqueteos del turismo.

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Por estar ubicada a tan solo 20 minutos de Riohacha, la capital del departamento, Mayapo se ha convertido en el balneario de los habitantes de la ciudad y de los turistas nacionales y extranjeros.

Lo que antes era una playa virgen de aproximadamente tres kilómetros de extensión, donde solo se escuchaba el sonido de las olas del mar y el canto de las aves, ahora es un lugar que alberga 35 kioskos de comidas y bebidas y 87 enramadas (chozas para colgar hamacas), además de tres hoteles y un hostal en sus cercanías.

Según Ivette Pinedo, Directora de Turismo Departamental de La Guajira, un día de temporada alta llegan a Mayapo cerca de 2.000 visitantes, entre extranjeros, turistas nacionales y personas de Riohacha y el sur de La Guajira; quienes ingresan en carros y buses.

Desde el trayecto que comunica a Riohacha con Mayapo se empiezan a divisar los primeros impactos ambientales de la actividad turística: bolsas y envases plásticos atrapados entre la vegetación desértica, como trupillos, dividís, cactus y cardones guajiros.

Debido al fuerte viento, estos empaques vuelan desde la playa hasta que quedan atrapados en algún árbol o en los secos palos de las rancherías.

En su playa también ya se evidencian algunas cicatrices del paso humano. Latas de cerveza, botellas de gaseosa y paquetes de golosinas que contrastan con la acuarela aguamarina, verde y azul del mágico paisaje del océano, y se mezclan con sus conchas, corales y algas.

En los kioskos, atendidos por algunos de los 1.600 habitantes que viven en el corregimiento de Mayapo, se ofrecen suculentos pescados, gaseosas, cervezas y comida chatarra, cuyos residuos que terminan entorpeciendo el paradisiaco paisaje ante la escasez de canecas.

A diferencia de las playas de Santa Marta y Cartagena, sitios gobernados por las asoleadoras, sillas o carpas, en Mayapo se alquilan hamacas en las enramadas para el disfrute de los turistas, quienes llevan consigo parlantes y botellas de licor.

Tras un ajetreado fin de semana, los residuos sólidos de los visitantes terminan por ensuciar la arena de la playa, para luego ser arrastrados por las olas y perderse en el mar.

Por lo menos la venta ambulante es distinta a la de sus pares caribeñas. No hay masajistas y vendedoras de cocadas y gafas que alteren el descanso, sino mujeres indígenas que ofrecen en calma sus tejidos, mochilas, manillas y artesanías.

Aunque el sitio es vigilado por la Policía Nacional para garantizar la seguridad de los turistas, no hay un control para su llegada.

“En Riohacha se hacen tours para visitar Mayapo, tanto en buses como taxis. Pero no se cuenta con una hora estipulada para llegar. Cualquier persona puede disfrutar de las playas en el momento que lo desee”, informó Pinedo.

Sobre el estado ambiental de Mayapo, la Directora de Turismo apuntó que La Guajira es el departamento más afectado por el cambio climático, razón por la cual se deben tomar medidas pertinentes, en especial por la erosión costera.

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“Los expertos afirman tener evidencia de cómo se está viendo afectada la zona del Cabo de la Vela, en especial el sector del Pilón de Azúcar, Palomino, Riohacha, Mayapo, El Pájaro, Puerto Estrella, entre otros”.

Pinedo complementó que para evitar que se pierda la playa, “se tienen unos lineamientos de la Capitanía de Puerto en la cual los moradores o los comerciantes no pueden sobrepasar el límite territorial establecido”.

Si bien en Mayapo aún se puede disfrutar de un paisaje que embruja por su belleza caribeña, con pelícanos que sobrevuelan la superficie del mar y pescadores que arrojan sus atarrayas desde las lachas, la falta de control indica que es una pequeña bomba de tiempo que corre a contrarreloj.