Por: Juan Pablo Romero Rodríguez*

Si le dijeran que invertir en parques podría valorizar la finca raíz en una ciudad, ¿lo creería?. Según un estudio de valoración ambiental desarrollado por la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Universidad Santo Tomás y publicado en 2016, el aumento del área verde en Bogotá podría valorizar las viviendas en un 2,24%.

El estudio parte de tres realidades importantes. Primero, de acuerdo a cifras de 2011 de la Secretaría Distrital de Planeación, la capital tiene en promedio 191 habitantes por hectárea, esto quiere decir que es una ciudad densamente poblada. En segundo lugar, cifras del Observatorio de la Gestión Urbana de la Cámara de Comercio de Bogotá, de 2011, indican que la capital tiene 4,41 metros cuadrados de zona verde por habitante, “lo que equivale al 29% de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Finalmente, el mismo informe del observatorio muestra que Bogotá tiene 5.244 parques con un área total aproximada de 3.242 hectáreas, pero que no están distribuidos equitativamente. Por ejemplo, abundan en la localidad de Teusaquillo, que tiene casi diez veces más metros cuadrados de zona verde por persona que la de La Candelaria. Por otro lado, Suba, la que tiene más población, se encuentra en el lugar 12 de 19, con 3,71 metros cuadrados de parques por habitante.

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El posible incremento del 2% en la valorización de las viviendas bogotanas, como consecuencia del aumento y mejora de la distribución del área verde en la ciudad, se calcula gracias a una metodología conocida en la economía ambiental como precios hedónicos. En palabras sencillas, plantea que el precio de un bien depende de sus características, por lo tanto, a través de herramientas econométricas se generan modelos que determinan qué tanto influye cada una en el precio del bien.

Esto es útil para que quienes deciden sobre el aumento y mejor distribución del área verde en la ciudad entiendan qué tanto se podría beneficiar la ciudadanía con estas acciones. Por ejemplo, con base en el estudio de la Universidad Santo Tomás, si Bogotá quisiera desarrollar una estrategia de valorización basada en áreas verdes urbanas, debería destinar 740 hectáreas de tierra a espacio verde público.

Aunque el hallazgo es revelador, algunas personas podrían considerarlo ridículo ya que adquirir esas enormes cantidades de tierra costaría miles de millones de pesos y ese dinero podría servir para asuntos más urgentes como el metro, el aumento del pie de fuerza de la Policía, el mejoramiento de hospitales, entre otros. Sin embargo, lo importante en este contexto es que se den discusiones informadas en las que dentro de los argumentos se tenga en cuenta la importancia del medioambiente para la sociedad.

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En Colombia, casi a diario se toman decisiones que incluyen modificar el medio natural y en muchos casos, quienes toman estas medidas no entienden cómo estas trasformaciones afectan a las personas y a las empresas. Sin embargo esto debe cambiar, en buena medida porque se han desarrollado varios estudios que también, a través de herramientas de economía ambiental, han permitido entender mejor los efectos de algunas acciones en nuestra sociedad.

Por ejemplo, en 1999, un estudio de valoración ambiental aplicada cuantificó la afectación negativa de la calidad del aire sobre el precio de las viviendas en Bogotá y otro en 2007 cuantificó cómo la cercanía a las estaciones de TransMilenio valorizaba las viviendas de la capital. Pero eso no es todo, a nivel nacional la valoración ambiental toma cada vez más importancia en la agenda pública, ya que para algunos procesos de licenciamiento ambiental es obligatorio realizar un análisis que cuantifique en términos económicos las pérdidas y ganancias de bienestar asociadas al desarrollo de un proyecto, para determinar si este es o no viable desde el punto de vista social.

No cabe duda de que apoyar procesos de toma de decisiones en estudios de valoración ambiental es fundamental porque permite entender cómo las intervenciones que se hacen en los territorios y que incluyen la afectación o mejoramiento del medioambiente influyen positiva o negativamente en el bienestar de las personas, las empresas y de la sociedad en general.

Finalmente, si se quiere posicionar el tema ambiental en la agenda pública, no como un tema secundario y romanticón sino como un eje central de decisiones trascendentales, este debe tener cada vez más espacio en las discusiones políticas. Para lograrlo es necesario mejorar los argumentos que se han esgrimido tradicionalmente.

El hecho de que muchos servicios ambientales no tengan un precio impide apreciar su importancia para  la vida y el desarrollo de actividades productivas. Asignar un valor monetario a esos servicios indispensables puede cambiar esta realidad.

*Ingeniero Ambiental y Sanitario y Magister en Economía y Administración Ambiental de la Universidad de York

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