Ana Lucía López a bordo del Barco-Hospital con dos pacientes.

“Nunca olviden que no debemos dar a los más pobres las migajas, sino lo mejor que tenemos en nuestro corazón”. Con estas poderosas palabras concluyó su discurso Ana Lucía López, vigésimo sexta ganadora del Premio Mujer Cafam que desde 1988 celebra  el empoderamiento de las mujeres en todas las regiones del país.

A sus 47 años esta vallecaucana nacida en Pradera el  10 de noviembre de 1967 ha vivido lo que parecen cien vidas en una. Después de terminar sus estudios de primaria en la Escuela Sagrada Familia de Caloto viajó, con solo 16 años, a Santander de Quilichao donde terminó el bachillerato en el Colegio Fernández Guerra.

Estudió secretariado bilingüe, pero en 1999 terminó su segunda carrera, economía, que cursaba en la noche para poder trabajar durante el día. Mucho después, cuando ya tenía tres hijos y había superado el reto de ser una madre soltera, se especializó en Proyectos Sociales y Cooperación Internacional y en Economía y Gestión Ambiental.

Esta sólida preparación le dio las herramientas para convertirse en una líder que lucha por los derechos  humanos, la inclusión social y  por un nuevo concepto de salud  para toda la costa Pacífica de Colombia que, como  ha dicho en incontables ocasiones, es uno de los lugares de los que más se habla en foros, congresos y conferencias, pero a donde nadie llega.

Enfrentarse a  la realidad de miles de comunidades sin vías de acceso, terrenas o marítimas,  la llevó a fundar  la Patrulla Social del Pacífico en 2007 y a cofundar  la Fundación Italocolombiana del Monte Tabor. Ambas iniciativas  están dedicadas a mejorar la calidad de vida  de  estas poblaciones del Pacífico.

San Raffaele, una promesa de vida

Después de cinco años de recopilar documentación sobre las necesidades de estas comunidades, Ana Lucía  se embarcó en el proyecto más ambicioso y de mayor impacto que ha liderado en su vida: el Barco-hospital San Raffaele, un navío que, como su nombre lo indica,  tiene las instalaciones y equipos necesarios para viajar por  el pacífico y prestar servicios de salud de primer y segundo grado a más de 2.500 personas cada mes de las comunidades que habitan en las orillas de los ríos Naya y  San Juan y, también a familias indígenas en el río Yurumangui, Puerto Merizalde y toda la región Pacífico desde Jurado, en Chocó, hasta Salahonda, en Nariño.

San Raffaele tiene tres pisos donde se distribuyen las diferentes áreas, recibo de pacientes, atención asistencial, cabina de mando, habitaciones del personal asistencial y el personal de tripulantes, cuarto de máquinas e infraestructura de apoyo (tanques de agua, planta de tratamiento de agua, sistemas de aire y ventilación y tanques de combustible).

En estas áreas los médicos hacen cirugías,  atienden pacientes que vienen a consultas  generales, tienen consultas odontológicas, ginecológicas pediátricas y cuentan con  la posibilidad de hacer ecografías y una farmacia.

Ana Lucía recuerda que su primer paciente fue una mujer  en  trabajo de parto que, después de 30 minutos dio a luz a su hija en  el barco. La niña se llama Rafaela y, más que un nombre simbólico, se convirtió en la razón por la que el barco zarpa cada vez: “Cuando Rafaela nació entendí que la función de esta embarcación, antes que nada, era dar vida y salvar vidas”, dice López.

Hoy, el San Raffaele  está quieto en el puerto de Buenaventura por no tener la plata para pagar el alquiler de parqueo. Sin embargo, con el premio se abren nuevas posibilidades para López, su equipo y este hospital marítimo.

El premio

Solo gana una, pero son más de 190 las nominadas que, después de filtros, entrevistas presenciales con el jurado y horas de espera se reducen a 23 finalistas que asisten a la premiación de la mujer Cafam que, cada año, convoca a las esposas de los ministros y embajadores y tiene como  jurado honoraria a la esposa del presidente, en este caso, María Clemencia Rodríguez.

Este año el jurado estuvo compuesto por personas que se destacan por su interés y labor en temas sociales:

María Luisa Mesa Zuleta, abogada de la Universidad del rosario y consiliaria de la misma Universidad; María López Castaño, directora de Sostenibilidad de Publicaciones Semana; Cecilia María Vélez White, economista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y profesora visitante de la universidad de Harvard, ministra consejera para Asuntos Económicos de la embajada de Colombia en Londres, subdirectora del departamento de Planeación Nacional y presidenta del directorio de la Red Latinoamericana de Portales Educativos, entre otros cargos; María Teresa Pérez Riaño, una de la mujeres pioneras del Premio Cafam a la Mujer. Desde su posición en el cargo de Jefe de Divulgación de la Caja, direccionó el posicionamiento de este importante evento hasta el reconocimiento y aprecio que hoy tiene en los diferentes estamentos de la sociedad colombiana; Juan Lozano, Senador de la República, profesor de Derecho y Periodismo en las universidades de Los Andes, Rosario, Javeriana y Sergio Arboleda y el padre Joaquín Sánchez García, vinculado durante 47 años a la comunidad jesuita, el padre Sánchez es licenciado en Filosofía y Letras, Ciencias de la Educación, Teología y tiene una maestría en Comunicaciones Sociales de la universidad de Stanford, California, Estados Unidos.


Vea aquí un video que muestra la labor de la ganadora:



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