Al pasar por una de las principales calles del puerto petrolero, a orillas del río Magdalena, aparece un gran letrero que promociona a Barrancabermeja como una “Ecociudad del agua y de la energía”. Propaganda que no sería del todo cierta, si se examina el caso del relleno sanitario que empezó a funcionar en enero de 2015.

Como lo denuncian algunos exfuncionarios públicos y grupos ambientalistas, este relleno no solo atenta contra el medioambiente, sino que habría malos manejos en su puesta en funcionamiento. De hecho, la Fiscalía detectó posibles irregularidades que hoy tienen a Liliana Forero Cala, exgerente de Rediba - operadora del relleno-, con medida de aseguramiento.

Le puede interesar: Bahía Solano, un paraíso en emergencia sanitaria por un basurero a cielo abierto


De acuerdo con el ente acusador, en el proceso de licenciamiento, construcción y puesta en funcionamiento del relleno, Forero habría cometido fraude procesal, daño a recursos naturales agravado con contaminación ambiental del Distrito de Manejo Integrado (DMI) del Humedal de San Silvestre, ocultamiento y destrucción de material probatorio e invasión a propiedad privada.

Para algunos habitantes de Barracabermeja, ambientalistas y ONG, estas posibles irregularidades van desde construir el relleno sanitario en una zona de protección ambiental, hasta el vertimiento de lixiviados en los caños que alimentan el Humedal de San Silvestre, cuyas aguas se utilizan para surtir el acueducto de Barrancabermeja.

El papeleo

La historia comenzó en 2012 cuando la empresa Entorno Verde, cuyo accionista es Reinaldo Bohórquez, solicitó una licencia ambiental para operar un basurero en predios de las veredas San Luis y El Zarzal, sector de Patio Bonito. Como consta en la sentencia T-227 de la Corte, tiempo después Entorno Verde cedió sus derechos a Rediba, también de propiedad de Bohórquez.

En septiembre de 2013 la Corporación Autónoma de Santander (CAS) derogó el permiso, al encontrar que dicho predio hacía parte del Distrito de Manejo Integrado del Humedal de San Silvestre, zona declarada de conservación en 2008 en la cual, por ley, “no está permitida la construcción y operación de lugares de disposición final de residuos sólidos”. En noviembre de ese mismo año Rediba interpuso recurso de reposición y solicitó que se extrajera ese predio de la reserva. Seis meses después la CAS cedió a la petición de la empresa argumentando que los estudios que tenían demostraban que sacar esta zona del DMI “no altera la integridad ecológica del área ni la dinámica natural del cambio de los atributos que caracterizan su biodiversidad”.

Le recomendamos: Las ciudades de Colombia, con la basura hasta el cuello

En esa misma resolución la CAS le solicitó a Rediba adoptar el plan de manejo ambiental para proteger la flora, fauna y agua de la zona y adelantar gestiones para que los habitantes de la vereda de Patio Bonito tuvieran acceso al agua potable.

Lo que no se entiende en Barrancabermeja es cómo en tan poco tiempo la CAS cambió de opinión. De acuerdo con Yesid Blanco, médico pediatra y ambientalista del municipio santandereano, Entorno Verde hizo en 2009 el estudio que pedía sacar ese predio del DMI. En su momento se solicitó que fuera integrado al Plan de Ordenamiento Territorial pero el Concejo de Barrancabermeja no lo aceptó. Cuatro años después, ese mismo estudio sirvió para que la CAS aprobara la licencia. Es decir, la entrega de la licencia estuvo sustentada por un estudio hecho por el mismo solicitante.

Muchas dudas

Cuando el relleno comenzó a funcionar en enero de 2015, los habitantes del sector de Patio Bonito y miembros de ONG comenzaron una tutelatón para cerrarlo. Ellos argumentaron que Rediba no cumplió con las obligaciones dadas por la CAS y que el basurero vulneraba su derecho a la vida, violaba la legislación ambiental con respecto a zonas de conservación y se encontraba cerca a fuentes de agua.

De las siete acciones interpuestas solo una prosperó, pero Rediba y la CAS la apelaron porque no había material fáctico que probara el daño ambiental del relleno. El caso llegó a la Corte Constitucional, que falló en junio de 2017 a favor de Rediba, pero le ordenó a la empresa subsanar una serie de irregularidades y le ordenó a la CAS hacerle un seguimiento y evaluación periódica al relleno.

El desconcierto fue total. “No entendemos cómo la Corte no fue más dura con Rediba. Incluso, organizaron una visita de una magistrada auxiliar que constató problemas como averías en las mangueras que transportaban los lixiviados, falta de un plan de contingencia para las piscinas de lixiviados en caso de lluvia y cercanía del relleno a los caños de agua”, explicó Oscar Sampayo, integrante de la Corporación Yariguíes.

De acuerdo a la sentencia, una de las razones para fallar a favor de Rediba fue que un estudio de agua realizado por PSL Proanálisis LTDA en noviembre de 2016 concluyó que en los caños y espejos de agua del humedal no hay contaminación de metales pesados. Esto le parece extraño al médico Yesid Blanco, uno de los denunciantes de las irregularidades con el relleno, porque ellos cuentan con dos estudios en los que muestran que el agua de la zona sí ha empezado a contaminarse desde la entrada en funcionamiento del basurero.

Le sugerimos: La lección que Quibdó puede darle a Colombia en el tratamiento de sus basuras

Si bien el primer análisis realizado entre diciembre de 2014 y abril de 2015 por la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga, determina que la calidad de agua del Humedal es buena, sí comienza a reflejar el aumento de fenoles, amoniaco, plata y mercurio. Sin razón alguna, el estudio fue engavetado hasta que Martín Macías Matute, extrabajador de Aguas de Barrancabermeja y sindicalista, lo sacó a la luz pública en 2016, razón por la cual, según él, fue despedido sin justa causa en diciembre de ese año.

El segundo estudio, hecho por la empresa Lasertec, tomó agua de los caños cercanos a Rediba y de la laguna Anchicayá muestra una situación preocupante. Las muestras contienen una carga inusual de “materia orgánica no biodegradable biológicamente, por lo que se presume algún tipo de contaminación química”. Además, se evidenciaron altos valores de arsénico, bario, calcio, manganeso, mercurio, hierro y sodio que permiten concluir que el “suelo fue expuesto a una descarga de contaminación”. Solo la concentración de mercurio llegó a 1,80 microgramos/Kg cuando lo permitido por ley es 0,002.

Blanco y Sampayo sostienen que esta contaminación se debería a que Rediba está vertiendo los lixiviados del basurero directamente a los caños del Humedal de San Silvestre. “El basurero recibe 150 toneladas al día de basuras que producen 48.000 metros de lixiviados diarios. Con una simple multiplicación se podría concluir que el basurero, en casi tres años de funcionamiento, ha producido el lixiviado para llenar 18 piscinas olímpicas y el relleno solo cuenta con cuatro estanques que no tienen un gran tamaño. ¿Dónde han terminado el resto de los lixiviados?”, explica Sampayo. Si bien hasta la publicación de este artículo Rediba no respondió a la solicitud de Semana Sostenible, en otros medios han enfatizado su cumplimiento tanto con la sentencia de la Corte Constitucional como con el plan de manejo ambiental, esfuerzos que, según la empresa, quedaron consignados en la resolución 376 de la CAS de octubre de 2017 que avala sus buenas prácticas.

Pero para los pobladores del sector de Patio Bonito la realidad es otra. Esa contaminación hizo que dejaran de utilizar los caños y pozos aledaños al relleno y empezaran a depender del agua que por orden en la sentencia T-227 de la Corte la alcaldía debe suministrar semanalmente en carro tanques, pero que no les alcanza para nada.

Graciela Santos vive hace tres años en esta vereda a menos de 50 metros de la entrada de Rediba y relató cómo el relleno cambió su vida para siempre: “en enero, el basurero cumplió tres años y desde que empezaron a traer las basuras, se dañaron los humedales de donde la comunidad ha obtenido el agua durante más de treinta años. Ahora nos toca sobrevivir con el poquito de agua que nos envía la Alcaldía y que solo alcanza para cocinar y lavar los platos, pero para lavar la ropa y darle de beber a nuestros animales tenemos que utilizar la de los humedales. Eso ha traído consecuencias, creemos que por utilizar la ropa lavada con el agua contaminada han aumentado las enfermedades y las ronchas en la piel y los pollos al poco tiempo de nacidos les sale un moquillo y unas ronchas en la cabeza. Yo ya dejé de criar pollos”.

Puede leer: El incierto futuro de las basuras de Bogotá

A unos 50 metros de la casa de Graciela, al frente de la entrada del basurero se encuentra la tienda de Claudia Patricia Moreno, quien al igual que su vecina coincidió en señalar la difícil situación por la que atraviesan gracias al relleno sanitario: “yo tengo unas motobombas para recolectar el agua de los caños pero cuando uno la ve tiene un color como oxidado. No sirve para nada. Además tengo un restaurante pero los malos olores que provienen del basurero, en especial cuando hace mucho calor, ha espantado a los clientes y ya casi nadie come aquí”.

Según Yesid Blanco, las afectaciones del relleno sobrepasan a los pobladores de Patio Bonito y comienzan a afectar al casco urbano de Barrancabermeja, ya que desde noviembre de 2017, en diferentes sectores de la ciudad, el agua ha comenzado a salir de color café. Para él, una posible causa de este problema sería la contaminación que ha causado el vertimiento de lixiviados al humedal. Afirmación respaldada por Martín Macías, quién además asegura que "las cantidades de químicos utilizados,como sulfato de aluminio y sulfato de cobre, para alcanzar los mínimos niveles de potabilización en el agua se han incrementado a niveles inmanejables”.

Sobre el asunto la CAS le dijo a Semana Sostenible que el otorgamiento de la licencias se hizo de acuerdo a la ley, que ha cumplido con las órdenes de la Corte y que “de acuerdo con todo el material probatorio no se puede determinar técnica y científicamente que exista una relación de causalidad directa entre la calidad del agua de la ciénaga San Silvestre y la operación del Relleno Sanitario de Rediba”.