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Difícilmente el espectador va a poder asimilar la primera imagen del documental del norteamericano Mark Grieco, Río Abajo, que fue grabado en el Amazonas de Colombia, Brasil y Perú.  La componen tres pescadores, un arpón y una delfín rosado hembra embarazada.

 A lo largo de esta impecable producción, la ética de la conservación golpeará varias veces el ojo y el corazón con un tema ambiental de no poca monta: la masacre de delfines rosados que son usados como carnada para la pesca de un pez carroñero conocido en Brasil como piracatinga y en Colombia como mota.

Y cuando se piensa que ya todo se ha visto, viene una escena tan íntima como conmovedora: el biólogo y científico colombiano Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha, interactuando de manera armónica y espontánea con una manada de delfines, como si él mismo fuera uno de ellos.

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Curiosamente, la escena de los pescadores usando el arpón y la de Trujillo con los delfines no ocupan más de dos minutos de la producción. Río Abajo se estrenó en el Tribeca Filme Festival el año pasado en Nueva York, fue producido por el australiano Torus Tammer y contó con la cámara del colombiano Helkin René Díaz.  Una cámara excepcional que no usa trípode en 80 % del documental y que se mueve la mayor parte del tiempo en exteriores.

En principio, el documental pone en la balanza la indefensión de comunidades amazónicas y delfines ante un mercado tan carroñero como el mismo pez mota y la lucha de Trujillo y de Richard Rasmussen, biólogo y  presentador de NatGeo en Brasil, expuesta sin filtros y llegando hasta las últimas consecuencias.

Trujillo y Rasmussen solo tienen en común que son biólogos. Pero en el documental, a su manera, cada cual expone su humanidad, su prestigio, su razón de vida e, incluso, su propia vida.

A partir de la crudeza de imágenes que se digieren de a poco, el documental, que estará por pocos días en salas de cine en Colombia, también se encarga de recoger una pita que alcanza dos ovillos: el mercado multimillonario de la piracatinga en Brasil y las denuncias de Trujillo por la presencia de mercurio en dicho pez, paradójicamente promovido en nuestro país como sustituto del bagre de río por el gobierno nacional.

Trujillo es agua. Rasmussen, tormenta. El primero es claramente la personificación de un delfín y, el segundo, algo así como un tiburón. Difícil no identificarse con alguno de ellos y, a veces, con ambos a pesar de lo opuesto de sus acciones. Por momentos gana la impotencia de ver que la vida es la razón de ser de un biólogo, pero que Trujillo debe usar chaleco antibalas para defender la suya y poder trabajar por los delfines en el Amazonas. Sus denuncias, al parecer, incomodaron demasiado. El colombiano, que conoce los delfines rosados como su sombra porque lleva más de 20 años estudiándolos, no se cansa de predicar en el desierto lo que se le viene al país si se continúa con el consumo de la mota, infestada de mercurio. La historia que queda pendiente por contar es de dónde viene ese mercurio.

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Y mientras eso pasa, difícilmente no molestarse y conmoverse al mismo tiempo con Rasmussen que le pone una carnada a pescadores brasileros para lograr las crudas imágenes de la delfín hembra destazada, que sobrecogen a Brasil, que obligan a su gobierno a prohibir la pesca de la piracatinga, pero que dejan en la miseria a los pescadores. Trujillo, racional y humilde, Rasmussen, prepotente y terco además de estrella y vedette de la TV, le muestran al espectador en Río abajo que, en cualquier caso, de cualquier manera, lo peor seguirá siendo no hacer nada.

Río abajo se presentará en cuatro únicas funciones los días 15, 16, 17 y 18 de febrero en Cine Colombia de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena.

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