Las calles de los 5 kilómetros de carrera quedaron cubiertas de algo que los empleados de Aguas de Bogotá describen como 'tapete verde'.

El domingo 8 de septiembre miles de colombianos se reunieron para correr los 5 kilómetros de The Color Run  que tenía como punto de salida la Calle 85 con carrera 15, pasaba por la 100 con 11 y volvía al punto de salida.

La particularidad de esta carrera, que llega por primera vez a Colombia y que ya fue corrida en Medellín el 1 de septiembre, es que los participantes reciben un kit que contiene: una camisa blanca, gafas oscuras para proteger los ojos, una balaca de algún color y una bolsa de harina con colorantes. Cuando suena el pito de partida los corredores arrancan y van botando  el contenido de las bolsas a medida que corren. Así mismo, a  cada kilómetro los esperan patrocinadores que les botan ‘humo’ de colores que no es más que la misma mezcla y que les ‘recargan’ las bolsas para que puedan seguir corriendo y divirtiéndose.

The Color Run fue traída a Colombia por la empresa paisa Open Game S.A.S. La compañía  ya tiene otra fecha programada para Medellín el 29 de Septiembre. Lo que se ha visto en las fotos  que los participantes han publicado es que la carrera, más que una competencia como tal, era una invitación a pasarla bien en medio de una nube de colores.

Y entonces, ¿cuál es el problema con una simple carrera?

El problema es que los organizadores del evento no contaron con que las calles de Bogotá iban a quedar como quedaron: hechas un desastre, eso sí, de colores. El domingo 8 de septiembre, después de terminada la carrera, Bogotá quedo así:

Al hablar con el gerente general de The Color Run para Latinoamérica, José Marulanda, dijo: “la primera ciudad donde se hizo The Color Run fue Medellín y tuvimos unos resultados muy positivos. En Bogotá pensamos una ruta muy urbana que tuvo más de 10.000 corredores y 5.000 personas viendo la carrera”. Aunque es cierto que muchas personas se inscribieron y salieron a observar el evento, esto no cambia las consecuencias que tuvo en las calles de la ciudad.

Al preguntarle por  la suciedad  que dejó la carrera Marulanda afirmó que “siempre se ha previsto que las calles queden así. La gente con el ánimo de destruir pone imágenes inmediatas al término del evento. Pero si se revisa ese lugar cuatro horas después, no hay nada. Incluso recibimos llamadas de personas que viven ahí diciendo que nunca habían visto la 85 tan limpia”.

Aparte de esto dijo que el problema de la limpieza fue que no pudieron empezar a limpiar, en algunos tramos, hasta después de la ciclovía. Marulanda dice que viendo el estado de la ciudad ellos contrataron una empresa privada a la que le pagaron 6 millones adicionales a los 2 ya pagados a Aguas de Bogotá, la empresa que hizo y sigue haciendo la limpieza del evento.

Los que limpian el reguero responden

Al hablar con la asesora de comunicaciones de Aguas de Bogotá, Marisela Cárdenas,  fue enfática al decir que nunca se habían imaginado que Bogotá fuera a quedar como quedó. “Nos invitaron a reuniones operativas, asistimos, nos informaron que iban a tener una carrera, pero nunca pensamos que el tema del uso de la pintura fuera a ser de estas magnitudes. Eso nos puso a  modificar nuestro plan a ultima hora. Nosotros cotizamos pensando en una maratón normal, pero no en esto, donde había montañas de esas bolsitas de colores”.

Para Aguas de Bogotá una carrera grande, como la media Maratón de Bogotá, se cotiza en 8 millones de pesos. Por eso cotizaron tan bajo  The Color Run. Una carrera de 5 kilómetros no tenía por qué costar más que los 2 millones que pidieron.

Esta cotización, como dice Cárdenas, se quedó corta frente al escenario al que se enfrentaron los operarios el domingo 8 de septiembre. Era tanta la suciedad que la entidad tuvo que retirar 30 operarios de sus puestos de limpieza usual y mandarlos a cubrir esa zona.  Así mismo, hay cinco puntos –los cinco puntos donde recargaban las bolsas y lanzaban las nubes de colores– que Aguas de Bogotá ha denominado como críticos porque, al día de hoy, no han podido ser limpiados.

Según Marulanda, a fecha del martes 10 de septiembre, “No hay lugares sucios ahora. Anoche antes de acostarme fui con otra persona que trabaja conmigo y vimos que la 85 estaba limpia al igual que otros sectores. La gente no sabe el proceso que son 24 horas después. Hay lugares donde no nos permiten hacer el barrido. Hay protocolos que seguir, sobre todo en Bogotá donde hay tanta movilidad”.

Esto, sin embargo, no es lo que dicen los voceros de Aguas de Bogotá y tampoco lo que muestran las fotos. A continuación una serie de imágenes del estado de las calles donde se corrieron los 5 kilómetros de The Color Run el 10 de septiembre:

Durante los últimos cuatro días Aguas de Bogotá ha destinado 30 operarios con turnos de hasta 8 horas, una hidrolavadora y dos compactadoras para limpiar las calles después de la carrera. A la suciedad se suma ahora la cantidad de agua que se va a usar para limpiar la ciudad. Los puntos críticos son: Calle 85 con carrera 12; Calle 85 entre carreras 17 y 18; Carrera 15 con calle 93; Carrera 11 con calle 95; Carrera 11 con calle 86 A.

Frente a esto solo queda una pregunta, ¿vale la pena hacer este tipo de eventos a costa de la limpieza y calidad de vida de la ciudad? En redes sociales la respuesta a esta pregunta ha sido un  creciente “no”. Queda ver si la segunda fecha tentativa de la carrera, que  está siendo debatida con el IDU y la Alcaldía Mayor de Bogotá, se correrá.

A pesar de que los organizadores de la carrera dijeron que han tratado el tema “con pinzas” por ser uno de los más sensibles en cualquier ciudad, no parece haber sido suficiente porque, como dicen los representantes de Aguas de Bogotá, “la ciudad tiene que quedar limpia” y ese todavía no es el caso.

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