| 2017/06/27

Turismo comunitario: un modelo de éxito en Buenaventura

Los habitantes de la comunidad de La Barra entendieron que si trabajan juntos pueden hacer del turismo una actividad económica rentable para todos, en un lugar que cautiva a cientos de turistas que buscan playas vírgenes y selvas intactas.

Turismo comunitario: un modelo de éxito en Buenaventura

La playa de La Barra es literalmente un lugar de película. Y ya lo era antes de 2008, cuando Óscar Ruiz Navia la inmortalizó en su ópera prima, El vuelco del cangrejo. No solo por el impresionante paisaje en el que se unen el mar y la selva, sino por los memorables personajes que conforman esta comunidad, algunos de los cuales le sirvieron al director de actores naturales y fuente de inspiración. Hoy los habitantes de este corregimiento, ubicado en la zona rural de Buenaventura, quieren aprovechar estos atractivos para fortalecer el turismo como una actividad económica que beneficie a todos.

Ubicado un poco más allá de Juanchaco y Ladrilleros, este caserío —que hace parte del parque natural Uramba Bahía Málaga— se ha convertido en una alternativa cada vez más popular entre los turistas nacionales e internacionales que buscan acercarse a la naturaleza del Pacífico colombiano. Atraídos por la migración de ballenas jorobadas entre los meses de julio y septiembre o en busca del descanso que ofrece este destino casi virgen, la llegada de centenares de visitantes se convierte en una importante fuente de ingreso para más del 80 por ciento de la población de La Barra.

(Izquierda) Las mujeres de La Barra pasan sus días en medio de los manglares recogiendo piangua. Acompañarlas en sus labores es una de las actividades favoritas de los visitantes. (Derecha) La comunidad construye un complejo de cabañas rústicas, en las que hospedan a quienes quieren descansar en medio de la naturaleza.

“Le apostamos al turismo comunitario desde nuestro plan de etnodesarrollo”, explica Eliécer Posso Bonilla, representante legal del Consejo Comunitario. “Si se necesita pescado los pescadores lo aportan, si se necesita yuca o plátano la comunidad lo aporta. Todo el andamiaje se mueve hacia la atención de quien nos visita”, asegura Posso.

Por eso, quienes llegan a La Barra a hospedarse en sus cabañas, a acampar o simplemente porque están de paso, se van a encontrar atendidos por la mayoría de sus pobladores. Casi todos en la comunidad están involucrados con el turismo. Arnobio Salazar Rivas, es un ejemplo de ello, aunque pocos lo conocen por ese nombre. Cerebro, como el mismo se bautizó, es uno de los mejores guías de la zona, es cocinero y actor. Nació en Barradentro un 29 de febrero hace ya 54 años y su historia, que a veces pareciera superar a la ficción, lo convirtió en uno de los protagonistas de la película de Ruiz Navia y lo llevó a viajar por festivales de cine dentro y fuera del país.

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Hoy les cuenta la película a los turistas mientras los acompaña por senderos ecológicos, piscinas naturales o en recorridos en lancha por los manglares, escenarios que indudablemente recuerdan escenas de El Vuelco del cangrejo. Salazar les explica de dónde salió su peculiar sobrenombre, el cual se le ocurrió cuando caminaba de Ladrilleros a La Barra. Escribió ‘Cerebro Loco en Acción’ en lo primero que se encontró en la playa y desde ese momento su destino dejó de ser el de Arnobio Salazar para convertirse en el de Cerebro o don Cere, como cariñosamente lo llaman en el pueblo.

Cerebro hace parte de un grupo agroecológico que trabaja por la formalización de los recorridos por los manglares y senderos ecológicos. “Con la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) queremos ponerles a los árboles su nombre científico y con el que son conocidos en la zona y construir un muelle al que puedan llegar las lanchas que traen a los turistas al sendero”, señala.

Los turistas también se pueden encontrar con Antonio Amable Rivas Mosquera, un pescador de la zona, que  es guía y dueño de una de las cabañas en las que se hospedan quienes visitan La Barra. Según cuenta, en los recorridos ecológicos diurnos y nocturnos  que hace en su lancha de remos, han pasado hasta turistas palestinos. Los extranjeros buscan  la lancha de Antonio porque en ella pueden acercarse a la fauna que normalmente saldría huyendo del ruido del motor.

Otro plan obligado es disfrutar de la tradicional comida de mar en los restaurantes de la playa. Pescado frito y sancocho de pescado son algunos de los platos más apetecidos que preparan mujeres como Stefany Pachón, toda una experta en el fogón de leña.

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Las opciones para el turista son casi ilimitadas. Otro de los recorridos que cada vez toma más fuerza es acompañar a las pianguadoras en su trabajo en el manglar. Toda una experiencia ancestral en la que se convive con esta antigua tradición realizada por las mujeres del Pacífico desde que tienen 4 años. Ellas son las encargadas de meterse en las entrañas del manglar para recolectar este molusco con el que se preparan las famosas empanadas de piangua.

La hospitalidad de La Barra es tan grande que hasta da para que se queden los paisas, como llaman a todos los que no son afrodescendientes o nativos. Así les pasó a Vivian Álvarez y a Mario Gómez, una bogotana y un español que encontraron en el Pacífico colombiano no solo el amor, sino un proyecto de vida en el hostal Casa Majagua.

Vivian quedó encantada con La Barra después de ir como turista en las vacaciones y desde hace ocho años decidió establecerse definitivamente allí. Hace cuatro años y medio el español visitó el lugar junto a unos amigos, se enamoró de Vivian y decidió radicarse ahí, a miles de kilómetros de su país natal. Ambos quedaron cautivados por la tranquilidad del lugar y la amabilidad de su gente. Una tierra donde todos se llaman amigos, así no se conozcan.

 La pareja también hace parte del turismo comunitario, pues desde Casa Majagua se han vinculado a actividades de limpieza de la playa y a las reuniones que se hacen desde el Consejo Comunitario para tomar decisiones colectivas que favorezcan a los empresarios del turismo.

Con un poco de ayuda

El atractivo y potencial de La Barra no ha pasado desapercibido para organismos internacionales, fundaciones y dependencias del gobierno nacional. En 2014 la Fundación Suiza de Cooperación y Desarrollo (Swissaid) acompañó al Consejo Comunitario en el proceso de elaboración y publicación de su plan de etnodesarrollo 2014-2017, donde se priorizaron las actividades económicas de la región, entre las que se destacaba el turismo. Actualmente Swissaid tiene un proyecto con la comunidad para fortalecer la actividad turística, el cual está dirigido a mejorar las condiciones locativas de las cabañas para el alojamiento. En la iniciativa participan 43 personas.

Desde el año pasado este corregimiento también recibe el apoyo del Departamento para la Prosperidad Social (DPS) a través de su programa Iraca. Se trata de una iniciativa nacional con la cual esta entidad promueve el desarrollo de comunidades indígenas y afrocolombianas vulnerables, en riesgo de desaparición física y cultural o en condición de desplazamiento. Para ello fomenta acciones para la generación de ingresos, el fortalecimiento de la seguridad alimentaria, la gestión territorial y la sustentabilidad económica.

Al menos 100 hogares de La Barra se han beneficiado con los 525 millones de pesos que Iraca ha entregado en dotación para los proyectos y en acompañamiento técnico y social. De acuerdo con el DPS 62 millones de pesos se invirtieron en el fortalecimiento de la seguridad alimentaria a través del cultivo de productos tradicionales como la yuca, la papa china, el plátano y el banano; la dotación de kits para los pescadores de la zona; tanques de almacenamiento de agua para las viviendas y herramientas e insumos para el mejoramiento de las embarcaciones que se utilizan en la pesca artesanal y la extracción de piangua.

Del total de la inversión, 231 millones de pesos se giraron para la financiación de lanchas pesqueras con motores, congeladores para el almacenamiento del producto, la dotación de lencería e implementos para las cabañas de hospedaje, además de una lancha con capacidad para 25 personas, la cual está completamente dotada y cumple con todos los requisitos exigidos por la Dirección General Marítima (Dimar) para el transporte marítimo de Buenaventura a La Barra. Una vez esta entre en funcionamiento, evitará que los turistas pasen por Juanchaco para llegar hasta el caserío.

De acuerdo con María Catalina Noreña, supervisora del programa, lo que se busca con la intervención de Iraca en La Barra es “lograr el fortalecimiento organizacional y social de la población”.

Para Eliécer Posso, miembro del Consejo Comunitario, la idea es que después de recibir estas ayudas la comunidad esté en condiciones de sostener el turismo y mejorar cada día. El paso a seguir es reforzar la promoción del destino, la cual hasta el momento se maneja principalmente por el voz a voz.

“Lo que en este momento nos hace falta es una buena estrategia de publicidad y un catálogo de lo que tenemos en La Barra, de los atractivos que tenemos, para que la gente nos conozca por fuera. Esa es nuestra proyección”, concluye.

Que no se los lleve el mar

 

Los habitantes de La Barra están acostumbrados a que suba y baje la marea. La Puja, término que usan en la comunidad para denominar al periodo en que el agua alcanza su punto más alto, y la Quiebra, momento en que el agua comienza a bajar, siempre han regido las actividades de la población y su forma de vida. Eso es normal, pero desde hace más de dos años los enviones del mar le cambiaron la cara al caserío y a la playa. Solo por citar un ejemplo, el 11 de septiembre de 2014 la Puja alcanzó un oleaje  de 4,8 metros de altura que arrasó con 92 viviendas.

Desde esa época, el pueblo entero todavía está de trasteo y a la espera de las ayudas que no llegaron. Mientras tanto siguen desarmando sus casas para volver a construirlas en territorio más elevado y seguro. “En la parte alta pensamos organizar unas casas para vivir y unas cabañas para atender turismo y que en el sector cercano a la playa queden los restaurantes”, afirma Eliécer.

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