Por: Johanna Álvarez Quintero
Enviada Especial a Ginebra (Suiza)

Tuvalu es una diminuta isla ubicada en la polinesia, entre Hawai y Australia. Tiene una población que no supera las 15.000 personas, lo que lo convierte en el segundo país más pequeño del planeta, después del Vaticano, y el cuarto en extensión con 26 kilómetros cuadrados. Desde el 2008 este lejano lugar se convirtió en el más amenazado del mundo por cuenta del cambio climático. Entre otras razones, porque su parte más alta está apenas cuatro metros por encima del nivel del mar.

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Contrario al tamaño del país, los dramas ambientales y económicos son enormes. Por ello, una delegación del gobierno de Tavalu, que se sometió esta semana a su Examen Periódico Universal ante las Naciones Unidas, terminó dejando con la boca abierta a más de uno. La dinámica de esta prueba, la más importante que tienen que aprobar los países en materia de Derechos Humanos, consiste en que los 193 miembros de las Naciones Unidas pueden levantar la mano para opinar y formular recomendaciones a la situación de los diferentes países. 

Frente a la isla, 48 naciones les formularon recomendaciones, entre ellas, Reino Unido, Francia, Venezuela, Argentina. En total fueron 129 recomendaciones sobre las que los representantes del país anunciaron que se tomarán el tiempo para estudiarlas.

Varios de los comentarios los felicitaban por estar allí. Pero acto seguido hacían sus llamados de atención, que se centraban en su mayoría en el fortalecimiento de las normas que protegen los derechos de los niños y mujeres. En prevenir la inequidad, la violencia y la discriminación. También les recomendaron que despenalicen las relaciones entre parejas del mismo sexo.

España, por ejemplo, les recomendó que aceleren la aplicación de los derechos para las mujeres, garanticen espacios de participación y se acojan las leyes internacionales en contra de la discriminación. Reino Unido les pidió que suscriban las convenciones de derechos de los niños, contra la tortura y que acaben con las leyes que discriminan las relaciones homosexuales. Argentina abogó por medidas en el mismo sentido: eliminar las leyes que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y abolir todo lo que tenga que ver con la discriminación a las mujeres. 

“Con este panorama no somos capaces de disfrutar los derechos Humanos”.

Pero Tuvalu vive dramas urgentes que no les permiten concentrarse en este decálogo. A diferencia de otros países que envían a las Naciones Unidas a funcionarios de segunda línea, en representación de la isla acudió a Ginebra su primer ministro, Enele Sopoaga, con su equipo de gabinete más cercano.  

Ante un escaso auditorio que lo escuchaba, Sopoaga advirtió que desde el 2008 Tuvalu ha sido golpeada por ciclones tropicales severos, aumento de erosión, salinidad del agua dulce, sequías prolongadas y degradaciones ambientales. Como consecuencia de estas arremetidas del cambio climático, la población, la más capacitada en el mundo para el trabajo en buques, ha dejado su empleo, así como la inversión extranjera ha retirado su interés. La amenaza de la naturaleza ha llevado a que entre 3.000 y 4.000 personas se hayan abandonado Tuvalu y se hayan instalado en Fiji o Nueva Zelanda; esto corresponde a un 20% de la población de la isla.

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Por ello pidió que el Consejo de Derechos Humanos y los miembros de la ONU reconozcan las vulnerabilidades únicas de Tuvalu y de los pequeños Estados insulares en desarrollo, con el fin de que se traduzcan en acciones concretas y urgentes para responder los problemas del cambio climático.

De lo contrario, la vida de los pobladores de esta isla y su participación en este cuerpo de la ONU se verá comprometido. 

Para el primer ministro de Tuvalu, el cambio climático es una amenaza a su existencia y a los derechos y libertades fundamentales de sus habitantes: afecta su derecho a la vida, al agua, a los alimentos, la salud, la vivienda, la autodeterminación, la cultura y el desarrollo.

Los tuvaluanos agradecieron el apoyo de socios como Nueva Zelanda, Australia, Japón, la Unión Europea y República de China, que los vienen ayudando en sus momentos de necesidad. Sin embargo, piden que el Consejo de Derechos Humanos y los Miembros de la ONU reconozcan que el cambio climático es la amenaza existencial más seria para la seguridad y la supervivencia de los tuvaluanos como pueblo y de Tuvalu como un Estado soberano.

Uno de los ministros que acompañaba la delegación también pidió la palabra para precisar que están pasando por situaciones tan críticas por el cambio climático que es imposible que sean capaces de preocuparse por el disfrute de los derechos humanos. Por ello, ante los delegados de los 49 países intervinieres anunciaron que estudiarán las recomendaciones, pero que sus prioridades están centradas en seguir impulsando una resolución ante Naciones Unidas que defienda los derechos de los refugiados climáticos y en buscar la ayuda internacional que les permita hacer diques y elevar las cotas de las islas de manera artificial para garantizar agua potable.