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  1. La cultura es en serio

El consumo cultural no es trivial. La música que oímos, las imágenes que la acompañan, las telenovelas, las revistas y la literatura, forman las mentes de quienes las leen y escuchan.  Sea un curador informado de los mensajes que usted y sus seres queridos consumen.

  1. El consentimiento se aprende

Obligar a los niños a dar besos y abrazos cuando no quieren hacerlo normaliza la noción de que hay personas con las cuales el contacto físico es obligatorio.  Los niños pueden llegar a dudar de su derecho a rechazar o a denunciar los avances físicos incómodos de los adultos.

  1. Adjetivos que cosifican

Es común que la belleza sea el más importante o el único atributo por el que se juzga a las niñas y a las mujeres. Valorar las mismas características en todos los géneros es más revolucionario de lo que parece. Póngase el reto de referirse primero a características en las que una niña pueda mejorar, como la persistencia, la responsabilidad o la fortaleza. En poco tiempo podrá ver el enorme impacto que esto tiene sobre su autoestima.

  1. Los hombres sí pueden controlarse

En el imaginario colectivo la idea de que los hombres no se pueden controlar es tan común que pasa por tener bases científicas. Los hombres sí pueden controlar sus impulsos sexuales, su mal genio y su uso de la violencia. Sin excepción.

  1. Nunca es culpa de la víctima

No importa si estaba sola, qué tenía puesto, cuánto bebió o fumó, con quién estaba, cómo bailaba ni a quién le coqueteó. Con la única excepción de la defensa propia, la víctima de un acto violento jamás es culpable.  Tome conciencia de la tentación, culturalmente construida, de culpar a las víctimas de lo que les hacen sus victimarios.

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