Archivo SEMANA.

El virus denominado Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) llegó a Corea del Sur el pasado 20 de mayo cuando un hombre de 68 años —que supuestamente lo contrajo durante un viaje de negocios a varios países de Oriente Medio— pasó por más de cuatro hospitales  con la esperanza de ser curado de lo que supusieron los médicos era una neumonía. Nueve días después, sin embargo, le diagnosticaron MERS y aceptaron que  a su paso  infectó a  docenas de personas. 


El virus es una infección respiratoria aguda que provoca fiebre, tos, neumonía, dificultad respiratoria y afectación renal. A esto se suma que tiene unos índices de mortalidad cercanos al 40 por ciento y no existe una vacuna efectiva contra ella.
 
La enfermedad ha sido diagnosticada en 95 personas y ha hecho que 2.800 sean puestas en cuarentena. Además, países como Hong Kong han emitido una alerta roja en la que pide a sus habitantes que viajen a Corea del Sur solo si es absolutamente necesario. 
 
Todos los contagios han sucedido en hospitales, principalmente entre los enfermos y sus familiares.  Hasta ahora se ha detectado la presencia de MERS en 29 hospitales, casi todos en la capital del país, Seúl.
 
Para evitar el contagio muchos surcoreanos han optado por salir a las calles con mascarillas y se han cerrado 2.200 guarderías y centros educativos.
 
Park Geun-hye, la presidenta surcoreana, pidió este martes a la población que no haya reacciones exageradas frente al brote de MERS ya que la gran mayoría de los fallecidos, siete en total, padecían otras enfermedades  en el momento del contagio.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS), sin embargo, convocó a varios especialistas en enfermedades infecciosas para que analicen el brote y decidan si hay o no que prender más alarmas.

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