La asociación que lidera Yeizuli ha trabajado con más de 430 jóvenes para crear empresas agrícolas en La Dorada, Caldas.

Cuando tenía 14 años, Yeizulli Tapias llegó a La Dorada huyendo de la violencia. Su padre había sido secuestrado y ella, junto con su madre y sus cinco hermanos, tuvo que comenzar de cero en este cálido pueblo del oriente de Caldas. Esta es la parte menos importante de la historia de Yeizulli. A punta de pasión y compromiso se convirtió en una líder juvenil que, 12 años después de ese suceso, fue elegida por encima de otras más experimentadas como la mujer Cafam 2016. En esta entrevista cuenta cómo logró este importante reconocimiento.

SEMANA SOSTENIBLE: ¿Cómo nace la idea de crear una organización juvenil?

YEIZULLI TAPIAS: Cuando llegamos a La Dorada, mi mamá empezó a trabajar en una cooperativa de mujeres desplazadas que se dedicaban a la panadería y a la modistería. Yo le ayudaba todos los días y así me di cuenta de que a la cooperativa llegaban muchos jóvenes como yo. Entonces surgió la idea de crear un proyecto dedicado exclusivamente a nosotros, pues nuestras necesidades eran muy distintas a las de las mamás. Se requerían espacios alternativos para evitar que cayéramos en la delincuencia y en la drogadicción. Y entendimos que la única manera era crear una organización independiente que fomentara el emprendimiento productivo. Lo primero que tuvimos fue una comercializadora de mojarra roja y una fábrica de abonos orgánicos.

S.S.: ¿Qué es la Asociación de Jóvenes Emprendedores?

Y.T.: A mí me gusta decir que es como una incubadora de ideas y de sueños. Es un trampolín para que los jóvenes tengan toda la experiencia que se requiere tanto para crear empresa como para tener un trabajo formal. Ahorita somos 45 asociados, pero en estos diez años hemos trabajado con 430 jóvenes. Aquí se han creado empresas de piscicultura, ganadería, porcicultura, avicultura y hasta dos bicicleterías en el casco urbano del municipio. Lo importante es que aunque no todos los jóvenes han llegado al emprendimiento productivo, por lo menos se han ido con un proyecto de vida definido.

S.S.: ¿Qué piensa hacer con los 40 millones que le dio Cafam como premio?

Y.T.: Al principio pensé que eran para la asociación pero en Cafam nos dijeron que eso era para la mujer ganadora. La verdad en este momento yo los tengo guardados en un CDT mientras pienso bien en qué invertirlos. Me gustaría comprarme una tierra para montar mi empresa y construir mi casa, quiero dejar de pagar arriendo y mejorar la calidad de vida de mi mamá y mis hermanos, con los que vivo. También quiero invitar a toda mi familia a conocer el mar porque ninguno de ellos lo conoce.

S.S.: ¿Qué papel deberían jugar los jóvenes en el posconflicto?

Y.T.: Nosotros decimos que el problema no son las armas de la guerrilla, sino los corazones que se han formado detrás de ella. Por eso es importante que los proyectos dedicados a esas personas, pero también a los que no hacemos parte del conflicto armado, tengan un carácter integral que promueva el emprendimiento pero también la formación humana. En la asociación hemos recibido muchos jóvenes excombatientes y por experiencia sabemos que para quitarles las armas es necesario ofrecerles un futuro mejor. 

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