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  • Foto: Renata Bolivar.
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El pasado 22 de abril, Día de la Tierra, mientras en redes sociales y medios de comunicación se difundían miles de mensajes sobre la sensibilización y el cuidado del medio ambiente. En Bogotá se llevaba a cabo la segunda edición del “Festival osos de anteojos”, una iniciativa enfocada en la apropiación de la naturaleza a través de la cultura.

El festival es liderado por la productora 4 Direcciones, y cuenta con el apoyo de OpEPA , Greenpeace, Connect4Climate, Mercado Agroecológico Campesino / Slow Food, Avaaz y Hub Rural. Estas organizaciones lograron crear un espacio colaborativo para la construcción de un mundo más sano, conectado, alegre y diverso. El resultado, una comunidad de niños, familias y educadores comprometidos con el cuidado y conservación del territorio, apoyados en herramientas de educación para la sostenibilidad a través del arte y los oficios.

Osos de anteojos es un evento itinerante, de ahí que su primera edición sirviera como preámbulo a la inauguración del Planetario del sur en la localidad de Usme y en esta ocasión se trasladó al Colegio Tilatá, en La Calera. Con esto el festival logra romper barreras sociales, dando a entender a los participantes de lugares tan distintos, que la naturaleza es nuestro punto de encuentro más allá de las barreras invisibles que impone la sociedad.  

En esta segunda edición, los estudiantes del colegio Tilatá llevaron a cabo un ritual en el que las semillas y el canto al agua fueron protagonistas. Contaron con un gran mercado orgánico, que no sólo mostraba productos poco comunes, si no que les permitió cocinar su propio almuerzo con alimentos ancestrales como los cubios, un tubérculo que con el paso del tiempo ha ido perdiendo importancia. Asimismo, la música jugó un papel fundamental, y la carranga ecológica sirvió como evento de cierre para que cientos de estudiantes sintieran a la naturaleza con sus letras, historias y simpatía.

En una época en que el concepto de educación ambiental está en auge, este tipo de proyectos son fundamentales para generar espacios de reflexión y sensibilización frente a la naturaleza; y para consolidar movimientos sociales en los que se promueva la idea de que los seres humanos somos uno con el entorno y para entender así cada una de nuestras acciones al igual que afectan nuestro diario vivir también afectan a la naturaleza.

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