Sahara Ociidental. (Foto: Archivo SEMANA)
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DW

El proyecto de la “muralla verde” en África es objeto de controversia, pero el experto en clima Hans-Josef Fell no ve otra solución. Fell es presidente del Grupo Energy Watch, entre 1998 y 2013 fue miembro del Parlamento alemán y portavoz de política energética de Alianza 90-Los Verdes. Es autor también del libro ‘Enfriamiento global’.

¿Cómo funcionaría exactamente ese cinturón verde desde Yibuti a Senegal?

Hans-Josef Fell: Hasta el momento, el Sahara se extiende hacia el sur desde el norte de Níger. Algo debe frenarlo y la mejor solución es la vegetación natural. Con árboles autóctonos plantados de forma tradicional y el desarrollo de tierras agrícolas. Esta pared verde sería una de las más importantes actividades globales de protección del clima, ya que crea grandes sumideros de carbono y ofrece nuevas posibilidades vitales para la población.

Defendemos los grandes desafíos mundiales del clima. Tras una sequía en África oriental el hambre amenaza a millones de personas. ¿Pueden algunos árboles realmente bastar para ambos problemas?

No se trata de sólo unos pocos, sino de millones de árboles. No conseguirán nada de forma inmediata contra el hambre. La ayuda sigue siendo esencial y espero que mucha gente siga donando. Pero ecológicamente y a largo plazo es la única posibilidad. Si permanecemos de brazos cruzados ante la desertificación y el cambio climático, la ayuda contra el hambre no podrá acabar con ella. Hay que ofrecer nuevos medios de vida a nivel local.

Los críticos del proyecto indican que con el agua para regar todos esos árboles se podría abastecer a millones de personas con agua potable. ¿Es proporcional el esfuerzo del proyecto con su eficiencia?

No puedo entender a esos críticos. Necesitamos este reverdecimiento para traer más humedad a las regiones. Cuando la reforestación tiene éxito se detiene la desecación. Y hay posibilidades nuevas como desalinizar agua de mar con energía eólica o solar y llevar allí el agua con tuberías. Es un método relativamente barato, ecológico y factible. Otra opción son grandes instalaciones solares que den sombra al suelo, mejorando la humedad residual, y que provean electricidad libre de CO2.

Luchar contra el terrorismo y la inmigración con árboles, dicen los más optimistas. ¿No es un poco exagerado?

No lo creo. La causa actual de la emigración es la degradación de grandes extensiones de tierra. Si la gente en estas regiones no encuentra un futuro, se desestabiliza todo el sistema social. Obviamente, esto es un caldo de cultivo para los predicadores del odio. Por eso es aún más importante parar la desertificación mediante la reforestación y la expansión de tierras agrícolas, para que la gente tenga un ingreso.

Los industrializados que emiten más CO2 han contribuido más al cambio climático, pero es en los países del sur donde más sufren las consecuencias. Últimamente estos se involucran con nuevas iniciativas. ¿Qué ha provocado este cambio de actitud?

Son los países más afectados por el cambio climático y se han dado cuenta que también pueden contribuir. Así se llegó al sorprendente resultado de que los 48 países más afectados por el cambio climático, decidieran en Marrakech que el cien por cien de su energía provenga, en unas décadas, de fuentes renovables. Al mismo tiempo, muchos países trabajan para conseguir controlar los efectos del cambio climático. Esto supone, por supuesto, detener el avance de los desiertos. Esto ayuda enormemente al autoabastecimiento de los países. No les queda otra opción para conseguir la estabilidad.

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