Esta frase del desaparecido explorador e investigador francés Jacques Cousteau fue dicha hace más de 30 años y la situación de estos elementos, en vez de cambiar, parece seguir empeorando. Según cifras de Naciones Unidas cada minuto el mundo vierte el equivalente a un camión de plástico en los océanos.

Mientras tanto, en Colombia las cifras no son nada alentadoras. La deforestación entre 2015 y 2016 aumentó un 44% y los ríos de Chocó, Antioquia, Cauca y la Amazonía se ven cada vez más afectados por la contaminación de la minería ilegal, una actividad promovida por el atesoramiento de un metal que tiene un valor solo simbólico.

Y si bien, la intención de asegurar vastas extensiones de tierra a modo de reservas naturales va en aumento en muchos lugares del mundo, hay ciudades como Bogotá donde las autoridades son acusadas de querer urbanizar santuarios naturales.

En pocas palabras parece que los seres humanos en más de 40 años no hemos aprendido nada.