Si midiéramos la gestion del alcalde de Cali, Maurice Armitage, por las encuestas, sin duda no le iría bien; si nos apoyamos en indicadores y cifras, la imagen cambia favorablemente; pero si lo hacemos únicamente basados en sus metidas de pata, todo tiende a empeorar.
En Cali existe la sensación que aquello que Armitage hace muy bien con las manos, las borra con el codo, todo por cuenta de su manera desparpajada de expresarse y que se trata de un líder tan franco, que eso lo hace políticamente incorrecto. Irónicamente esas cualidades le sacaron cuenta de cobro con cargo a su imagen y popularidad.
Para no ir muy lejos, basta recordar la más reciente polémica en torno a la intervención de 43 árboles localizados en una popular autopista de la ciudad. Que un municipio, a través de su autoridad ambiental, recomiende podar (19), reubicar (18) y hasta talar (6) árboles, no tiene nada de raro; pero que ese procedimiento se haga con el único propósito de abrirle campo a unas graderias para un espectáculo provisional, el tema suena absurdo.
Eso fue lo que sucedió hace un par de semanas en la ´Sucursal del Cielo´. Allí, decenas de ambientalistas, activistas y comunidad en general, iniciaron cadenas en redes sociales, programaron protestas y hasta se amarraron a los árboles que serían intervenidos.
Juliana Villa, la gestora cultural que promovió una campaña a través del portal Change.org en la que sumó 42.330 firmas apoyando la iniciativa de impedir la intervencion de los árboles, argumentó, “nos parece injusto y hasta absurdo que se ordene reubicar y talar árboles solo para darle espacio a las graderías de un Salsódromo para la Feria de Cali”.
Pero sin duda lo que terminó de empeorar el asunto, que puede ser debatible, fueron las propias palabras de Armitage al referirse a la polémica. En una rueda de prensa y muy a su estilo desparpajado dijo, “la petición es que la gente entienda que si tenemos que mover unos árboles para darle cabida al Salsódromo, pare que la gente de Cali tenga una gradería más amplia, eso sería absurdo no hacerlo cuando por otro lado estamos sembrando árboles y Cali es una ciudad que todos los días es más verde”. 
El problema creció como espuma. La controversia generada por la intención de Armitage desde luego fue aprovechada por sus opositores políticos y el tema se viralizó en redes hasta el punto que a los pocos días el propio alcalde reversó la decisión.
Aunque ya era tarde, porque el personero de Cali, Héctor Montoya, en una medida de precaución, solicitó al Dagma, que es la autoridad ambiental del municipio, que “se abstenga de autorizar las intervenciones silviculturales solicitadas por Corfecali”. Lo más llamativo es que en el informe de ese Ministerio Público se confirma que la intervención se hizo únicamente con el objeto de favorecer las graderías para el Salsódromo de la Feria de Cali.
Sin embargo, Gustavo Silva, ingeniero forestal del Dagma, explicó que en Cali existe un inventario de 296.500 árboles en espacios públicos, lo que significa que “en la ciudad tenemos un árbol por cada ocho personas". Esto es más del doble de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, cuyos estándares indican que la proporcion ideal es de un árbol por cada tres habitantes. 
Lo paradójico es que mientras cientos de caleños protestaban por el supuesto “arboricidio” en la autopista sur oriental, empresas como Celsia y Epsa hacían entrega de un millón de árboles sembrados en un año en 19 municipios del Valle, de los cuales 9.300 fueron plantados en Cali.
Es decir, de nuevo las cifras le dieron la razón al alcalde Armitage. Pero debido a su impopular manera de expresarse y el oportunismo político de sus opositores, esta vez no solo dejó al Salsódromo sin una tribuna más amplia para la gente, sino que la metida de pata lo convirtió en noticia nacional.

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