Colombia es sinónimo de vida por su profusión en diversidad de especies y ecosistemas. Tal riqueza biológica se explica, en parte, porque al país lo cruzan tres cordilleras, incontables ríos y accidentes geográficos con variedad de climas causantes de la formación y movimiento de especies en el tiempo. Sin embargo, en la historia reciente, al territorio colombiano lo atraviesa una creciente malla vial de miles de kilómetros de carreteras para el tránsito vehicular.

Esta infraestructura vial conecta a las personas con sus actividades cotidianas y es también promotora de afectaciones globales ambientales, por ejemplo, lo ocurrido en la Ciénaga Grande de Santa Marta (ver artículo) o situaciones poco conocidas pero habituales como el atropellamiento de fauna silvestre por parte de vehículos motorizados.

  1. Zorro perruno (Cerdocyon thous)

No, no se trata de un perro doméstico atropellado en la vía. El zorro-perro es un cánido silvestre que habita casi todos los ambientes y regiones de Colombia. Depredador por naturaleza, caza animales pequeños en la noche y se le puede ver comúnmente en pareja. Es uno de los mamíferos carnívoros más atropellados en la infraestructura vial del país, incluso en algunas zonas urbanas. Las razones son aún materia de investigación pero es posible que, además de su abundancia local, el comportamiento de desplazamiento y baja reacción a la incandescencia de las luces y la velocidad de los vehículos lo haga particularmente susceptible.

  1. Chuchas (Didelphidae)

¡Pilas que no es una rata la que cruza la vía! Es una chucha común o rabipelada (Didelphis marsupialis) que, además de padecer el estigma cultural de ser confundida y tratada como una rata, es otro de los mamíferos silvestres afectados por atropellamientos en las vías colombianas.

Este marsupial omnívoro y del tamaño de un gato pequeño se alimenta de frutos, insectos y vertebrados pequeños, y no es la única. En Colombia habitan cerca de 40 especies de chuchas que, contrario a las creencias populares, no son animales peligrosos ni ponzoñosos pero sí atrevidos en sus recorridos por distintos espacios naturales y artificiales que incluyen, también, las carreteras.

  1. Pajaritos

Que todas las aves vuelan y pueden fácilmente sortear obstáculos y escapar es un mito. Por millones se cuentan los pájaro que mueren cada año alrededor del mundo por depredación de animales domésticos, colisiones con ventanales de edificios, antenas, torres, aeronaves y automóviles. Comunes y extrañas, coloridas y opacas, de cantos melodiosos o raspados, del bosque, el humedal o la sabana, de distintas estirpes son las aves que mueren atropelladas en las vías colombianas.

Por ejemplo, la perdiz de montaña (Odontophorus hyperythrus), es una ave amenazada y endémica de Colombia atropellada en las vías de Antioquia y la zona cafetera. Recientemente, una tingua (Mustelirallus albicollis) fue víctima de una camioneta conducida por un grupo de ornitólogos, quienes tras el accidente identificaron que el animal era una especie excepcional para la región. Que sus victimarios fueran especialistas en aves es asunto del azar.

En la otra orilla de la fatalidad están las mirlas (Turdus fuscater) y las tórtolas (Columbina sp., Zenaida auriculata), aves bastante comunes en diferentes regiones del país, aun en zonas urbanas y carreteras. En ocasiones obtienen el alimento sobre el asfalto, y a pesar de esto, no se reportan tantos atropellamientos relativos a su abundancia.

¿Qué hace a unas aves más susceptibles que otras? No existen aún respuestas a esta pregunta o que ilustren cómo mitigar la mortalidad de las aves colombianas por causa de vehículos. Por lo pronto, ¡cuidado con los pajaritos!

  1. Serpientes y lagartos

¡Cuidado con las culebras! Estimaciones de años anteriores dan cuenta de cerca de 180.000 serpientes atropelladas por año en Colombia, una cifra que podría subestimar la situación actual.

A diferencia de los mamíferos y las aves, las serpientes y lagartos son vertebrados que dependen del calor del entorno para elevar su temperatura corporal y realizar sus actividades.  Es quizá por ello que estos animales buscan el asfalto como refractor de calor, lo que las lleva a convertirse en cadáveres incrustados en las vías del valle del Magdalena y Cauca, la región Caribe y el piedemonte llanero. Sus patrones de movimiento las hace susceptibles a vehículos que transitan las rectas de zonas bajas.

El estigma de creer que sin excepción las serpientes son peligrosas, las condena también al machete en los campos colombianos, realidad que sumada al atropellamiento en las vías podría aumentar el riesgo de extinción de varias especies. No pise las culebras, corre riesgo de quedar en una deuda impagable con la naturaleza.

  1. Osos hormigueros

Si estos carismáticos animales osan pisar el pavimento corren el riesgo de ser atropellados por vehículos que circulan las carreteras de las llanuras de las zonas cálidas.

Mientras que en los llanos orientales el oso palmero (Myrmecophaga tridactyla)  es el protagonista de constantes incidentes en la vía, en las planicies del valle del Magdalena y la costa Caribe cadáveres del tamandúa o melero (Tamandua mexicana) son hallados con frecuencia.

Las congregaciones de aves carroñeras como las gualas y los gallinazos a menudo advierten la presencia de una víctima más. La visión de los osos hormigueros parece ser menor en comparación a otros mamíferos, lo cual sumado a la quietud que experimentan ante el sonido de un automóvil serían causantes del aumento de su atropellamiento.

  1. Tigrillos

Precaución, ¡no se crea un tigre al volante! Si bien los felinos silvestres de Colombia están amenazados principalmente por la cacería, pérdida de su hábitat y presas, no son pocos los atropellamientos de estos animales nocturnos en numerosas carreteras de Colombia, incluso en zonas periurbanas de Bogotá y Medellín.

El que más atropellamientos reporta en Colombia es el tigrillo lanudo (Leopardus trigrinus) ya que en los últimos ocho años biólogos de Aburrá Natural han documentado 10 de estos animales atropellados solo en su área de estudio.

Los datos de atropellamiento de otros felinos como ocelotes o pumas son insuficientes para entender mejor cómo los afectan las carreteras. En cuanto a otros felinos silvestres, el primer registro del yaguarundi (Puma yagouaroundi) en el Valle de Aburrá provino de un espécimen atropellado. ¿Qué lectura se puede hacer de esto? Quizás que la muerte en la vía corre más rápido que el conocimiento sobre la fauna que muere en ella. #FuerzaTigre

  1. Tortugas y babillas

Cuenta la fábula que el exceso de confianza mató a la liebre frente a la lenta pero constante tortuga. En la realidad, el exceso de velocidad pone en riesgo su vida y también la de las tortugas.

Tanto babillas como tortugas son aplastadas en las troncales que atraviesan las llanuras de la región Caribe, también en las trochas y carreteras que atraviesan la Orinoquia. La mayoría de estos reptiles están asociados a humedales y algunos pueden transitar grandes distancias entre zonas de refugio, alimentación y reproducción, lo que incidiría en su elevada mortalidad por atropellamiento.

Animales de lento movimiento necesitan toda una vida para cruzar la vía ¿Cómo construir carreteras más amigables con los animales? El desarrollo de este tema en Colombia va más lento que una tortuga, ¡ojalá llegue a la meta!

  1. Aves rapaces

Capítulo aparte para las aves rapaces: aunque son símbolos culturales de majestuosidad, sabiduría y estatus, sus poderes sucumben ante la estampida de bólidos de metal. Las águilas, gavilanes y halcones son aves comúnmente atropelladas en las vías colombianas, tanto en troncales de última generación como en las calles urbanas.

Entre las rapaces nocturnas el currucutú (Megascops choliba) es de lejos el búho que más encuentra la muerte en su búsqueda de presas. Habita en la mayoría de ambientes del territorio nacional y cruza carreteras silenciosamente cada noche.

Entonces, ¿por qué las rapaces diurnas y nocturnas son presa fácil de los automóviles? Es posible que su vuelo bajo al buscar alimento las ponga fácilmente frente a radiadores y parabrisas. Los búhos, lechuzas y otros animales de la noche pueden tener una reacción reducida ante el encandilamiento de las luces de los automotores. En este caso, la sabiduría de la lechuza no alcanzó para anticipar la llegada de nuevas formas de morir.

  1. Primates y otros mamíferos

Tienen ojos, pelos, nariz, boca y respiran. Frene un poco pues monos y titíes, nuestros parientes más cercanos –y los no tanto, como ardillas, olinguitos, puercoespines, conejos, ñeques, grisones, perros de monte, tairas, cusumbos, armadillos y cachicamos–, también cruzan la vía.

Cuánta valentía la del perozoso (Bradypus variegatus) atreverse a bajar del árbol para subir a otro ubicado al lado opuesto de la vía. Disminuya la velocidad y esquive estos animales, ¡no sea perezoso! En otras regiones del mundo, una colisión con animales pone en mayor riesgo la vida del conductor, generalmente ante venados o alces. Las señales de tránsito alertan de tal riesgo.

Para nuestra fauna tropical, las señales de tránsito que alerten del cruce de animales escasean aún en zonas de alto atropellamiento. Sin esas medidas, ni conexión arbórea sobre la vía (contacto entre copas de árboles a lado y lado de la carretera) o pasos de fauna subterráneos o aéreos diseñados para este propósito, las calzadas continuarán como mares insuperables de asfalto para la fauna. Déjelos pasar para evitar que se conviertan en cuerpos inertes de las bermas de la red vial nacional.

  1. Insectos, invertebrados y otros animales

¡Qué importan! ¿Quién no ha matado un bicho? Los animales más diversos y abundantes son también afectados por colisiones con vehículos. Con frecuencia se dice de los insectos que son los animales “más exitosos” por su abrumadora diversidad de especies y presencia en todos los ambientes y continentes.

Pero esa no es una buena forma de medir el éxito pues son millones las polillas, mariposas, termitas, escarabajos, abejas y mosquitos que quedan estampillados contra los parabrisas y latas en un solo viaje por carretera.

Si apenas estamos tomando conciencia del impacto de la infraestructura sobre vertebrados, que son animales carismáticos y cercanos a nosotros, aún es mucho más incipiente el conocimiento sobre el efecto sobre la conservación de insectos y otros invertebrados como cangrejos, arañas y lombrices, cuyo rol es crucial en el funcionamiento de los ecosistemas que necesitamos y usamos día a día. Son tan importantes esas especies como aquellas más visibles con pelos o plumas.

¿Cuál es el efecto directo de las carreteras, además de fragmentar paisajes, en las poblaciones de animales nativos de Colombia, tengan vértebras o no? ¿Cuántas y cuáles especies son las más atropelladas? ¿Qué sectores de una carretera son más mortales para la fauna? ¿Cómo podrían diseñarse mejores carreteras y educar mejor a conductores en un país como Colombia, hasta ahora sinónimo de vida por su extraordinaria diversidad de especies y ecosistemas?

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Autores: Andrés Cuervo (Instituto Humboldt) con contribuciones de Juan Manuel Obando y Carlos Delgado-Vélez (Aburrá Natural www.aburranatural.org)

Fotos: Juan Manuel Obando, SILAPE, Daniel Restrepo Marín, Ana Catalina Pinzón, Alex Giraldo, Nathaly Rojas, Juan Fernando Calderón, Camilo Botero, Juan David Arango, John Jairo Arias.

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