EL bosque seco tropical que cada vez es menos en Colombia podría verse beneficiado por esta decisión. (Foto: Archivo SEMANA)

En sus últimas ediciones Semana Sostenible ha llamado la atención sobre el dramático panorama que vive el bosque seco tropical en Colombia. Según el último informe Biodiversidad 2015 del Instituto Humboldt, al país solo le queda el 8% del bosque seco tropical con el que contaba inicialmente. Este ecosistema ha estado en grave riesgo debido, entre otras cosas, a diversos proyectos hidroeléctricos que se han aprobado como El Quimbo en Huila e Ituango en Antioquia.

En ese último departamento se planeaba construir el embalse y proyecto hidroeléctrico Cañafisto, muy cerca de Ituango y afectando nuevamente el bosque seco tropical. Aunque la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) ya había negado la licencia en octubre de 2015, el 23 de noviembre de ese año Isagén, empresa que quería desarrollar el proyecto, presentó un recurso de reposición donde indicaba que el bosque seco en la región está bastante deteriorado y que el ecosistema se fortalecería a mediano plazo con las medidas de compensación que proponían.

Después de meses de zozobra, hace unos días Anla tomó la decisión de negar nuevamente la licencia de Cañafisto. De esta manera confirmó la resolución 1291 del 13 de octubre de 2015 por la cual se negó la licencia ambiental del proyecto localizado en jurisdicción de los municipios de La Pintada, Fredonia, Venecia, Titiribí, Armenia Mantequilla, Ebejico, Támesis, Jericó, Tarso, Salgar, Concordia, Betulia, Anzá, Santa Fe de Antioquia, Olaya y Sopetrán en el departamento de Antioquia.

¿Por qué era importante no construir Cañafisto?

El equipo de profesionales de la Anla que inicialmente analizó el proyecto concluyó que con la construcción del embalse se perderían bosques en las riberas de ríos o quebradas, poniendo en riesgo especies endémicas, dadas las afectaciones que se generarían en cuanto a calidad, extensión y conectividad de hábitats.

Siete especies endémicas de fauna terrestre podrían desaparecer: los anfibios ranita cohete (Colostethusfraterdanieli) y rana venenosa (Dendrobatestruncatus); los reptiles tintín antioqueño (Anolis cf. vicarius) y serpiente ciega (Trilepidajoshuai); las aves cucarachero paisa (Thryophilussernai) y atrapamoscas apical (Myiarchusapicalis); el mamífero tití gris (Saguinusleucopus); y otras especies ya amenazadas en Colombia.

Lo anterior es de suma gravedad para la biodiversidad puesto que el tintín antioqueño y el cucarachero paisa solo habitan en Antioquia. Como si fuera poco, este último fue descubierto en 2012 y vive exclusivamente en los relictos boscosos del cañón del río Cauca. Según la Anla el cucarachero paisa “es vulnerable a la extinción por pérdida acelerada de su hábitat natural y especialmente por la construcción de represas hidroeléctricas y la consecuente inundación de su área de ocupación”. En otras palabras, una especie recién descubierta podría dejar de existir en menos de diez años.

La inundación de Cañafisto también sería un escenario ideal para que la rana toro, especie invasora identificada en esa zona, se reproduzca y ponga en riesgo otras poblaciones de ranas y peces pequeños propios del ecosistema. (Lea: Cañafisto, un proyecto riesgoso para el bosque seco tropical).

El bosque seco tropical necesita atención

La degradación del bosque seco tropical no es nueva: se remonta a épocas prehispánicas y sobre todo a la Colonia, cuando los españoles decidieron asentarse en lugares como Santa Fe de Antioquia, Valle del Cauca y las tierras comprendidas entre Honda, Guayabero y Armero, solo por citar algunos ejemplos. Esto ocurrió debido al clima benévolo de estas regiones, generalmente planas y fáciles de transitar.

El bosque seco se convirtió en una opción para fundar poblaciones ya que presentaba menos plagas que los bosques húmedos tropicales y allí era mucho más fácil construir vías de acceso y comunicación. De hecho, muchas de las grandes capitales colombianas como Cali, Barranquilla o Cúcuta están ubicadas en zonas de influencia de este ecosistema.

Hoy el bosque seco se encuentra en un estado crítico de fragmentación y degradación ya que, debido a la relativa fertilidad de sus suelos, la mayoría de sus áreas están expuestas a actividades como la ganadería, la agricultura y la infraestructura humana. Sumado a lo anterior, el ecosistema está poco protegido y cuenta con un porcentaje muy pequeño dentro de las áreas del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap), con tan solo el 6,4 por ciento. (Lea: Acabamos con el bosque seco tropical en Colombia)

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