Benjamin Skolnik trabaja para la organización Bird Conservancy de América
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Global Ideas: ¿Puede usted, en primer lugar, explicar cuándo se considera que una especie está amenazada?

Benjamin Skolnik: Las organizaciones ecologistas utilizan los criterios vigentes a nivel mundial establecidos por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que agrupan las especies en peligro de extinción en su Lista Roja de Especies Amenazadas. Su clasificación incluye desde “en peligro crítico” – para los animales más amenazados – pasando por “en peligro”' y "vulnerable" hasta "casi amenazada". Por debajo de esos niveles no se considera en riesgo.

El término "amenazado" se refiere a las categorías de la UICN "vulnerable", "en peligro" y "en peligro crítico". En Bird Conservancy-América, hemos priorizado nuestra labor internacional en especies que están en peligro o en peligro crítico de extinción.

¿Cómo se decide para qué especie, en concreto, hay que tomar medidas? ¿Se trata, sobre todo, de aumentar la población correspondiente?

Sí, en última instancia, nuestro objetivo es aumentar las poblaciones de especies de aves, en grave peligro de extinción. Decidir qué medidas son las correctas, es bastante complicado. Tenemos en cuenta muchos factores a la hora de determinar en qué especie tenemos que centrar nuestros esfuerzos. Solo dispones de recursos limitados. Por ello, en primer lugar, tenemos que identificar la causa exacta que pone en riesgo a la especie. ¿Podemos desarrollar un plan para evitar esa amenaza? ¿Es esa una solución rentable? Por ejemplo, algunas medidas pueden ser muy costosas y por lo tanto no viables. Si el declive de una especie tiene muchas causas diferentes, puede ser difícil eliminar todas ellas a la vez. Es por eso que tenemos que planificar cuidadosamente nuestros pasos.

¿Alguna vez ha tenido que elegir y poner la protección de una especie por encima de la de otra?

Cuando una segunda especie se encuentra en un estado similar de alto riesgo y se conocen soluciones, es preferible involucrarse más en la protección de esa especie. Por ejemplo, en el caso del Zamarrito pechinegro, una especie de colibrí endémico de Ecuador. Empezamos a trabajar con la Fundación de Conservación Jocotoco, que anteriormente había construido una reserva forestal para esta especie. Sin embargo, en los últimos cuatro o cinco años, hemos descubierto que el ave pasa solo una parte del año en la reserva. Así que tenemos que hacer más para proteger a esta especie pero no sabemos exactamente dónde y en qué tenemos que invertir tiempo y recursos.

Así, mientras reuníamos más información, comenzamos a trabajar en la protección de otras especies. Dirigimos nuestros esfuerzos en la protección de los cóndores andinos de Ecuador e invertimos en la protección de la reinita cerúlea, una especie de ave migratoria que anida en los Estados Unidos.

Éste es un buen ejemplo de cómo elegimos entre dos especies. La mayoría de las veces es porque no tenemos la información suficiente o la solución no es viable. Los biólogos conservacionistas no juegan a ser Dios y deciden qué especies tienen que ser salvadas. Más bien, se trata de que hay especies para las que hay soluciones, así como interés y recursos para protegerlas. Por eso intentamos trabajar primero en esos casos. Simplemente porque podemos.

¿Por qué no pueden simplemente tener como meta conservar todas las especies? ¿Por qué es necesario destacar algunas de ellas y clasificarlas como amenazadas?

Piense en la diversidad de idiomas en todo el mundo. Algunos de ellos son más dominantes, como el alemán, el inglés, el chino o el japonés. La existencia de estas lenguas es incuestionable y no se ve amenazada. Pero hay muchas lenguas indígenas, por ejemplo, que solo se hablan por un puñado de personas. Esto nos conduce a una pregunta esencial: ¿nos preocupa si perdemos esa diversidad? Las lenguas contienen información importante sobre la medicina o la cultura y con ellas se perdería una parte de la historia. La protección de especies amenazadas plantea una pregunta muy similar. ¿Nos sentimos cómodos con la pérdida de una parte de la biodiversidad de este planeta?

¿Qué estrategias utilizan ustedes para proteger una especie o reducir su estado de amenaza? ¿Cómo pueden ser salvados de la extinción?

El primer paso, más importante, es identificar cuál es la causa de que una especie se encuentre en peligro de extinción. Muy a menudo, o casi siempre, la amenaza de una especie está directa o indirectamente relacionada con la actividad humana. En nuestro trabajo, hemos observado que el desarrollo de infraestructuras como, por ejemplo, carreteras, ciudades, molinos de viento, así como la deforestación o la agricultura – simplemente todas las formas de actividad humana – tienen efectos perjudiciales sobre la biodiversidad. Nuestra tarea es minimizar el impacto de esas amenazas. El mayor desafío es que si queremos proteger a estas especies para siempre, tenemos que minimizar, igualmente, esas amenazas para siempre. Esta es una gran tarea, sin fin, que requiere la participación de nada menos que toda la sociedad.

Además, coordina usted la “Alianza para la Cero Extinción” (AZE). ¿Cómo trabaja esta asociación?

AZE sirve como indicador para que los países puedan medir sus obligaciones con la áreas protegidas y especies amenazadas, en función de los objetivos establecidos por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). Nosotros proporcionamos soluciones a la cuestión principal: ¿en qué especies deberíamos priorizar nuestros esfuerzos?

Para ello hemos elaborado una lista con aquellas especies que están en peligro, o en peligro crítico de extinción, y solo se encuentran en una región del mundo. De este modo, podemos dar prioridad a esos lugares con el fin de evitar la extinción de esas especies. En la actualidad, AZE ha identificado 587 lugares, donde en total viven 920 especies.

Recientemente ustedes han publicado, junto con otros biólogos conservacionistas, un estudio con el título "Posibilidades y costes de la conservación de especies”. En él se dice que de media cuesta 1,3 millones de dólares (1,2 millones de euros) al año conservar una especie “AZE” de la extinción. ¿Cómo se ha calculado esta cantidad?

Esa cantidad se calculó considerando una gran variedad de costes, como por ejemplo, el coste original para la construcción de la reserva, así como los gastos corrientes relacionados con la gestión y la tramitación. A continuación, se hizo un promedio para un número diferente de especies. Algunos de mis colegas vienen de la comunidad zoológica y están familiarizados con la conservación ex situ de especies. Esto, normalmente, suele ser más caro porque significa alojar a los animales en un refugio lejos de su hábitat natural. Creo que este valor medio es útil, ya que un millón de dólares al año es una cantidad relativamente pequeña si la comparamos con lo que gastamos en el ámbito local o nacional. Y los beneficios que obtenemos de la protección de especies es superior al millón de dólares, si tenemos en cuenta, por ejemplo, los beneficios provenientes de la protección de bosques, como el suministro de agua potable para nuestras ciudades.

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