Fotos: MAHMUD HAMS / AFP
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El enclave palestino de Gaza se encamina hacia una catástrofe ecológica y humanitaria al no poder abastecer de agua potable a sus dos millones de habitantes, muchos de ellos enfermos por beber agua contaminada.

En un territorio que bordea el desierto y donde los cursos de agua se reducen a las acequias formadas por la lluvia, la reserva freática está sobrexplotada. El nivel baja y el agua marina se infiltra, aumentando la salinidad. A esto se añade una contaminación química y microbiológica.

“Más del 97% de la capa freática no es apta para el uso doméstico a causa de una salinización nunca vista hasta ahora”, explica Munther Shoblak, director general de la compañía de agua de los municipios gazatíes.

Casi todos los gazatíes hacinados en esta estrecha banda de tierra entre Israel, Egipto y el Mediterráneo dependen de la capa freática. Tienen dos opciones: usar el agua del grifo, que llega por una red pública vetusta, o extraerla por sus propios medios.

En cualquier caso, su salud se resiente.

“Cada año, constatamos un aumento de 13 a 14% de pacientes ingresados por problemas renales”, declara a la AFP el doctor Abdalá al Qishaui, jefe del departamento de nefrología del hospital Shifa de Gaza.

Estos problemas renales tienen “causas ya conocidas, como la tensión arterial, la diabetes y las enfermedades hereditarias, pero no cabe duda de que la polución del agua desempeña asimismo un papel”, añade.

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Alerta

Los estragos causados por tres guerras en ocho años, los 10 años de bloqueo israelí, un nivel de desempleo de casi el 45% y la inseguridad alimentaria hacen que el enclave se exponga a ser “inhabitable en 2020”, estimó la ONU. Entre el factor determinante cita la escasez y la polución del agua.

Los gazatíes usan esta agua porque no les queda más remedio. La utilizan para cocinar, para lavar la ropa y para la agricultura.

Incluso en los hoteles más lujosos, la ducha es con agua medio salada.

Del grifo sale un líquido salobre que deben hervir. El suministro es aleatorio. Gran parte del agua se pierde en canalizaciones obsoletas.

Los más afortunados cavan su propio pozo y almacenan el agua en cisternas. Eso cuanto están de suerte y funciona la electricidad.

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“Hay dos tipos de contaminaciones”: química y microbiológica, afirma Sami Lubad, encargado del Medio Ambiente en el ministerio de Salud.

En la capa freática, la contaminación dispara el nivel de cloruro y de nitratos que “pueden provocar en los bebés la enfermedad azul (cianosis congénita) y desempeñar un papel en el desarrollo de cánceres”, afirma el profesor Adnan Aish.

Diarrea y malnutrición

La contaminación microbiológica se debe a las bacterias de origen fecal provenientes principalmente de las aguas residuales y de la agricultura. La química procede de los pesticidas y de la presencia de metales pesados, vestigios de guerras. “Sobre todo el plomo, y el azufre pueden provocar problemas renales”, según el doctor Qishaui.

Las piscinas de agua de cañería ubicadas en Beit Lahia a veces son las única oportunidad para los gazaties de contar con algo de agua.

Para intentar evitarlo, “alrededor de dos tercios de los gazatíes compran el agua en el sector privado”, bombonas vendidas a dos séqueles (unos 50 céntimos de euro) los 16 litros, afirma June Kunugi, al frente de Unicef en los Territorios Palestinos.

Pero estas pequeñas empresas suelen contentarse con desalar el líquido, que también está contaminado. “Muchos niños tienen parásitos y lombrices y padecen diarrea y malnutrición”, dice Kunugi.

A orillas del Mediterráneo, la desalinización es una necesidad. A finales de enero se reabrió parcialmente la principal fábrica de Gaza, construida con ayuda internacional. Este equipamiento alimenta a 75.000 habitantes y a largo plazo a 150.000. Hay más fábricas proyectadas. Los expertos recomiendan no bombear agua de la capa freática para que pueda reconstituirse.

Según Unicef, cada año se bombean 180 millones de metros cúbicos de agua pese a que la lluvia solo suministra 60 millones. “La catástrofe, si no llega este año, llegará, seguro, antes de tres años”, advierte Zidan Abu Zuhri, responsable de Unicef para los temas relacionados con el agua. Para entonces puede que el agua ya sea completamente inutilizable.

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