Foto; Felipe Villegas / Instituto Humboldt

Hace algunas semanas el país recibió la terrible noticia de que la deforestación aumentó un 44% entre 2015 y 2016. En medio de ese preocupante panorama, sobresale un aspecto positivo: la cobertura boscosa en los alrededores de Bogotá incrementó un 42% entre 1985 y 2015, al pasar de 16.100 a 22.850 hectáreas.

Estos resultados fueron revelados durante los avances del proyecto Rastrojos, investigación conjunta entre el Instituto Humboldt y las universidades Javeriana y del Rosario. El incremento de la cobertura boscosa es importante considerando que Bogotá es la segunda ciudad más densa de Suramérica después de Sao Paulo (Brasil). “Durante años, el impulso de muchos biólogos fue el de irse a lugares recónditos para estudiar la ecología de bosques maduros, sin incluir el efecto que ocasionamos en los ecosistemas más cercanos a la gente; sin embargo, en los últimos años el concepto de socioecosistema ha tomado mucha fuerza, y ahora hay una persistente tendencia a integrar al ser humano como un actor fundamental de los ecosistemas”, asegura Natalia Norden, investigadora del programa Ciencias Básicas  de la Biodiversidad del Instituto Humboldt.

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Los matorrales también han mostrado un comportamiento similar al del bosque, aumentando su área en un 43% durante el mismo periodo de tiempo. Otro dato relevante corresponde al estado de los bosques secundarios: alrededor del 45% de ellos, de por lo menos 30 años de edad, se mantuvieron estables, quizá por ubicarse arriba de los 2.800 metros sobre el nivel del mar (m s. n. m.) y en pendientes pronunciadas, donde el uso productivo de la tierra es menos viable. En contraste, los bosques secundarios más jóvenes se registraron entre los 1.700 y los 2.600 m s. n. m., donde el cambio de cobertura boscosa presenta un mayor dinamismo.

¿Cómo se regeneró un bosque tan cerca a la ciudad?

Según Norden, es previsible que la deforestación se intensifique cerca de vías y centros urbanos, pero curiosamente, también se puede favorecer a la conservación y a la expansión de los bosques debido, tal vez, a que los habitantes de estas zonas aprecian cada vez más su entorno y favorecen la regeneración de los bosques en sus predios.

Actualmente, en el área de estudio se encuentran cerca de 136.000 hectáreas de fragmentos boscosos en buen estado de conservación. Estas están ubicadas al norte de la capital, en los municipios de Chía, Tabio, Cajicá, Sopó, Guasca, Guatavita, Tocancipá, y Gachacipá, lejos de las cabeceras municipales y vías principales, y en zonas de alta pendiente en donde la conversión de bosque a tierras productivas es menos provechosa.

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Para llegar a estas conclusiones se utilizaron imágenes satelitales Landsat, con las cuales se mapearon los cambios en las coberturas boscosas en 1985, 1991, 2001 y 2015. Ese análisis permitió inferir la edad aproximada de los parches boscosos.

Esta es una buena noticia que debe propender en mayores esfuerzos para disminuir el riesgo al que se enfrentan la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos, debido al acelerado crecimiento demográfico registrado en los últimos 60 años en Bogotá, el cual ubica  a la capital como una de las regiones con mayor transformación y presión sobre el paisaje de los Andes colombianos.

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