SEMANA SOSTENIBLE: Colombia ha sufrido alzas de temperatura como nunca antes este año. Hace unas semanas, la OMM señaló lo que parece una buena noticia: El Niño llegó a su intensidad máxima. ¿Eso qué significa?
OSCAR ARANGO: Significa que El Niño actual ha alcanzado su punto máximo de ‘madurez’ y se espera que en los próximos meses su declinación sea constante hasta desaparecer. Se cree que el fenómeno se mantendrá con fuerza hasta el mes de abril con una rápida declinación a partir de allí.
S.S.: ¿Era posible menguar los efectos negativos que ha tenido El Niño?
O. A.: Si uno compara lo que fue el impacto de El Niño de comienzos de los noventa con el de ahora, es fácil ver que aunque el actual es quizás El Niño más intenso que hayamos vivido, tomó a Colombia y otros países mejor preparados por sorpresa. El fantasma de los racionamientos aún ronda por muchos países latinoamericanos, pero es posible que no se presenten.
S.S.: Se ha dicho que después de El Niño es posible que Colombia empate con una temporada de lluvias. ¿Es solo una percepción o el clima cada vez es más extremo?
O. A.: En Colombia, por lo menos en la zona Andina, el régimen de lluvias es bimodal. Es decir, hay dos temporadas de lluvia que van de abril a junio la primera, y de septiembre a noviembre la segunda. Esto implica que una vez que termine El Niño, se entrará a la segunda temporada de lluvias. El clima es cada vez más extremo como consecuencia del calentamiento global. Cada vez tendremos periodos más cálidos y secos o muy húmedos y fríos.
S.S.: Según el reciente Informe del Clima de su organización, 2015 fue el año más caluroso ja-más registrado. En España, el nuevo récord de temperatura es de 46,2 grados centígrados y en Sudáfrica, 48,4. ¿Esto qué repercusiones tiene?
O. A.: Es la confirmación de lo que acabo de mencionar. Dadas las tendencias actuales, vamos a continuar observando extremos cada vez más acentuados, lo cual obligará a aquellos que tienen que soportarlos a adaptarse y convivir con la situación.
S.S.: ¿Esa alza en la temperatura a qué se debe? En ese informe de la OMM dice que estas han generado conmoción en la comunidad científica.
O. A.: Básicamente al calentamiento global que venimos experimentando durante décadas, prin-cipalmente por causas antropogénicas.
S.S.: El informe dice que la temperatura de la Tierra es 1 grado centígrado más alta que a co-mienzos del siglo XX y que estamos a mitad de camino del umbral crítico de 2 grados centígra-dos ¿Cómo va a ser 2016?
O. A.: Lo que está claro es que la tendencia de las anomalías globales de temperatura es ascen-dente. De ahí uno puede concluir que existe una alta probabilidad de que la temperatura pro-medio del planeta se mantenga igual o superior.
S.S.: En Colombia, la sequía aumentó considerablemente la temperatura de ciudades como Bogotá ¿Eso a qué se debe?
O. A.: Son dos manifestaciones que no son consecuencia la una de la otra. La sequía se presenta como un impacto de las condiciones derivadas del Fenómeno de El Niño (ausencia de lluvia por periodos prolongados de tiempo) y el aumento de la temperatura en las ciudades se relaciona más con el calentamiento global. En las ciudades como Bogotá, la sensación térmica puede exa-cerbarse debido a lo que se conoce como el ‘efecto de islas de calor urbanas’, causado por la mayor cantidad de áreas asfaltadas o cubiertas y al calor generado por consumos energéticos.
S.S.: ¿Qué se podría hacer para que estos fenómenos de variabilidad climática no terminen generando una catástrofe alimentaria? En Colombia, El Niño generó inflación en el precio de los alimentos y la muerte de más de 40.000 reses.
O. A.: El clima es el determinante fundamental para la producción de alimentos. La agricultura funciona basada en sus ciclos normales. Cualquier alteración tendrá consecuencias en la produc-ción. Para evitar afectaciones extremas en la seguridad alimentaria, será preciso desarrollar pro-ductos y servicios climáticos que le permitan a las sociedades tomar decisiones adecuadas con anticipación, utilizar técnicas e insumos agrícolas cada vez más adecuados a condiciones climáticas cambiantes y desarrollar métodos que permitan obtener cosechas más abundantes en el mismo espacio con el que se cuenta hoy en día.
S.S.: El Niño coincidió con el aumento de casos de enfermedades tropicales como el zika. La OMS ha dicho que 60 millones de seres humanos pueden estar en riesgo. ¿Por qué?
O. A.: Existen en la actualidad excelentes estudios que demuestran la relación entre el clima y la salud. En el caso del Aedes aegypti (transmisor del dengue, chikungunya y zika), es un vector que definitivamente se torna agresivo y preocupante cuando se dan alteraciones típicas de un fenó-meno de El Niño, aunque puede darse bajo otras condiciones.
S.S.: ¿Por qué uno siente que los países del primer mundo, en Europa y por ejemplo Estados Unidos, no sufren tanto por los cambios de clima?
O. A.: Los estragos del clima no respetan ni fronteras políticas ni condiciones de desarrollo. El impacto en las economías de países desarrollados es igual o inclusive, puede llegar a tener con-secuencias verdaderamente desastrosas. Grandes tormentas de nieve como las de Estados Uni-dos o Europa, han llevado a la paralización del transporte (aéreo y terrestre) con las consecuen-cias que pueden esperarse de ello, al cierre de empresas y comercios (paralización de las activi-dades productivas) y muchas otras también relacionadas con efectos contrarios (olas de calor, etcétera). La apariencia de que quizá no se ven tan afectados como los países en vías de desarro-llo se relaciona más con el grado de conocimiento y preparación de sus comunidades que los lleva a responder mejor a estos impactos.
S.S.: ¿Por qué esos países no enfrentan riesgos de apagones como los que vive Colombia hoy?
O. A.: En mi opinión personal es porque quizás su matriz energética incluye muchas más fuentes de energías alternativas (eólica, térmica, geotermal, solar, etcétera.) que la matriz energética de Colombia que depende en un porcentaje muy alto, de la generación hidráulica.Si ese recurso es escaso o disminuye, el impacto se va a sentir.
S.S.: ¿Alguien ha medido hoy en el mundo cuáles pueden ser los costos económicos y humanos del clima?
O. A.: Uff… esa sería una tarea titánica. Lo que está claro es el costo de no planificar ni poseer información climática de buena calidad, sistemática y oportuna. Según estudios de la OMM está relación es del orden de 10 a 1. Esto quiere decir que un dólar invertido en prevención evita gas-tar 10 en recuperación.
S.S.: Eso suena bastante preocupante teniendo en cuenta que Colombia por ejemplo no tiene ni siquiera meteorólogos…
O. A.: Hay muchas razones por las cuales Colombia se está quedando sin profesionales en el área de la meteorología. Formar un meteorólogo es un proceso costoso principalmente (hablando para Colombia) porque la carrera no existe en el país. Esto hace que quien quiera estudiarla ten-drá que hacerlo en el exterior. Colombia debería emprender una campaña de formación de me-teorólogos. Estos son científicos sin los cuales el país no podrá avanzar ni lograr las metas de desarrollo que se pretenden. ¡Así de sencillo!
S.S.: ¿Usted es uno de los pocos colombianos que pudo estudiar esa carrera y está hoy a cargo de una enorme responsabilidad en las Naciones Unidas, cómo ve la situación que atraviesa hoy el país por cuenta del clima?
O. A.: No solamente Colombia sufre hoy en día las consecuencias de un clima variable y cambian-te, sino el planeta entero. Finalmente la sociedad global ha ido lentamente reconociendo que estamos ante tiempos difíciles que nos enfrentan no solo a retos extraordinarios, sino a decisio-nes trascendentales. La Conferencia de las Partes 21 (París) ha sido un paso firme en esa direc-ción pero, más que esperar a que nuestros dirigentes adopten las políticas correctas, está en cada uno de nosotros el ir tomando las medidas correctivas que tanto se requieren.

Relacionados

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.