Calcular la huella de carbono es una acción real de compromiso con el planeta. No solo un discurso, sino el producto de ser conscientes de la realidad que enfrenta la humanidad.

Una persona durante toda su vida en promedio comerá 50 toneladas de comida, comprará 8 autos, generará 40 toneladas de basura y para los 2.450 periódicos que leerá, aproximadamente, será necesario  usar como insumo 24 árboles. Si estas cifras son a simple vista impresionantes, imaginar el impacto de una empresa sobre el planeta debe ser aún más grande.

Desde hace cerca de 20 años las empresas son más conscientes de su responsabilidad en la producción de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y de las implicaciones al no tener un adecuado control y manejo de estos dentro de la actividad del negocio. En consecuencia, medir la huella de carbono y asumir un compromiso real se ha convertido en una tarea fundamental dentro de la gestión de las empresas responsables con el planeta.

La huella de carbono cuantifica las emisiones de GEI liberadas a la atmósfera por las actividades cotidianas que se derivan de la producción de energía, quema de combustibles fósiles, generación de metano y generación de otros gases producto de procesos indutriales y refrigeración. En el caso de una compañía, la huella de carbono incluye la medición de gases que se emiten por la fabricación de un producto o realización de un servicio, además de las emisiones que se derivan por las actividades que lleva a cabo, incluyendo las emisiones derivadas del consumo energético de los edificios que ocupa, por ejemplo.

Las razones para que una empresa calcule su huella de carbono son muchas: tener indicadores de ecoeficiencia que le permitan tomar decisiones de gestión ambiental mejor informadas, mejorar la imagen, responder a nuevas exigencias por parte de los clientes o inversionistas, dar respuesta a los compromisos de la organización, todas estas ligadas a la preocupación por el cambio climático. 

Por último, “la medición de la huella de carbono permite mejorar la competitividad de las empresas y sus productos, ya que permite diferenciar y agregar valor a un producto, lo que permite la apertura de nuevos mercados, fidelizar clientes y posicionar mejor los productos o servicios”, explica Luis Costa Villegas, Gerente de Sustentabilidad de POCH Group.

Una huella bien medida

De acuerdo al inventario nacional de Gases de Efecto Invernadero de Colombia los sectores que más emisiones de GEI aportan son: Agricultura (38 por ciento) y energía  (37 por ciento). De hecho dentro del ítem energía, la categoría que genera la mayor contribución a las emisiones totales de Colombia es Transporte, aportando un 12,1 por ciento de las emisiones totales, seguida por las demás industrias de la energía, con un 8,5 por ciento.

Sin embargo, la huella de carbono calculada para distintos sectores o empresas de un sector, no es comparable entre sí, porque no necesariamente se consideran los mismos alcances ni fuentes dentro de la actividad. 

Para medir la huella de carbono de una empresa es necesario primero definir una metodología. A nivel corporativo existen dos protocolos de cuantificación: Estándar Corporativo del Protocolo de Gases Efecto Invernadero (GHG Protocol) y la norma ISO 14.064 (sistema de gestión basado en el GHG Protocol). Una vez seleccionado el protocolo de cuantificación, se deben definir los alcances a considerar, y determinar los límites organizacionales y operacionales del cálculo, lo cual es una decisión de la compañía.

Costa Villegas explica que el GHG Protocol clasifica las emisiones en tres alcances, de acuerdo al tipo de fuente y el grado de control que la empresa tiene sobre ellas. El Alcance 1 (Scope 1), involucra a las emisiones directas generadas por la Empresa, tales como emisiones por consumo de combustibles utilizados en fuentes fijas y móviles; y emisiones fugitivas producto de la utilización de gases refrigerantes. 

El Alcance 2 (Scope 2), corresponden a las emisiones indirectas por consecuencia de la actividad de la empresa. En este alcance se considera el consumo de energía eléctrica o vapor adquirido a terceros. 
Finalmente, el Alcance 3 (Scope 3), permite incluir otras fuentes de emisiones indirectas, que son consecuencia de las actividades de la empresa, pero ocurren en fuentes que no son propiedad ni están controladas directamente por la misma a lo largo de la cadena de valor: emisiones asociadas a viajes de negocios, desplazamiento de trabajadores hacia y desde el lugar de trabajo, transporte de carga (insumos, productos y residuos), consumo de papel, entre otros.

Pero, ¿de qué sirve saber cuántas toneladas de CO2 produce una compañía en un determinado tiempo? La información que se obtiene de este diagnóstico permite que las empresas tomen decisiones sobre cómo manejar sus emisiones en una forma que no afecte las actividades de producción. Además se convierte en una base para desarrollar planes de reducción o de compensación de la huella de carbono.

Mientras que para unas compañías la base de su estrategia de manejo de huella de carbono está en favorecer el uso de fuentes de energía renovables, para otras la respuesta está en obtener tecnologías más eficientes reduciendo el consumo de energía y mejorando prácticas operativas. 

No obstante, en el país una de las opciones de compensación de emisiones de carbono que está marcando la pauta es la siembra de árboles, puesto que como lo explica ConTREEbute, empresa que desarrolla estrategias de sostenibilidad dirigidas a personas y empresa, las siembras tienen alto impacto social, ambiental y económico en los municipios donde se lleva a cabo.

Hace varios años, la empresa Cadena tomó la dcisión de conocer la huella de carbono generada por su operación y por sus principales productos, con el ánimo de tomar acciones que le permitieran reducir y compensar su impacto. En alianza con ConTREEbute, Cadena ha incursionado en la filosofía de devolver a la tierra lo que toma de ella. Es por esto que durante este 2013 la compañía ha sembrado 30 mil nuevos árboles para compensar la huella de carbono de la producción y distribución de extractos y facturas de sus clientes, servicios propios de su actividad.  Esta compensación en conjunto con otras acciones como asegurar el insumo del proceso con papeles certificados FSC y certificar el proceso de producción y distribución también FSC, hacen que estos productos sean 100% reciclables y sostenibles.

Calcular la huella de carbono es una acción real de que el compromiso con el planeta no es sólo un discurso, sino la concientización de la realidad a la cual se enfrenta la humanidad. Al final y como lo dice un viejo adagio popular, antes de salir a salvar el mundo, mira tres veces qué pasa por tu casa.



* La certificación FSC (Forest Stewardship Council) garantiza que a lo largo de toda la cadena de custodia del papel, desde la extracción de la materia prima para su producción, hasta su uso como material de impresión, se consideren aspectos sociales y ambientales para garantizar el origen y uso responsable de los recursos naturales, y la generación de trabajo digno. 

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