Foto: Felipe Villegas / Instituto Humboldt

El cañón del río Cauca representa una de las pequeñas porciones de bosque seco tropical que aún subsiste en el departamento de Antioquia. Sin embargo, parecería destinado a desaparecer por cuenta de dos grandes embalses. El primero de ellos es Ituango, que se encuentra en construcción, que ocupará 3.800 hectáreas y generará 2.400 megavatios de energía. El segundo es Cañafisto, que por ahora solo está en papel, pero ocuparía 5.255 hectáreas en 16 municipios antioqueños a solo 40 kilómetros aguas arriba de Ituango.

Con estos proyectos desaparecerá el bosque seco tropical asociado al río Cauca, con excepción de algunos potreros y pequeños fragmentos aislados de lo que antes era un inmenso bosque. Solo sobrevivirá el ecosistema que esté por encima de 560 metros sobre el nivel del mar (nivel máximo de inundación del proyecto). Aunque en este momento no hay vía libre para Cañafisto, Isagén –la empresa que busca construir la hidroeléctrica– insiste en que el proyecto es necesario para garantizar la calidad del servicio de energía en el país.

La historia se remonta a un análisis realizado en 1974 por Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), que determinó el potencial hidroeléctrico del Cauca Medio entre los municipios de La Virginia (Risaralda) y Caucasia (Antioquia).  Con ese escenario, entre 1976 y 1979 ISA adelantó los estudios de factibilidad del proyecto Cañafisto, y los reforzó en 1981 cuando un documento Conpes confirmó la importancia de la  energía eléctrica para el desarrollo integral del país.

En los siguientes cinco años, ISA realizó toda clase de estudios adicionales para identificar los impactos ambientales y sociales del proyecto, estableció los diseños de obras e incluso alcanzó a detallar la adquisición de predios y a construir un puente sobre el río Cauca cerca del sitio donde se realizaría la presa. Sin embargo, el proyecto quedó abandonado hasta 1995, cuando Isagén lo retomó.

Desde 2009 la empresa empezó a hacer nuevamente los estudios y en octubre de 2014 radicó la solicitud de licencia ambiental,  negada por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) en una resolución de octubre del año pasado. El equipo de profesionales que analizó el proyecto concluyó que con la construcción del embalse se perderían bosques en las riberas de ríos o quebradas, “(…) poniendo en riesgo especies endémicas, dadas las afectaciones que se generarían en cuanto a calidad, extensión y conectividad de hábitats”, dice un fragmento de la resolución.

Siete especies endémicas de fauna terrestre podrían desaparecer: los anfibios ranita cohete (Colostethusfraterdanieli) y rana venenosa (Dendrobatestruncatus); los reptiles tintín antioqueño (Anolis cf. vicarius) y serpiente ciega (Trilepidajoshuai); las aves cucarachero paisa (Thryophilussernai) y atrapamoscas apical (Myiarchusapicalis); el mamífero tití gris (Saguinusleucopus); y otras especies ya amenazadas en Colombia.

Ranita cohete. Especie endémica en peligro. (Mauricio Rivera Correa - Wikimedia Commons)

Tití gris. Especie endémica en peligro. (Wikimedia Commons)

Atrapamoscas apical. Especie endémica en peligro (Foto: Juan José Arango).

Lo anterior es de suma gravedad para la biodiversidad puesto que el tintín antioqueño y el cucarachero paisa  solo habitan en Antioquia. Como si fuera poco, este último fue descubierto en  2012 y vive exclusivamente en los relictos boscosos del cañón del río Cauca. Según la Anla el cucarachero paisa “es vulnerable a la extinción por pérdida acelerada de su hábitat natural y especialmente por la construcción de represas hidroeléctricas y la consecuente inundación de su área de ocupación”. En otras palabras, una especie recién descubierta podría dejar de existir en menos de diez años.

Pero eso no es todo, el panorama del ecosistema acuático no es menos preocupante. De acuerdo con la autoridad ambiental “(…) 31 especies endémicas representan más de la mitad de los peces reportados en la caracterización íctica (53,45%), de las cuales la mayoría son especies de tallas menores”. Estos peces habitan los afluentes que desembocan en el río Cauca y sus poblaciones podrían desaparecer ya que son pequeños y no tienen la capacidad para desplazarse en aguas represadas. Además, ya se han dado casos de desaparición local de peces en Colombia, como es el caso del bocachico (Prochilodusmagdalenae) en el embalse de Betania, tal y como lo referenció la propia Isagén en su Estudio de Impacto Ambiental.

La inundación de Cañafisto sería un escenario ideal para que la rana toro, especie invasora identificada en esa zona, se reproduzca y ponga en riesgo otras poblaciones de ranas y peces pequeños propios del ecosistema.

A pesar de todos los argumentos de la autoridad ambiental, Isagén – ahora de propiedad privada–, insiste en conseguir la licencia para el proyecto, y el 23 de noviembre de 2015 interpuso un recurso de reposición. La empresa justifica la construcción de Cañafisto al indicar que el bosque seco en la región está bastante deteriorado y que el ecosistema se fortalecería a mediano plazo con las medidas de compensación que propone. Sin embargo, en sus razones desconoce que Corantioquia declaró la zona Reserva de Recursos Naturales de la Zona Ribereña del Río Cauca con fines de conservación.

A pesar de que han pasado más de seis meses desde que Isagén interpuso el recurso, la Anla no se ha pronunciado oficialmente al respecto. En entrevista con Semana Sostenible, la directora encargada, Claudia González, informó que ya se realizó la evaluación técnica del recurso. Sin embargo, la resolución definitiva se publicará a más tardar a finales de octubre. Por su parte, Isagén no dio detalles acerca del proyecto y solo dijo que está a la espera de la decisión.

Cañafisto se suma a la lista de proyectos que hacen parte de la eterna discusión entre conservación del medioambiente y desarrollo del país. Aunque existen alternativas de generación de energía a partir del viento y la luz solar, Colombia todavía no le apuesta de lleno a estas opciones. Hace unos meses la Upme afirmó que para 2040 la matriz energética más eficiente seguirá privilegiando la generación hidráulica, la cual participaría en un 59%, seguida del gas con un 16% y el carbón con un 10%; mientras que  solo un 10% de la energía provendrá del sol y del viento. 

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