Los impactos del Canal del Dique en los corales de Barú e Islas del Rosario han sido reconocidos por expertos nacionales que han trabajado en esta zona casi desde su construcción hace más de 50 años.

Esta crisis ambiental, que si bien se ha presentado en todo el Caribe y se relaciona con altas temperaturas y enfermedades, entre otras causas, se ha visto agravada en el sistema Barú-Islas del Rosario por los aportes continentales que son transportados a estas áreas marinas, ahora con características de estuarios intermitentes, por el río Magdalena hasta sus desembocaduras en la Bahía de Cartagena y de Barbacoas, a través del Canal del Dique

Los impactos del Canal del Dique en los corales de Barú e Islas del Rosario han sido reconocidos por expertos nacionales que han trabajado en esta zona casi desde su construcción hace más de 50 años así, como por las comunidades locales y demás usuarios de los servicios ecosistémicos de los arrecifes; usuarios que han visto disminuir esa oferta de servicios ambientales de estos proveedores críticos de hábitat para especies de interés comercial, turismo, entre otros.

Antes de la llegada de los españoles, los indígenas, desde Barbacoas, remaban hasta muy cerca del río, cruzando por un ‘rosario de ciénagas’; la más cercana al gran río, que luego fuera llamada “de Machado” por los españoles, estaba separada de él por una gran barra de arena de 3.000 varas.

Tan importante resultaba esta vía de comunicación con el río que Pedro de Heredia la recorrió en una de sus primeras exploraciones; fundó a Mahates el 17 de abril de 1533, seis semanas antes de fundar formalmente a Cartagena el 1 de junio. Durante las crecientes el río desbordaba por numerosos caños que corrían en sentido oeste, desde las poblaciones actuales de Campo de la Cruz por el norte y Barranca Nueva por el sur, hacia las ciénagas salobres y saladas al sur del actual San Estanislao.

El mito dice que el Canal del Dique fue construido por los españoles en el siglo XVII, pero la verdad es otra. Para descubrirla, veamos los Metros cúbicos movidos desde 1650:

 

Total siglo XVII:                        14.400 M3                00036%

Total siglo XVIII:                                                    

Total siglo XIX:                         1.240.000 M3            03%  

Total siglo XX:                          38.940.000 M3           097%

Segunda mitad del XX:               28.100.000 M3          70%

          

Gran total de Metros cúbicos dragados para construcción nueva: 40.194.400  

 

Lo que muestran las cifras de M3 movidos es que el Dique no es del siglo XVII. El brazo artificial del Magdalena que existe hoy, es una obra reciente, hecha en un 97 por ciento en el siglo XX, en un 70 por ciento de la segunda mitad del siglo XX y en casi un 50 por ciento, entre 1981-84. Los dragados de mantenimiento del canal,  de 1.200.000 M3 anuales, costaron en 2012 $12.296.000.000, unos US$7millones.

En el canal, entonces, se han hecho múltiples inversiones de las que sobresalen 3: una entre 1923 y 1930, otra entre 1951 y 1952, y una última entre 1980 y 1984.  Estos ensanches se hicieron para dar cabida a los convoyes de múltiples botes empujados por un remolcador. De 35 metros de ancho entre Calamar y la difunta ciénaga de Matubna, en el kilómetro 88, debajo de la actual ciénaga de Juan Gómez, fue ampliado a 100-120 metros de ancho entre el periodo de 1951 a 1984 y encajonado hasta las bahías de Barbacoas y Cartagena con una longitud inicial  en 1952 de 114.5 kilómetros. El crecimiento de los 3 deltas ha sido de 7 kilómetros en Matunilla, 4.8 en Lequerica y de 3.62 dentro de la muy profunda bahía de Cartagena, donde hoy rellena fondos de 80 pies.  Las ampliaciones hache se hicieron  de 1984 a 1996 fueron disfrazadas  como ampliaciones, pero sus efectos son evidentes.

La realidad histórica del Dique, entonces, es que lo único que le queda del siglo XVII, es su nombre. 

 

Los efectos de estas obras de ingeniería, sin embargo, han sido catastróficos. El transporte de sedimentos ha aumentado, y los efectos en las bahía de Cartagena y Babacoas, situadas frente a las Islas del Rosario, se convirtieron en una tragedia ambiental, agravada por la erosión de la cuenca del río Magdalena entre 1975 y 2012, condición que ha dado como resultado una transporte total de sedimentos en la estación de Calamar (ubicada al comienzo del Canal del Dique) de 184 millones de toneladas anuales (esto equivale a 1.650 volquetas de 6 toneladas cada hora). Estudios en el Canal del Dique, liderados por Juan Darío Restrepo Ph.D., profesor de la Universidad Eafit y director científico de la investigación de Ecoral en Barú, idican que el Canal del Dique transporta hacia las bahías de Barbacoas y Cartagena, un total de 9 millones de toneladas anuales (o el transporte de 1.800 volquetas de seis toneladas por día), que representan el 5 por ciento de la erosión andina del país.

Estos impactos incluyen la disminución de la salinidad del mar por los aportes de aguas continentales ‘dulces’ del Dique (los corales necesitan de 37 a 35 partes de salinidad. En el sistema Barú-Islas del Rosario hay hasta 27 partes), aguas que transportan nutrientes y sedimentos hacia los arrecifes. Esta nueva condición de estuario intermitente, ajena a la evolución y desarrollo de los corales, es una amenaza permanente de lo que queda de la plataforma arrecifal de Barú e Islas del Rosario.

La investigación que adelanta Ecoral también tiene serias evidencias científicas de que durante los últimos 10 años, más del 35 por ciento de todo el tiempo, los corales de Islas del Rosario han estado sumergidos en una “sopa nutritiva” de aguas del río Magdalena, condición que ha facilitado el sobre crecimiento de algas y la pérdida de un gran porcentaje de los corales vivos, afectando también el desove coralino.

Por esto el grupo de arrecifes coralinos de está participando activamente en el desove para entender cómo el Canal del Dique está afectando la reproducción de estos ecosistemas estratégicos. La hipótesis es que por bajas salinidades, altas temperaturas, elevadas concentraciones de nutrientes y material particulado, hay muy bajas tasas de fertilización, y alta mortalidad de las crías que se producen los cual se traduce en bajo ingreso de reclutas de coral al arrecife.


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