Imagen capa de ozono.

En un artículo publicado por la revista Nature Geoscience, los investigadores de la Universidad inglesa de East Anglia explican cómo analizaron la composición de una muestra de “aire sin contaminar”, recolectada en Tasmania entre 1978 y 2012, además de burbujas de aire atrapadas en una masa de nieve de Groenlandia de 2008.

Los hallazgos de los expertos indican que estos nuevos gases no fueron detectados antes de los pasados años sesenta. Esto llevó  a diversos especialistas a concluir que las sustancias son provocadas por el hombre y que pueden provenir de “plantas industriales” o ser “utilizadas de manera ilegal”, informó Efe.

Específicamente, los investigadores encontraron tres tipos nuevos de gases con la composición del clorofluorocarbono (CFC) y un tipo de hidroclorofluorocarbono (HCFC).

Los CFC tienen una capacidad de supervivencia de 50 a 100 años. Estos gases fueron ampliamente utilizados como refrigerantes y disolventes desde los años veinte del siglo pasado.

El informe explica que se ha probado que siete tipos de CFC y seis tipos de HCFC afectan profundamente la estabilidad de la capa de ozono, por lo que han sido prohibidos desde finales de los años ochenta por el Protocolo de Montreal, el tratado internacional que busca la preservación de la capa protectora de la atmósfera.

“No sabemos desde dónde se están emitiendo (las sustancias) y esto debería ser investigado. Entre las fuentes posibles figuran químicos para la producción de insecticidas o solventes para la limpieza de componentes electrónicos", dijo Johaness Laube, jefe del estudio.

Para Laube y su equipo, la identificación de estos nuevos gases “es muy preocupante”, puesto que estiman que alrededor de 74 mil toneladas han sido emitidas a la atmósfera, acumulándose a paso acelerado, pero destruyéndose a un ritmo muy lento. 

Piers Forster, científico de la Universidad inglesa de Leeds, dice que esta investigación expone que “la destrucción de la capa de ozono no es algo que pertenezca a la historia”.

"Las concentraciones halladas en este estudio son muy pequeñas. No obstante, el artículo nos recuerda que necesitamos permanecer atentos y vigilar continuamente la atmósfera", agregó Forster.

Con información de Efe. 

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