Los Cerros Orientales son, tal vez, el principal referente de Bogotá. No solo por ser esas majestuosas montañas de un verde intenso que han ordenado el crecimiento de la ciudad y sirven de brújula para ubicar a propios y extraños. También porque sus 13.000 hectáreas se han convertido en uno de los pocos patrimonios naturales de los ciudadanos. A pesar de los avances de los últimos años en su protección, aún persisten varios factores que amenazan su existencia.

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Este martes, la Corporación Autónoma de Cundinamarca (CAR) publicó un resumen de las principales actividades que están deteriorando los Cerros Orientales de Bogotá. A partir del análisis de los 178 procesos sancionatorios abiertos contra particulares y empresas, se concluye que las construcciones ilegales, el mal manejo de basuras y la minería son los tres grandes males que aquejan a este importante ecosistema. Esto, en términos ambientales, se traduce en afectaciones al suelo, a las fuentes hídricas y a la fauna y flora del lugar.

El 59 por ciento de los procesos tiene que ver con las afectaciones al suelo. Los 105 expedientes se discriminan así: 44 corresponden a la disposición inadecuada de basuras y escombros; 21 casos son el resultado de demoliciones y construcciones totales o parciales de edificaciones, explotación agrícola y pecuaria y almacenamiento y depósito de materiales; otros 21 por ocupación e intervención de zonas de ecosistemas estratégicos y violación a las normas del uso del suelo (POT, Pomcas y Planes de Manejo Ambiental); 13 entre minería, vertimientos y ampliación de fronteras agrícolas; y 6 más por incumplimientos a actos administrativos relacionados con planes de manejo en áreas protegidas.

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Por su parte, el manejo inadecuado de fuentes hídricas representa el 39 por ciento de los casos. De los 69 procesos, 40 están relacionados con vertimientos, intervenciones en áreas de ronda, ocupación de cauces y captación ilegal de agua. Asimismo, existen otros 29 procesos relacionados con afectaciones a la flora del lugar o, en otras palabras, por la tala de árboles nativos en ecosistemas estratégicos o áreas protegidas y aprovechamiento forestal sin permiso.

Por último, existen cuatro procesos sancionatorios relacionados con la tenencia ilegal de especies silvestres y contaminación del aire en los cerros orientales. Estas acciones en conjunto, además de acabar con los recursos naturales de la reserva, también amenaza la supervivencia de la fauna local. Según el Plan de Manejo Ambiental, en los Cerros Orientales existen unas 120 especies de aves, más de nueve de anfibios y unas 63 de mamíferos. Allí también se tiene registro del tigrillo lanudo, considerado como el felino colombiano más pequeño de todos.

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En mayo de este año, la CAR ordenó la demolición de El Bambú, una de las mansiones ilegales levantadas en el predio denominado El Bagazal. Esta decisión se produjo luego de una intensa polémica sobre estas construcciones y la real capacidad de las instituciones de ejercer su autoridad en el territorio. Y aunque dio una buena señal en este sentido, se espera que los otros 177 procesos abiertos tengan una resolución que garantice la protección de este ecosistema vital para todos los bogotanos.

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