El Ministerio colombiano de Ambiente pidió este miércoles el cierre paulatino de 1,5 kilómetros del sector norte de Playa Blanca, un concurrido balneario en la isla de Barú, cerca a Cartagena, en el Caribe colombiano, para proteger la tortuga Carey, una especie que ha disminuido sus tamaños poblacionales en todo el mundo y que está en peligro crítico de extinción.

La medida, que tendrá vigencia por siete meses, se ha tomado por graves problemas ambientales y delitos registrados en la zona, “lo que ha puesto en peligro de extinción a las tortugas Carey”, informó la entidad en un comunicado.

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Este único punto en el departamento de Bolívar (noroccidente) es usado por la especie para desovar entre los meses de mayo y noviembre.

Aunque el cierre estaba previsto para este miércoles, se determinó que se hará de forma gradual para no afectar a los nativos.

Por lo tanto, la Alcaldía de Cartagena deberá diseñar una estrategia para recuperar el ecosistema de manera paulatina. Igualmente, el Ministerio le ordenó a las autoridades regionales y locales que lleven a cabo las medidas necesarias para preservar dicho entorno.

Para dicho plan, la administración cartagenera tendrá un plazo de 30 días y deberá incluir la participación de las comunidades locales.

“Hemos acatado las disposiciones legales vigentes, estableciendo un compromiso y concertar unas acciones en 30 días a partir de comunicación oficial donde puedan desarrollar sin que la medida vaya en detrimento de los raizales de esa población”, dijo el alcalde de Cartagena, Quinto Guerra.

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La decisión tomada por el Ministerio responde a la “la falta de gobernabilidad” de las entidades locales en este concurrido sector turístico.

Uno de los hechos que preocupa a las autoridades locales es la drástica disminución de nidos de esta tortuga en dicha área por temporada.

Según reportes de Parques Nacionales Naturales de Colombia, mientras en 2008 se encontraban 13 nidos, en 2015 solo se encontró uno.

Esto “refleja las dificultades de la tortuga para acceder a la zona de anidación”, dijo Willer Guevara, viceministro de Políticas y Normalización Ambiental.

“Esta es una especie en estado crítico, el siguiente paso es su desaparición”, añadió el funcionario.

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Uno de los peligros que corre esta especie es el uso de su piel para elaborar elementos artesanales como aretes, collares y pulseras.

Además, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), el comercio ilegal de su caparazón, así como la pesca incidental y el saqueo de sus nidos tienen a esta especie a punto de desaparecer.

*Agencia Anadolu