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Por Milton López Tarabochia

El ojo humano, por más que lo intente, no puede observar el preciso momento en el que un colibrí se alimenta. Entre 20 y 50 veces por segundo, es la frecuencia natural del aleteo de una de estas pequeñas aves. Y, en momentos especiales, puede llegar a 100 veces por segundo. Ante la rapidez del colibrí (Trochilidae), científicos de las universidades de California y Connecticut (Estados Unidos) han desarrollado un complemento especial para que las cámaras trampa puedan captar aquello que no han podido registrar antes. Con esta nueva innovación, hoy es posible calcular el número de veces que aletea un colibrí.

Entre las ventajas que tiene este nuevo diseño, aparte de poder registrar animales de alta velocidad, está la opción de realizar acercamientos desde una posición distante con un lente tele macro, además del modo de pregrabación que permite registrar una acción específica segundos antes de que ocurra, para evitar así los retrasos en la captura de los movimientos, le explicó a Mongabay Latam James Mickley, uno de los científicos del Departamento de Biología Integrativa de la Universidad de California de Estados Unidos que ha inventado este nuevo sistema.

“Uno de los problemas con las cámaras trampa convencionales es que tienen una cámara integrada que es bastante limitada en lo que puede hacer. Resolvimos esto separando la cámara y la ‘trampa’, lo que nos permitió utilizar cámaras especializadas capaces de hacer lo que te he detallado”, agregó Mickley.

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Para asegurarse de la efectividad de este nuevo sistema, los científicos tuvieron que probar el mecanismo en los Andes del norte de Colombia donde abundan los colibríes. Durante la ejecución de un programa piloto, de las 35 veces que los colibríes visitaron las flores para alimentarse del néctar del polen, el sistema no pudo registrar una de ellas. El equipo de investigadores se vio obligado a afinar los sensores infrarrojos y la localización espacial, y volvieron de nuevo al campo. En esta segunda oportunidad, de las 107 visitas lograron capturar el 100% de ellas, de acuerdo al artículo científico publicado en la revista especializada Ecology and Evolution de la Biblioteca Online Wiley.

La unión de este nuevo instrumento completa los atributos de una cámara trampa para registrar especies como la neutralización del efecto de un observador frente a la especie ya que no necesita que alguien la esté maniobrando; puede permanecer grandes tiempos en los terrenos agrestes y compensa las limitaciones de la visión humana.

Hecho por científicos

El nuevo sistema de captura de cámara trampa es un instrumento creado por científicos y para científicos, indicó Mickley. El precio del mecanismo es de 40 dólares en promedio, sin embargo, la gran ventaja es que puede ser usado con cualquier tipo de cámara, no necesita de algún modelo en especial. Además las partes que utilizaron para construir el nuevo sistema de captura fueron obtenidas en el portal eBay y son de procedencia China.

“El hecho de que el sistema esté fuera de la cámara nos permite una flexibilidad en la elección de las cámaras, esto quiere decir que un investigador puede utilizar una cámara que ya tiene, o comprar las más baratas que pueda encontrar”, enfatizó Mickley.

Para este nuevo sistema, agregó el investigador, usaron una cámara que pudiera registrar video, como cualquier cámara estándar, y la colocaron procurando separarla de los sensores de disparo, para poder luego modificarlos y agregar capacidades inalámbricas.

¿Por qué los colibríes?

Alejandro Rico-Guevara del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Connecticut, fue el especialista que probó el nuevo mecanismo de captura con los colibríes. El resultado: logró calcular que los colibríes visitan las flores para alimentarse cada tres horas y por un lapso de diez minutos.

Rico-Guevara manifestó que entender el comportamiento de lo que se quiere cuidar es el primer paso para su conservación efectiva. “Con la velocidad y amplitud del aleteo que podemos obtener en estado silvestre mediante estas nuevas cámaras trampa, nos es posible estudiar su aerodinámica y gasto energético. ¡El vuelo sostenido de los colibríes es la forma de locomoción más costosa de la fauna silvestre!”, resaltó.

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Además de ello, Rico-Guevara agregó que este sistema de cámaras trampa permite estudiar no solo a los colibríes sino también la interacción directa de las flores con sus polinizadores, lo que permite “una protección holística de las funciones del ecosistema y sus componentes”.

La información que se puede obtener ahora del momento en el que el colibrí se alimenta, permite generar predicciones en cuanto a los impactos de la reducción del recurso, el efecto del cambio climático, entre otros factores que directamente ayudan a formar políticas de conservación, detalló el científico de la Universidad de Connecticut.

Los especialistas precisaron que este sistema no solo es útil para estudiar animales de alta velocidad como los colibríes. Aunque señalaron como único requisito que las especies investigadas sean de sangre caliente, para que su temperatura pueda ser captada por los sensores infrarrojos y no se confunda con la temperatura ambiental. Podría ser un ave o un mamífero. La ventaja es que mientras más grande que un colibrí sea, es más fácil el registro. Se planteó como una opción el estudio del leopardo (Panthera pardus).

“Pocos animales de sangre caliente son más pequeños que los colibríes, por lo que los animales más grandes, como por ejemplo los leopardos, deben ser aún más fáciles de detectar y capturar imágenes. Para algo como un leopardo, la flexibilidad en la elección de una cámara especializada podría ser muy importante, ya que la luz de las cámaras de infrarrojos podría capturar fotogramas por la noche con nuestro mecanismo de activación”, concluyó Mickley.

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