Han pasado cinco años desde que Colombia viviera uno de los fenómenos de la Niña más intensos de su historia. Todavía están frescas las imágenes de las impresionantes inundaciones que causaron la muerte de más de 1.000 personas y dejaron más de 7 billones de pesos en pérdidas materiales. La catástrofe fue tan grande que el gobierno creó el Fondo de Adaptación con la doble misión de que gestionara las ayudas humanitarias para los damnificados y convertirse, de ahí en adelante, en la entidad encargada de preparar al país frente a los impactos del cambio climático.

Como parte de esa preparación el Fondo de Adaptación suscribió en el 2013 un convenio con el Instituto Humboldt para recolectar toda la información disponible sobre dos de los ecosistemas más importantes en la regulación del ciclo hídrico: los páramos y los humedales. Ayer, bajo el título de Colombia Anfibia, se presentaron los resultados de una investigación que pretende hacerle entender al país de una vez por todas la importancia del agua y la necesidad urgente de ordenarse en torno a ella.

Colombia Anfibia contiene la mayor cantidad de información científica disponible sobre los páramos y los humedales del país. Por ejemplo, ahora sabemos que el 26% del territorio es o fue en algún momento humedal y que el 77% de la población habita en áreas de influencia de estos ecosistemas, por lo que presentan algún nivel de riesgo por inundación. “Esto no quiere decir que debamos empezar a prohibir todas las actividades humanas que se están realizando sobre estos ecosistemas, sino que es un factor que se debe tener en cuenta a la hora de prepararse para enfrentar los fenómenos climáticos”, aclaró Úrsula Jaramillo, coordinadora de la investigación de humedales.

A pesar de que los páramos ocupan solo el 2,5% del territorio, son las fábricas abastecedoras de agua para 15 ciudades capitales, soportan el 53% de la energía hidroeléctrica y alimentan 150 distritos de riego para la agricultura. Además, en ellos habita la mitad de los anfibios, el 43% de las aves y el 20% de las plantas y los mamíferos endémicos del país. Con toda esa información queda claro que el país necesita urgentemente medidas audaces, más allá de prohibiciones, que permitan proteger esta gran riqueza.

Otros datos de la investigación revelan que 150.000 hectáreas de páramos están concesionadas para la minería, mientras que el 13%  de la totalidad de estos ecosistemas se dedica a la ganadería y la agricultura, a la vez que sirven de asentamiento para 320.000 personas.

Este es solo un abrebocas de toda la información que contiene Colombia Anfibia. Más allá del detalle, lo que se espera es que estos insumos sean utilizados por el Ministerio de Ambiente para delimitar estos ecosistemas estratégicos para el país. Pero también que estos sean tenidos en cuenta por las corporaciones autónomas y los sectores productivos para ordenar y planificar las actividades en los territorios. Por eso, como explica Paula Ungar, coordinadora de la investigación de páramos, “trazar la línea es apenas el comienzo de la inmensa tarea que tenemos por delante para adaptarnos al cambio climático”.

Según el nuevo Ministro de Ambiente, Gilberto Murillo, “toda esta información permite tener una mayor comprensión de nuestros ecosistemas para hacer frente al calentamiento global y avanzar en la meta de reducir nuestras emisiones en un 20% hacia el 2030. Sin embargo, para lograrlo no es suficiente con estos datos: necesitamos grandes inversiones monetarias”. Y esa es precisamente la gran inquietud que surge al respecto. Por los pasillos del Ministerio ya corre el rumor de que el próximo año el presupuesto para el sector se reducirá en un 50%. Y sin plata será imposible involucrar los resultados de la investigación en una planificación que responda a los retos del cambio climático.

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