Cada día que pasa la preocupación mundial por el agua cobra más vigencia. El cambio climático, el aumento de la población y el vertiginoso desarrollo industrial, han hecho que el cuestionamiento por la posible ausencia del líquido vital sea tema de agenda en muchos países.

Esa ha sido la preocupación de la Universidad Central que realizó la semana pasada en Bogotá el Octavo Foro Nacional del Agua, donde se abordaron temas como agua y ciudad, agua y ruralidad y saneamiento y drenaje urbano.

Aunque muchas veces no seamos conscientes de la importancia de este recurso en nuestras vidas, el acceso al agua ha sido decisivo en el desarrollo de diversas civilizaciones y en el crecimiento de las ciudades actuales. Por ejemplo, el río Nilo fue esencial en el establecimiento de la cultura egipcia, mientras que el avance y poderío de las culturas mesopotámicas no se hubiera logrado sin los ríos Eufrates y Tigris.

No tan valorada

Las nuevas generaciones parecen preocuparse cada día más por el agua, pero esto no siempre fue así. En la época de la colonia, los españoles que llegaron a América se encontraron con grandes zonas inundadas repletas de ciénagas y lagos. No obstante, para ellos, dichos paisajes solo representaban suciedad y foco de epidemias.

Por esta razón desecaron grandes áreas donde hoy, por ejemplo, se ubican urbes como Bogotá y Ciudad de México. A pesar de esto, conservaron la cercanía con los ríos, a los cuales sí consideraban limpios y útiles para sus asentamientos.

De esta manera, la construcción de ciudades se concentró en zonas donde era fácil el acceso al agua. Sin embargo, no se contaba con que esas concentraciones urbanas crecerían de manera desproporcionada, trayendo consigo problemas como la sobreexplotación de acuíferos, grandes obras hidráulicas que afectan los ecosistemas, demanda desmedida de agua y deficiente dotación de agua potable y saneamiento.

Agua y ciudad

En Colombia, las ciudades ocupan solo el 0,5% del territorio, pero albergan al 77% de la población. Esto ha hecho que el gobierno privilegie el uso y disfrute del agua en estas regiones donde la industria también jalona el continuo aumento en la demanda de agua.

Cada día que pasa incrementa el número de personas que viven en zonas urbanas y esto se traduce en mayor demanda de vivienda y de consumo de agua. Por lo general esto ocurre en urbes donde ya no hay autoabastecimiento y se debe recurrir a acuíferos de otras regiones. “No podemos seguir pensando en ciudades tan grandes. El reto del postconflicto será repensar las ciudades y lograr que los campesinos vuelvan al campo”, dice Diego Francisco Rubio, asesor de la subdirección de Desarrollo Ambiental Sostenible del Departamento Nacional de Planeación.

Para Patricia Bejarano, directora de Planificación y Uso del Suelo de Conservación Internacional Colombia, uno de los mayores problemas es que el agua no ha sido tenida en cuenta como derecho sino como recurso. En ese sentido Rubio Agrega que durante años no se reconoció al líquido vital como elemento importante en la planificación nacional a largo plazo y que las políticas nacionales suelen cambiar rápidamente “cuando se necesitan mínimo 10 años de implementación continua para que la política pública sea exitosa”.

En el caso de Bogotá, la ciudad más grande de Colombia, se espera que tenga 3,5 millones más de habitantes en el 2050. Además, en la región de la sabana se espera una demanda de 2,7 millones de viviendas hacia esa misma fecha, lo que requerirá de mayores esfuerzos en la capacidad de abastecimiento de agua.

Además, si el Estado no les brinda oportunidades de vivienda formal a las personas, estas la harán de manera informal y esa es una de las razones del incremento en el número de asentamientos ilegales en ciudades principales e intermedias; donde las administraciones locales  tienen que responder rápidamente para satisfacer las necesidades básicas (entre esas el agua), sin importar si se cuenta con los recursos económicos y ambientales para hacerlo.

Lo anterior es un enorme desafío ya que Colombia se ha creído ‘el cuento’ de que es una potencia hídrica. “Se necesita una gran política poblacional. En pocas décadas habrá una crisis ambiental, entre otras razones, porque habrá un déficit hídrico. Se estima que el 50 por ciento de los páramos en la región desaparezcan”, afirma Susana Muhamad, exsecretaria de Ambiente de Bogotá. Según dice, actualmente se planea lo ambiental sin contar con la visión de la conectividad ecológica y “no podemos mirar el árbol perdiendo de vista el bosque”, asegura.

Controlar el tamaño de las ciudades

El gran reto está en controlar el crecimiento de las ciudades. “Es necesario dejar de pensar en la ciudad como eje de desarrollo, pero no es fácil pues la globalización presiona a las regiones para que expanda las grandes urbes y conformen zonas metropolitanas que hacen difícil la gestión del agua”, asegura la mexicana Patricia Ávila del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad  de la Universidad Autónoma de México (Unam). “El sector inmobiliario seguirá presionando para que las ciudades crezcan porque ese es su negocio. Por eso se necesitan modelos descentralizados que regulen la voracidad del sector y de los grupos dominantes”, añade.

A todo lo anterior se suman varios conflictos por uso y apropiación del agua, como por ejemplo los cambios “obligados” en el uso del suelo en zonas de reserva. “El ordenamiento de nuestros territorios debe hacerse en torno al agua”, comenta el profesor Rodrigo Marín, investigador del grupo Agua y Desarrollo Sostenible de la Universidad Central.

El uso del agua por parte de la industria es otro tema al cual se le debe prestar atención. Colombia tiene uno de los cobros más baratos por metro cúbico de agua, con 0,81 pesos. Además, del 1% que se recauda para conservación, solo el 0,11 a nivel municipal y el 0,33 a nivel departamental se destina para tal fin. Es decir, el restante se pierde o se destina a rubros diferentes.  Por otro lado, hay un déficit de 5,1 billones de pesos para poder implementar la política hídrica nacional.

“Hay que fortalecer la descentralización y el pago por servicios ambientales. Por ejemplo, el municipio de Fómeque es 67% área protegida, porque ahí está el Parque Nacional Chingaza. Fómeque surte de agua a Bogotá y ese servicio debería de pagarse”, concluye Diego Francisco Rubio.

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