Por: Mike Gaworecki - Traducido por Alba Gómez / Mongabay Latam

Actualmente se utilizan muchas estrategias de conservación en los trópicos con el fin de frenar la deforestación, preservar la biodiversidad y mitigar el calentamiento global. Pero a menudo los ecologistas y los investigadores señalan la necesidad de tener más y mejores evaluaciones sobre la efectividad de estas variadas iniciativas de conservación con el fin de determinar qué funciona realmente y qué no.

La revista Plos One publicó a principios de noviembre una colección de estudios que intentan llenar esta laguna del conocimiento al evaluar la eficacia de numerosos programas y políticas de conservación forestal en África, Asia y Latinoamérica. Entre estas políticas encontramos planes de certificación, gestión forestal comunitaria, entrada en vigor de legislación forestal, pagos por servicios ambientales y áreas protegidas.

Un estudio general dirigido por Jan Börner de la Universidad de Bonn (Alemania) y el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) se centra en el cambio anual de la cobertura forestal como medida de los efectos de conservación que han calculado los catorce estudios de la colección. La última evaluación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que la cobertura forestal natural de la Tierra sigue disminuyendo, pero a un ritmo anual menor que en el pasado. “La reducción de la tasa de deforestación puede ser el resultado de un crecimiento económico más lento, ya que baja la demanda de terrenos despejados para urbanización, o una señal de que las políticas de conservación son un éxito”, escriben Börner y sus coautores en el estudio general.

Por tanto, ¿qué estrategias de conservación forestal han demostrado ser realmente efectivas sobre el terreno de los trópicos? Sin duda, las áreas protegidas son una de las estrategias más empleadas y cuatro estudios de la colección de Plos One revisaron su efectividad en Brasil, Chile, Costa Rica e Indonesia. Estos estudios hallaron un impacto positivo de nivel bajo-moderado, ya que las áreas protegidas en esos países son responsables de que la cobertura forestal aumentase entre un 0,08% y un 0,59% por año.

“En las áreas protegidas más efectivas (en este caso la Amazonía brasileña), se conserva un 6% más de cobertura forestal que en el terreno no protegido en tan solo una década”, según una entrada en el blog de CIFOR que se publicó junto con la colección de Plos One. “En el caso de las áreas protegidas menos efectivas (en este caso Indonesia), solo se preserva un 0,8% más de cobertura forestal en diez años”.

Börner y sus compañeros señalan en el estudio general que “la disminución global de la pérdida de cobertura de árboles tropicales viene en gran parte impulsada por unos pocos países, como Brasil”, y quizá por ello este país se examinó más minuciosamente que la mayoría. Un estudio de la colección que observó concretamente las áreas protegidas de la Amazonía brasileña halló que redujeron la deforestación en un dos por ciento de media, entre 2000 y 2008. “No obstante estos efectos varían según el tiempo y el lugar”, escribieron Börner y su equipo. “Descubrieron (1) una menor efectividad de protección conforme disminuía la tasa anual de perdida forestal en toda la zona a lo largo del tiempo; y (2) una mayor efectividad en las áreas protegidas cercanas a ciudades y vías de transporte, donde la presión sobre los recursos forestales suele ser alta”.

Otros tres estudios midieron la efectividad de las llamadas políticas de “mando y control” en Brasil que están en el conjunto de medidas que ayudaron a reducir bruscamente la deforestación amazónica durante la última década.

Se comprobó que la puesta en vigor de leyes forestales y la divulgación pública de los delincuentes han ayudado a reducir la perdida forestal anual en un 0,13% y un 0,29%, respectivamente. Mientras tanto, un enfoque de conservación jurisdiccional que proporcionaba incentivos presupuestarios a gobiernos locales en la Amazonía oriental, dio resultados contradictorios. La iniciativa ayudó a reducir la tasa de deforestación algunos años, pero no en todos los años estudiados.

Los estudios de la colección también han examinado enfoques basados en incentivos como los pagos por servicios ambientales (PSA). Según CIFOR, un programa en Costa Rica presentó un “impacto moderado en la conservación forestal” de un 0,32% por año, mientras que un plan subnacional en México consiguió un “fuerte” aumento del área forestal anual de un 2,39%.

También se evaluaron los efectos a largo plazo de los PSA. Por ejemplo, un estudio que examinó un plan de pago subnacional en Colombia consiguió que incluso después de que acabara el programa su impacto “se mantuviera casi por completo”.

“Un metaestudio previo halló que en gran parte el impacto medioambiental de los PSA era bajo, ahora estos nuevos estudios pintan un futuro algo más optimista”, según CIFOR. Pero “el mayor impacto de conservación forestal total (4,56% anualmente) entre medidas incentivadoras se midió al comparar los cambios en la cobertura vegetal entre concesiones madereras certificadas y no certificadas en Indonesia”.

Un estudio de la colección miró las concesiones madereras de Indonesia que estaban certificadas por el Consejo de Administración Forestal. Determinó que entre 2000 y 2008 la certificación aumentó la cobertura forestal en un cinco por ciento de media en comparación a concesiones no certificadas. “Además se puede relacionar la certificación con una disminución importante de la dependencia de la leña (33%), de la contaminación del aire (31%), de las infecciones respiratorias (32%) y de la malnutrición en las localidades participantes”, añaden Börner y el resto de autores.

Otros tres estudios que aparecen en la colección intentan determinar el impacto de desarrollo y socioeconómico de las políticas de conservación forestal. Un estudio halló que el PSA en Costa Rica ni ha mejorado ni ha empeorado el bienestar de las comunidades locales, mientras que las iniciativas de gestión forestal comunitaria en Tanzania y Namibia proporcionaron importantes beneficios para la salud y la educación.

Sin embargo, finalmente los autores del estudio general concluyen que, como las diferencias en el impacto de conservación no vienen dadas solamente por el tipo de medida de conservación empleada, un punto clave de la investigación es que necesita ir más allá del actual enfoque científico de calcular los efectos promedios de los “programas de conservación sin diferenciar”, en lugar de examinar elementos específicos de cada programa y el contexto en el que se implementa. Según los autores: “ambos factores son igual de importantes para entender la efectividad de los programas de conservación”.

“Sería especialmente vital tener un mejor entendimiento de los mecanismos causales sabiendo qué programas de conservación tienen efecto”, según los autores. “Para alcanzar este entendimiento debemos avanzar tanto en teoría como en método”, enfatizan.

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