AFP

Esta semana y la próxima, la convención más grande sobre el cambio climático en el mundo toma lugar en París (Francia). Se trata de la vigésimo primera conferencia internacional sobre el cambio climático creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su objetivo es vencer la sombra de fracasos de conferencias anteriores y consolidar, esta vez, un acuerdo vinculante para los Estados miembros. Según los científicos del clima: las catástrofes que se avecinan no tendrán revés salvo el mundo se comprometa con la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a los fines de garantizar la continuidad de las especie humana más allá del 2050, tras la escasez de recursos naturales.

En la XVIII Conferencia celebrada en Qatar en 2012, Canadá, Estados Unidos, Rusia, China y Japón se negaron a suscribirse a las recomendaciones de las 500 páginas de Kioto (Protocolo de Kioto sobre el cambio climático). Estados Unidos y Japón abandonaron el protocolo en 2001 y el resto de los mencionados se siguió sumando so pena quedar rezagados en la carrera capitalista (la producción en masa requiere de una explotación de recursos a gran escala).

En el 2006 se les había dado a estos países un plazo para hacer ajustes dentro de los próximos cuatro sobre los modos de producción (desarrollo sostenible) y así impedir la escasez del agua potable que los científicos advierten para el 2030. Ya han pasado nueve años y el panorama no es favorable, pues los países que más contaminan son los mencionados anteriormente, en especial Estados Unidos, que con apenas el 4% de la población mundial consume alrededor del 25% de la energía fósil generando por sí solo más del 50% de la contaminación global, esto según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

A esta cumbre asisten jefes de Estado de 195 países, entre ellos los socios de la Unión Europea (UE), que buscarán un acuerdo global sobre el cambio climático para que la temperatura del planeta Tierra no aumente más de 2 grados centígrados a finales de siglo (frente a los 2,7 grados que implicarían las contribuciones actuales). También se abordarán temas como la "descarbonización" de la economía, la mejora de la eficiencia energética y la participación de las energías renovables.

El plan de contingencia

Según un informe revelado por la ONU la semana pasada, el calentamiento global ha dejado un saldo de hasta 600.000 personas muertas en las últimas décadas, es decir, aproximadamente 30.000 cada año. A propósito, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, presentó este lunes un plan para que los países más vulnerables puedan anticipar desastres naturales agravados por el cambio climático, lo que permitiría salvar, según los expertos, hasta 23.000 vidas al año.

“Aumentar la adaptación de los países en desarrollo podría salvar al menos 23.000 vidas y aumentar la productividad en 20 millones de dólares al año”, detalló el máximo responsable de la ONU. La iniciativa a través de la cual se pretende llevar a cabo el salvamento de miles de vidas fue titulada “A2R: Anticipar, Absorber, Remodelar”. Los países pobres “son los que menos han contribuido al calentamiento global” pero los más afectados de sus consecuencias, advirtió Ban.

El plan presentado por Ban complementa otros proyectos ya existentes como la Iniciativa de Adaptación Africana, que presentó el presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, para adecuar los sistemas de alerta temprana en su continente y para movilizar fondos de los países ricos para responder a los desafíos medioambientales. Según los cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la adaptación de África a los retos del cambio climático requerirán 12.000 millones de dólares hasta 2020 y a partir de esa fecha las necesidades de financiación crecerán "exponencialmente" hasta los 100.000 millones de dólares en el horizonte de 2050.

El papel de China y Estados Unidos

Los líderes de las dos mayores potencias mundiales, el estadounidense Barack Obama y el chino Xi Jinping, dejaron patente su intención de trabajar juntos durante la cumbre climática de París para consolidar un acuerdo que logre reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), pero que también respete sus preocupaciones capitalistas.

Este gesto sigue la estela del anuncio conjunto que ambos mandatarios hicieron en noviembre de 2014 cuando mostraron un inédito frente común en favor de la lucha contra el cambio climático, aunque con medidas lejos de ser uniformes.

Esta alianza creó recelo entre otros socios, como la Unión Europea, que tradicionalmente ejerce el liderazgo mundial en la promoción de políticas climáticas y medioambientales y quiere que ambos países sean realmente ambiciosos, asuman compromisos reales y sean transparentes en sus acciones.

La implicación de China y Estados Unidos es fundamental para alcanzar un verdadero acuerdo mundial y evitar un fiasco como el vivido en la cumbre de Copenhague (2009). La cuestión que queda por responder es a qué precio ambas potencias están dispuestas a comprometerse y en qué términos.

“He venido aquí personalmente para decir que Estados Unidos no solo reconoce su papel en la creación de este problema, sino que asume su responsabilidad de hacer algo”, afirmó Obama en el discurso que pronunció ante los líderes, a los que pidió garantizar “un acuerdo ambicioso”.

El presidente estadounidense, en cambio, eludió entrar en la cuestión de si este pacto debe o no ser vinculante, algo que demanda buena parte de la comunidad internacional, pero que Washington parece querer eludir.

China, el mayor emisor mundial de dióxido de carbono (CO2), también quiere asegurarse de que se le conceda el margen suficiente para aplicar las soluciones que considere más apropiadas a su situación.

*Con información de agencias

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