*Por: Guillermo Rico / Mongabay Latam

Un poco más de la mitad de Colombia está cubierta por bosques, lo que la convierte en el tercer país con mayor superficie de bosques en América del Sur (luego de Brasil y Perú). Pero en los últimos 25 años se han perdido casi seis millones de hectáreas de bosque, particularmente en el norte de la cordillera de los Andes, la región Caribe y la Amazonía según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM).

El escenario de las últimas décadas en Colombia, caracterizado por la expansión de la frontera agropecuaria, la emergencia de cultivos ilícitos, la minería ilegal y el uso insostenible de los recursos madereros ha contribuido enormemente con la deforestación y la pérdida de la biodiversidad a lo largo y ancho del país.

La pérdida de hábitats y la fragmentación de los bosques contribuyen al aislamiento de pequeñas poblaciones naturales e incrementa las probabilidades de extinción y pérdida de biodiversidad. Bajo ese orden de ideas, el experto conservacionista Kent Redford, en su clásico The empty forest, enfatiza que “las selvas pueden ser destruidas desde afuera por deforestación y desde adentro por defaunación”.

Este es justo el panorama que se observa en los bosques colombianos: un evidente hilo conductor entre la deforestación y la extracción de fauna silvestre, que permite que anualmente se trafiquen más de 50.000 especímenes silvestres y se ponga en riesgo la viabilidad de numerosas poblaciones naturales (según datos para 2015 de la Policía Ambiental). No en vano desde hace décadas la pérdida de hábitat y la fragmentación son consideradas graves amenazas para la conservación de la diversidad biológica.

Más allá de una mera cuantificación de la pérdida de especies y de las muertes de individuos por la deforestación, resulta dramático el efecto que puede tener este fenómeno sobre los servicios ecosistémicos del bosque y, en términos generales, sobre todos los procesos ecológicos que en estos suceden.

¿Qué hacer y cómo hacerlo?

Debido a la deforestación y a sus consecuencias, los científicos conservacionistas han planteado varias soluciones potenciales. Dentro de estas se destaca el uso de corredores biológicos para incrementar la conectividad entre fragmentos de bosque.

Si bien el establecimiento de corredores biológicos también ha sido controversial (su implementación es costosa y en muchos casos no se evalúa su eficacia en la conectividad de poblaciones, pueden favorecer la dispersión de enfermedades, plagas, depredadores o la propagación de incendios forestales), diversos especialistas sostienen que es la mejor alternativa para conectar poblaciones naturales y fragmentos de bosque.

Así lo estima José Fernando González, biólogo conservacionista y director del Proyecto de Conservación de Aguas y Tierras (ProCAT): “Los corredores son una herramienta de conservación y no deben ser el fin último”. Para González, quien es además presidente del grupo de especialistas en carnívoros pequeños de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una de las críticas a los corredores es no tener claro qué se está conectando.

“No se trata de conectar por conectar, no tiene sentido conectar dos bosques vacíos o aquellos que sean sumideros de fauna. Eso sí, los corredores son fundamentales a nivel de costo beneficio porque si bien las áreas naturales protegidas son importantes para la conservación, no las puedo tener por todo lado. En cambio, los corredores biológicos son menos requirentes de área y pueden contribuir al mejoramiento de la vida de la gente y a la vez pueden promover la conservación de los servicios ecosistémicos”, dijo el experto.

“Los corredores son definitivamente una estrategia fundamental en el mantenimiento y persistencia de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, particularmente en aquellos paisajes rurales y urbanos donde los fragmentos de ecosistemas y hábitats naturales cada vez cubren menos área y se encuentran generalmente desconectados unos de otros”, aseguró Juan David Amaya, biólogo e investigador de la Universidad Javeriana. Para Amaya existen múltiples ejemplos exitosos a nivel mundial y nacional. “Casos como el del corredor creado para el paso de lobos en el Parque Nacional Jasper en Alberta, Canadá, o el del Corredor Barbas-Bremen en el municipio de Filandia, Quindío que se ha comprobado restauró la conectividad para grupos de monos, aves y otros pequeños mamíferos, son buen ejemplo de ellos”, asegura.

No obstante, el establecimiento de corredores biológicos no es tarea fácil ni algo que se puede hacer sin contar con los insumos necesarios. Para Amaya “en primer lugar se debe comprender qué queremos conectar y qué queremos lograr con esto. ¿Queremos que esa conectividad facilite el movimiento de una libélula, el de una tingua o el de algún proceso que estas especies desarrollen?”. Amaya enfatizó que este proceso debe incluir gestión de información sobre los ecosistemas y las poblaciones naturales que se buscan conectar o sobre aquellas presiones antrópicas existentes.

En esto coincide González, quien aseguró que para establecer un corredor biológico es preciso contar con información científica de fondo que permita definir indicadores que ayuden a su vez a tomar decisiones. “Si bien es importante la información estructural, dónde hay bosque y dónde no hay, se deben incorporar otros criterios biológicos como la estimación de ocupación y de variables que afecten la movilidad de una especie en el paisaje” dijo.

ProCAT viene trabajando bajo un modelo de circuitos o pinch point para definir las rutas de conectividad dentro de un corredor biológico. “Es algo pionero, que con un soporte biológico fuerte permite tomar decisiones sobre la marcha y definir las rutas de conectividad óptimas”, aseguró González.

Para el establecimiento del corredor biológico del Programa Paisajes Conectados en el departamento de Caquetá, dentro de muchos indicadores que se definieron, fue necesario identificar los objetos de conservación que se podrían beneficiar potencialmente. “Se hizo un estudio de conectividad con análisis de coberturas y se tuvo en cuenta el mono churuco (Lagothrix lagotrichia) en la región de piedemonte amazónico, pero también se trabajó con la gente en campo para identificar los lugares importantes para la comunidad”, dijo Andrea Montero, administradora ambiental y especialista en monitoreo y evaluación del Proyecto Paisajes conectados en Caquetá liderado por el Fondo Acción y otras organizaciones como Amazon Conservation Team en el sur del país.

“El éxito de todos estos procesos, requerirá trabajar también en la recuperación de la calidad de hábitat de esos espacios de tal manera que sean realmente aptos para esas poblaciones que queremos conectar. Igualmente, involucrar a la sociedad civil en la planificación e implementación de estas iniciativas como única forma de dar viabilidad a largo plazo a estos espacios través de su apropiación social”, dijo Amaya.

Al respecto, Montero aseguró que “el corredor biológico toca negociarlo con cada propietario porque es en su predio donde se está estableciendo. Con el tiempo, se dará cuenta de los beneficios de los corredores dentro de su finca, verá los resultados positivos y hará corredores adicionales”.

Conectando paisajes y poblaciones naturales

Colombia tiene numerosos proyectos para corredores biológicos. De hecho, el uso de corredores biológicos fue incluido como una de las herramientas de manejo de paisaje dentro del Plan Nacional de Restauración Ecológica, Rehabilitación y Recuperación de Áreas Disturbadas en el país.

El IAvH ha desarrollado herramientas de manejo del paisaje en áreas afectadas por uso agropecuario y forestal en diferentes lugares del país, y ha consolidado cinco corredores biológicos que conectan los bosques subandinos del Parque Regional Natural Barbas-Bremen y el Parque Regional Natural Cañón del Río Barbas entre Quindío y Risaralda. Este proyecto ha sido calificado por expertos de la Sociedad Iberoamericana y del Caribe de Restauración Ecológica como uno de los mejores a nivel internacional, pues integra áreas protegidas, promueve la conectividad funcional, conserva la biodiversidad y presenta una planificación del uso de la tierra como un medio para alcanzar los objetivos de conservación.

Según un estudio realizado en 2014 y 2015 por investigadores de la Universidad del Quindío, los corredores biológicos de Barbas-Bremen sirven de hábitat a especies de reptiles que probablemente no podrían subsistir en la matriz de pastizales y cultivos que predominan en el paisaje del área de estudio, como lagartos y el crótalo cornudo de Schlegel, pero aún no se puede inferir si hay flujo de individuos entre las reservas naturales de Barbas-Bremen.

En el occidente del país también se ha implementado esta estrategia para conservar algunas especies y contrarrestar la deforestación. Según lo expresado por Pedro Nel Montoya, Director de Gestión Ambiental de la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC), en esta región se han implementado corredores biológicos para conservar la biodiversidad en cuencas como las de los ríos Nima y Cali, así como para conectar reservas forestales como las de Yotoco y La Albania. Precisamente, en la cuenca del río Cali el establecimiento de corredores biológicos tiene el potencial de conectar poblaciones aisladas de especies amenazadas como la tángara multicolor la guacharaca colombiana y el corcovado castaño.

El oso de anteojos, que enfrenta un alto riesgo de extinción a nivel regional, es también una de las especies que se han beneficiado mediante la valoración, identificación y establecimiento de corredores biológicos en Colombia. En un área de alta actividad agropecuaria de más de 56.000 hectáreas comprendida en los municipios de Floridablanca, Piedecuesta, Santa Bárbara y Guaca en el departamento de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS), más allá de buscar la conservación del oso de anteojos, ha promovido la conexión de ecosistemas de bosque altoandino y páramo, y de paso ha cobijado ecosistemas estratégicos de alta productividad biológica como los complejos lagunares y de turberas, caracterizados por tener un gran importancia ecológica y ambiental.

Otra de las especies emblemáticas que se han visto favorecidas por el establecimiento de corredores biológicos es el jaguar en la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM). En esta región, ProCAT viene trabajando en microcorredores biológicos entre las cuencas y un gran corredor que conecta la SNSM. “Desde hace seis años estamos trabajando fundamentalmente con finqueros cultivadores de café de sombra a los que queremos certificar con un sello llamado Jaguar Friendly, que busca ofrecer al mercado un café gourmet cultivado en fincas que garantizan las condiciones ecológicas para la conservación del jaguar”, dijo González.

 “El café de sombra estructuralmente es muy parecido a un bosque y un jaguar lo utiliza sin problema. Puede funcionar incluso como un hábitat transitorio. El cordón cafetalero de hecho es una zona de amortiguación para la SNSM”, añadió.

El trabajo de ProCAT en la SNSM ha arrojado resultados positivos tanto para la comunidad como para la biodiversidad. González sostiene que “desde que comenzamos a trabajar con las comunidades no ha habido conflictos con las jaguares ni tampoco felinos muertos. Se empiezan a ver los cambios”.

Como parte de todo este tipo de procesos, la siembra de árboles es una actividad necesaria para el establecimiento de estos corredores biológicos y en la cual la participación de la comunidad es vital. En el Proyecto Paisajes Conectados, desarrollado desde hace tres años en los municipios de San José, Belén de los Andaquíes, Solano y Cartagena del Chairá del departamento de Caquetá, se han sembrado más de 65.000 árboles, de los cuáles casi el 70 % ha sido aportado por la comunidad. El cacaoy el caucho han sido los más plantados en esta región amazónica.

En algunos casos, para el establecimiento de corredores biológicos han contribuido en gran medida los predios destinados para la conservación. Precisamente, con base en información geográfica y predial se han diseñado corredores biológicos en el departamento de Risaralda mediante la adquisición de predios adquiridos previamente por la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), los municipios y la gobernación para la protección de las cuencas abastecedoras de acueductos municipales.

Montero indicó que cuando se busca establecer un corredor biológico, “debe incluirse en el ordenamiento territorial y permear la institucionalidad para que queden incorporadas en el plan de desarrollo de cada municipio”. De esta forma se salvaguarda el corredor biológico con seguridad jurídica y se garantiza su establecimiento a futuro.

La cercanía a parques naturales favorece el diseño y establecimiento de corredores biológicos. Este es el caso del Proyecto Paisajes conectados en Caquetá liderado por el Fondo Acción y Amazon Conservation Team en el sur del país, que incorporó dentro del corredor biológico el Parque Nacional Natural Alto Fragua Indi Wasi. En muchas de estas iniciativas se ha identificado que, a pesar de la gran presión antrópica a la que están actualmente sujetos, la alta conectividad de los bosques cercanos a los cuerpos de agua sirven de corredores biológicos naturales permitiendo importantes interacciones ecosistémicas.

En varias zonas del país se han identificado corredores biológicos como estrategia de recuperación de paisajes altamente fragmentados. La microcuenca La Bolsa en Marinilla, Antioquia, los bosques de roble en el corredor de conservación Guantiva – La Rusia – Iguaque y la microcuenca del río Sogamoso, en los departamentos de Santander y Boyacá son tan solo algunos ejemplos.

De forma adicional a estos proyectos significativos, ProCAT ha iniciado el trabajo preliminar de iniciativas de corredores biológicos en diferentes partes del país. “Venimos trabajando en Aguazul y Tauramena en el Casanare, en la región del Guavio, en la sabana y los cerros orientales de Bogotá y en haciendas ganaderas y sectores de exploración petrolera del Magdalena medio”, informó González

Conservación de servicios ecosistémicos

El Corredor Parque Nacional Natural Farallones de Cali – Bosque de Niebla San Antonio – Jardín Botánico busca proteger el recurso hídrico básico para el abastecimiento de una buena parte de la población de la ciudad de Cali, así como de la población rural asentada en su periferia. Igual objetivo se persigue con todos los corredores biológicos establecidos en Colombia. Cuando estos aprovechamientos se realizan cuidando la integridad de los suelos, los asentamientos humanos en la cuenca pueden ser sustentables en el tiempo.

De igual manera, los resultados alcanzados por ProCAT en la SNSM trascienden la conservación del jaguar. “Más allá del corredor buscamos favorecer múltiples servicios ecosistémicos y bienestar humano. Hemos identificado áreas prioritarias para implementar programas de captura de carbono y calidad hídrica, siendo los corredores biológicos el eje articulador con la conservación del jaguar. Estamos también abriendo un mercado para el café gourmet que se ofrezca a un precio diferencial. Además la Corporación Autónoma del Magdalena está en vía de establecer un esquema de pagos ambientales en el corredor” manifestó González.

Según Montero, los productores del Caquetá, donde el Fondo Acción viene trabajando en la implementación del corredor biológico, incorporaron el castaño para recuperar la especie y generar ingresos para la comunidad. “Se identificaron árboles silvestres establecidos dentro de las fincas, se hizo cosecha y se estableció un acuerdo de compra con una empresa privada. Los campesinos reconocieron las bondades del castaño y ya no tumban para abrir potrero, lo están propagando”, sostuvo.

La identificación de esta especie como parte del establecimiento del corredor en el Caquetá permitió a la comunidad cambiar un cultivo ilícito por una especie a todas luces promisoria. “El proyecto ayudó a visibilizar en la comunidad el castaño como fuente generadora de ingresos. Muchos de ellos eran cocaleros y ahora parte de sus ingresos provienen de la venta de la nuez del castaño”, dijo Heidy Angarita, directora del Programa Paisajes Conectados de Fondo Acción.

En Caquetá, el Fondo Acción ha logrado además identificar de forma concreta beneficios del corredor biológico como parte de un arreglo silvopastoril dentro de las fincas de las personas vinculadas al proyecto. “Se tienen datos de implementación de cercas vivas, de árboles sembrados, de aislamiento. En sistemas productivos ganaderos, con el establecimiento de corredores y divisiones de potreros, el productor notaba mayor rendimiento y productividad en su finca. El uso de la pastura pasó de 3 a 12 días”, sostuvo Montero.

Tendiendo puentes y superando dificultades

De acuerdo con un proyecto implementado en 2013 por la Asociación de Corporaciones Autónomas Regionales y de Desarrollo Sostenible (Asocars) y la Universidad ICESI en la cuenca del río Cauca, “la conservación en paisajes rurales supone la conservación en predios rurales privados”. Esto no se logra solo mediante esfuerzos enfocados en el mantenimiento de las coberturas boscosas nativas, es necesario promover el manejo y el mejoramiento de la forma de producción y el uso de los recursos en cada finca, de tal manera que no se afecte la productividad y no se vaya en detrimento de la biodiversidad. Se trata de un reto teniendo en cuenta la complejidad de los paisajes rurales y las condiciones socioeconómicas de la población de cada territorio.

“Uno no puede entrarle a un pequeño productor para que deje propagar el bosque si no le amarra la conservación con mejorar las condiciones de su finca y de su vida”, aseguró Angarita. Algo similar sucedió durante la intervención en la cuenca río Cali por la CVC. En el convenio realizado entre la CVC y la Universidad Autónoma de Occidente en 2012 para la recuperación de la cuenca del río Cali, se propuso trazar puentes de comunicación entre la comunidad, particularmente entre los dueños de los predios y el equipo de profesionales de las diferentes disciplinas ambientales al que le correspondió implementar los procesos de restauración y conservación en el terreno. Se construyeron y firmaron acuerdos con los propietarios o entidades para que se facilitaran los procesos, despejar inquietudes, aclarar la importancia de la implementación de acciones para las partes y eliminar temores que hubieran generado conflictos y obstáculos para la buena marcha de la iniciativa.

En Caquetá el Fondo Acción vinculó el proyecto a una comunidad diversa conformada por campesinos, colonos e indígenas. “Trabajamos en fortalecimiento de capacidades e involucramos familias como una estrategia para darle sostenibilidad a las acciones. Lo que necesitamos es que aparte de conectar paisajes la comunidad participante haga un vínculo entre sí”, aseguró Montero.

En un país como Colombia, lleno de complejidades socioeconómicas, el conflicto armado es sin lugar a dudas una limitante adicional para la implementación de un corredor biológico, máximo cuando este puede atravesar regiones de importancia estratégica para el tráfico de cultivos ilícitos, la minería ilegal y el tránsito de grupos armados al margen de la ley.

Montero considera que “parte del cambio de chip del campesino estaba planteado en el proyecto desde el principio. La idea era establecer corredores bioculturales para hacer comunidad. En este caso fue clave establecer lazos entre la comunidad en una zona donde haya habido tanta violencia”. En este caso, como en otros que se han implementado en el entorno rural colombiano la participación de la comunidad es definitiva. “Que terminen trabajando juntos para establecer conectividades y llegar a acuerdos conjuntos es hacer comunidad. En Caquetá miembros de la comunidad presentaron propuestas para unir parches. Se transmitieron esos conocimientos a las siguientes generaciones. Surgieron temas como llevar a los niños a las capacitaciones y enseñarles la importancia de la conservación. Todo esto puede ser más importante que el número de árboles sembrados”, enfatizó Montero.

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