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¿Cómo podríamos resolver el siguiente problema? Un grupo de ranas se ha quedado aislado en una región fragmentada del Bosque Atlántico de Brasil debido a la proliferación desordenada de una plantación de caña de azúcar, que ha sido construida en tierras deforestadas. Como consecuencia, las ranas no pueden moverse con seguridad entre la zona donde se alimentan y la zona donde se reproducen. Si esta situación se mantiene, corren el riesgo de extinguirse.

¿Cómo pueden sobrevivir y prosperar estos anfibios a pesar de la actividad humana, que daña su frágil ecosistema? Un grupo de investigadores brasileños cree haber dado con la solución: construir un corredor ecológico o biológico. Es decir, una superficie de tierra protegida que conecta ecosistemas, que anteriormente se habían quedado aislados como consecuencia de la actividad humana.

"Gracias a estos corredores, tanto la flora (a través de la dispersión del polen) como la fauna pueden moverse por las zonas restauradas y migrar a las áreas anteriormente aisladas," explica Rubins Benini, especialista en conservación de especies de la organización The Nature Conservancy en Brasil. Y añade: "esto contribuye a la diversidad genética."

En algunos casos, estas superficies conectoras pueden imitar el hábitat original de la selva tropical por completo con formaciones exuberantes de mata, matorrales frondosos y copas de árboles densas. A través de la plantación de vegetación tropical nativa se pretende simular la estructura, función y composición del ecosistema original tanto como sea posible. En otros casos, como en el de las ranas del norte de Brasil, un corredor también puede consistir simplemente en un par de árboles a lo largo de una corriente de agua. Esto permitiría a las ranas nadar cómodamente en el agua evitando así la exposición solar y el miedo a ser fácilmente descubiertas por un depredador.

La solución: una alfombrilla de retazos

El Parque Nacional Pau Brasil es una pequeña parte de la Mata Atlántica brasileña.

Hace quinientos años, el Bosque Atlántico de Brasil debió de ser tan grande como Sudáfrica. Pero al día de hoy, más del 90 por ciento de este “hotspot” de la biodiversidad ha sido deforestado con el fin de preparar el terreno para la construcción y establecimiento de las diferentes industrias en auge como la industria de la soja, de la caña de azúcar y de la ganadería.

Lo queda de la selva está muy fragmentado y las especies de plantas y animales, que habitan en ellas, quedan muy aisladas. A menudo no tienen acceso a agua limpia y alimentos y son más susceptibles a la endogamia porque solo pueden reproducirse entre los individuos del propio grupo, según el profesor Pedro Brancalion del Laboratorio de Silvicultura Tropical en Piracicaba, Brasil . "En este contexto, los corredores son importantes y necesarios para la conservación de la biodiversidad", dice el investigador.

En los últimos años, varias organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales como The Nature Conservancy y la británica World Land Trust se han asociado con instituciones de investigación y universidades locales para ayudar a construir este tipo de corredores. La organización World Land Trust adquiere terrenos privados - en su mayoría con fondos europeos – para ponerlos después a disposición de organizaciones locales que trabajan sobre el terreno y utilizan estas tierras para investigar y construir los corredores. The Nature Conservancy, por otro lado, tras la compra del suelo, emplea a científicos de su propia organización para construir los corredores.

A su vez, algunos corredores se establecen en el marco de programas gubernamentales más amplios y son financiados a través de bonos de carbono (también llamados “créditos de carbono”), un mecanismo internacional para la reducción de emisiones causantes del calentamiento global. De esta manera se han construido, por ejemplo, los corredores para la conservación del tití león dorado (o tamarino león), un primate en grave peligro de extinción en el estado de Río de Janeiro. Así como grandes corredores en la región O Pontal do Paranapanema en el estado de São Paulo, donde se encuentran algunas de las últimas poblaciones de jaguar.

Los corredores más efectivos son aquellos que como mínimo tienen cuatro metros de ancho y no son muy largos, ya que de otro modo se pueden espantar los animales. Si el borde del corredor está demasiado cerca, los animales estarían expuestos a la luz solar y al fuerte viento. Además, el suelo estaría demasiado seco para las plantas. En el caso ideal, los corredores deberían reproducir lo mejor posible el hábitat original, de tal modo que puedan ser utilizados por el mayor número de especies nativas – desde los pequeños insectos hasta el jaguar amenazado en el gran corredor de São Paulo, el parque Estadual de Serra do Mar.

"Si los grandes animales pueden utilizarlo como corredor, entonces también podrán hacerlo los murciélagos, mariposas y todos los demás", afirma John Burton, director de World Land Trust.

¿Una panacea contra la pérdida de biodiversidad?

El centro de la mitad superior de esta foto aérea muestra un ejemplo de corredor ecológico.

Mientras que algunos ecologistas consideran que los corredores podrían ser la panacea contra la pérdida de biodiversidad, otros como Brancalion no creen que sean siempre la mejor solución.

Los corredores ecológicos son de gran ayuda pero no suficientes cuando conectan zonas entre sí, que contienen menos de un 10 por ciento del arbolado originario, es decir, terrenos que a menudo ya no son habitables. En este caso, la mayor atención debería concentrarse en la reforestación de esas tierras. “Cuando crece el arbolado en ambos extremos de las zonas forestales, también aumenta el flujo de movimiento en el corredor”, explica Brancalion.

Un buen corredor debería reproducir una estructura de hábitat similar a la de las zonas forestales, que pretende conectar. Solo entonces, los animales lo percibirán como una extensión natural de su propio biotopo o hábitat. Si no se dan estas premisas, bien porque la estratificación, o disposición de capas de un terreno, es diferente o la vegetación menos densa, algunos animales no se sentirán seguros a la hora de usar el corredor. Cuando se diseñan con suficientes elementos del ecosistema original, sin embargo, estos corredores no solo pueden conservar una población sino reforzar su tamaño, explica el profesor Paul Beier, especialista en la planificación de corredores biológicos de la Universidad del Norte de Arizona.

"En algunos casos, la especie podría estar en un extremo del corredor, y no en el contrario, y solo con el tiempo podrá expandirse al otro lado", cuenta. "Por tanto, la biodiversidad aumenta, a medida que las especies son capaces de habitar más sitios.”

Perspectivas a largo plazo

La construcción de los corredores es compatible con la legislación ambiental brasileña, señala Ricardo Rodrigues, profesor en el Laboratorio de Ecología y Restauración Forestal de la Universidad de São Paulo.

El Pacto de Restauración del Bosque Atlántico firmado por más de 80 empresas privadas, organizaciones medioambientales, gobiernos e investigadores pretende reforestar 15 millones de hectáreas de tierras despobladas hasta 2050. Además, recientemente ha entrado en vigor una ley, a partir de la cual aquellas empresas que talen zonas forestales para su explotación comercial, tendrán que invertir un tres por ciento del valor total del proyecto en la conservación de zonas forestales de otros lugares.

Sin embargo, la compra de tierras privadas con fines de conservación puede resultar muy costosa. En los últimos años, los precios del suelo en Brasil, que ahora tiene un producto nacional bruto anual mayor que el Reino Unido, se han disparado. "La tierra aprovechable para la agricultura es muy cara, por lo que el coste es el gran impedimento para construir corredores”, cuenta Rodrigues.

Las organizaciones como World Land Trust, que compran tierras para donarlas después con fines de conservación, han visto cómo se ha cuadriplicado el precio de las tierras en los últimos años. World Land Trust anima a sus socios locales a buscar donaciones en Brasil, cuenta Burton. Aún así, para terminar su proyecto “Esmeraldas Corredor Verde” - que conecta el Parque Provincial Moconá con el Parque Provincial Esmeralda y el Parque Estatal Turvo en Brasil – faltan todavía 90 millones de euros.

"Es muy frustrante leer acerca de la cantidad de dinero que pagan algunos equipos de fútbol por un pedazo de césped para que sus jugadores golpeen un balón sobre él", cuenta Burton, "y darse cuenta de lo que podría hacerse para proteger la selva tropical con esa misma cantidad de dinero."

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