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AFP

Fue en diciembre de 2009, cuando las esperanzas de un pacto vinculante capaz de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero se desmoronaron a pesar de las prolongaciones de último momento. Seis años después, 195 países volverán a intentarlo, esta vez en París. (Vea: ¿Qué es y para qué sirve la COP 21?)

Mucho ha cambiado desde 2009 y los observadores consideran que hay razones para tener esperanzas de que finalmente se llegue a algún tipo de acuerdo.

"El mundo ha aprendido algún tipo de lección de la experiencia de Copenhague", dijo a la AFP el viceministro norteamericano y activista medioambiental Al Gore.

Una diferencia es que los jefes de Estado y gobierno, que acudieron al final de la cumbre de 2009, fueron invitados a París para participar únicamente en el primer día.

En la capital danesa, los líderes de un grupo de países que incluyó entre otros a Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, China, India y Brasil, impulsaron un texto a último momento. La iniciativa fue mal recibida por muchos y el debate se polarizó. (Vea: Un “manual” para entender el cambio climático)

"No cambien el clima, cambien el sistema", proclamaba un Hugo Chávez enardecido, arremetiendo contra el capitalismo y Estados Unidos, cuya administración republicana era en el fondo tan poco defensora del equilibrio climático como el mandatario de la potencia petrolera sudamericana.

"Lo que vivimos en este planeta es una dictadura imperial", proclamaba un aclamado Chávez, reviviendo en Copenhague a escala planetaria la oratoria que cinco años antes le había redituado a nivel regional, cuando torpedeó en Mar del Plata el acuerdo de libre comercio que propiciaba su enemigo, el "diablo" George W. Bush.

La cumbre de Copenhague terminó simplemente "tomando nota" de aquel texto no vinculante, que quedó en los anales de los grandes fracasos diplomáticos de la historia.

"Fue el peor momento de mi vida", recuerda el negociador de Maldivas Amjad Abulla. "Trabajamos duro día y noche. A último minuto nos dijeron que había un texto negociado por los jefes de Estado", relató a la AFP. "No se puede venir con un borrador a decirle a algunos: tómenlo o déjenlo. Y eso es lo que pasó en Copenhague".

Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente: el panorama mundial ha cambiado, los actores no son los mismos y el planteo negociador tampoco. (Vea: La nueva versión del Arca de Noé es un refrigerador)

Para evitar otro fracaso, la conferencia de París optó por dejar a los mandatarios por fuera de las arduas negociaciones.

Barack Obama, Vladimir Putin, Xi Xingping, Dilma Rousseff y el resto de los líderes estarán en la inauguración para dar el impulso inicial y marcar el rumbo que seguirán a partir del martes los negociadores norteamericanos, rusos, chinos, brasileños o de las demás delegaciones hasta el 11 de diciembre.

Borrador reducido

Los expertos que han venido negociando un borrador durante los últimos seis años pondrán toda su energía en la recta final, antes de pasar la posta a los ministros encargados de sellar el acuerdo global.

Otro cambio notable es que los delegados de esta 21ª Conferencia de la Partes (COP21) en París trabajarán con un borrador reducido a 55 páginas, contra 300 en Copenhague.

Existen otras razones para esperar un resultado más positivo.

Desde 2009, miles de estudios científicos pusieron en evidencia los efectos devastadores del cambio climático. El sentido de urgencia es palpable entre los negociadores. (Vea: ¿Qué es y para qué sirve el Fondo Verde del Clima)

Al mismo tiempo, muchos ahora aseguran que alejarse de las energías fósiles no solo es bueno para el medio ambiente sino que también comienza a tener sentido desde un punto de vista económico.

"El costo de la energía solar se dividió por la mitad desde 2010 y las energías renovables son cada vez más competitivas o incluso más baratas que los combustibles carbonados", señala Jennifer Morgan, del World Resources Institute.

En la ruta hacia París, unos 170 países, responsables de más del 90% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) han presentado compromisos para reducirlas, incluyendo Estados Unidos y China.

Los compromisos son voluntarios, emanados desde cada país y no impuestos desde afuera. En Copenhague, Estados Unidos y China fueron un freno. Esta vez, sumaron fuerzas para convertirse en un motor.

Más diálogo

Según el negociador japonés Aya Yoshida, el nivel de confianza mutua de cara a la conferencia de París en "mucho, mucho mejor".

"Al menos sabemos lo que los demás están pensando", dijo a la AFP. "Tenemos muchas más reuniones informales, más conversaciones".

Sin embargo, algunas cosas no han cambiado.

Los países ricos y en desarrollo siguen enfrentados acerca de la responsabilidad de las emisiones y de quién deberá pagar los daños.

"Esta película ya la ví", advirtió el mes pasado la negociadora venezolana Claudia Salerno, en una reunión preparatoria en la que los países ricos fueron acusados de técnicas "de apartheid" para quitar de la mesa los reclamos del Sur. "Esperemos que no sea otra Copenhague", dijo.

La responsable de las cuestiones climáticas de la ONU Christiana Figueres aseguró a la AFP que "no hay punto de comparación" entre las dos conferencias. "Salvo que ambas ocurren en el mismo continente y en dos hermosas ciudades".

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