Foto: Esteban Vega La-Rotta / SEMANA

El 3 de marzo de este año el mundo recibía la lamentable noticia del asesinato de Berta Cáceres. La ambientalista, defensora de los grupos indígenas y además ganadora del Goldman Prize 2015 (conocido como el Nobel verde)  fue ultimada por un grupo de desconocidos a 200 kilómetros de Tegucigalpa.

El crimen de Cáceres es uno de los 185 asesinatos que han sufrido los defensores de la tierra en este 2016. Una cifra divulgada esta semana por el grupo defensor de los derechos humanos PAN Asia Pacific (PANAP) que en un extenso informe asegura que cada mes en el mundo son asesinados 16 activistas dedicados a la defensa de la tierra.

A pesar de que el derecho a la tierra es un derecho fundamental, consignado en la Declaración de los Derechos Humanos, este es uno de los que menos se respeta. Lo que más preocupa es que el número de personas asesinadas que se dedican a hacer valer este derecho se triplico del 2015 (61 asesinados) al 2016. “Los derechos colectivos de las personas de poseer y controlar sus tierras, sus recursos y sus necesidades culturales son fuertemente violados por corporaciones y gobiernos”, asegura Sarojeni Rengam, el director ejecutivo de PANAP.

Y es que los gobiernos en vez de proteger a estos activistas se han tornado menos tolerantes, una situación que se refleja en el aumento de las detenciones cuando se realizan este tipo de reclamos una cifra que pasó de 82 detenciones en 2015 a 118 hasta noviembre de este año.

Por regiones Asia, África y América Latina son los continentes más afectados mientras que entre los países que menos defienden a estas personas está Brasil donde solo en agosto pasado fueron asesinados 20 activistas. Filipinas, Indonesia y Camboya, Bolivia, Honduras, Perú, Etiopía, Kenia y Sierra Leona son los países con las tasas más altas de homicidios.

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