Foto: Fundación Omacha.
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¿Qué tiene que ver la lucha por el delfín rosado en el Amazonas con un vendedor de pescado en una ciudad a cientos de kilómetros o un niño que padece dolores de cabeza agudos y temblores?

La respuesta es: mucho. Y es que en la vasta Amazonía, hacer conservación puede destapar una verdadera "caja de Pandora", según Fernando Trujillo, biólogo colombiano y una de las autoridades mundiales en delfines rosados.

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Trujillo, director científico de la Fundación Omacha, habló recientemente sobre su trabajo en la Royal Geographic Society, la Real Sociedad Geográfica en Londres.

Las investigaciones del científico contribuyeron a que el gobierno colombiano prohibiera este año el consumo de un pez contaminado del Amazonas.

¿Cuál es la conexión con los delfines rosados? La historia de Trujillo revela como pocas la realidad compleja de la Amazonía, una región de siete millones de kilómetros cuadrados y cerca de 34 millones de habitantes, de los cuales solo 3,5 millones son indígenas.

"Dioses del agua"

Fernando Trujillo estudió biología marina y llegó a la Amazonía en busca de delfines por consejo del explorador francés Jacques Cousteau.

"Me interesaban mucho los delfines, pero en esa época mis profesores en Colombia me decían que en el país no había delfines y debía buscarlos en EE.UU.", le relató el biólogo a BBC Mundo.

"Tuve la fortuna de conocer al comandante Cousteau cuando dio una conferencia en Colombia en la década de los 80, y él me dijo, no hay nadie trabajando con los delfines del Amazonas, por qué no vas allí?".

Trujillo acabó instalándose de forma permanente en una pequeña población amazónica, Puerto Nariño.

"No tenía casi nada de dinero pero los indígenas me daban comida, me prestaban embarcaciones y comenzaron a llamarme Omacha".

"En la cosmogonía indígena los delfines son dioses del agua, que tienen la capacidad de transformarse. Ellos creían que yo era un delfín que me había transformado en ser humano para cuidar a los delfines y eso significaba Omacha".

Trujillo dio ese nombre a la fundación que creo en la Amazonía colombiana, como una metáfora de lo que significa "ponerse en el lugar de otra especie".

Para los indígenas los delfines son animales sagrados. La gran amenaza para esta especie proviene según Trujillo de la pesca comercial.

Pez carroñero

"En el Amazonas, los grandes bagres comenzaron a escasear y empezamos entonces a ver la pesca de un pez carroñero llamado piracatinga en Brasil, o mota en Colombia. Es un pez que allá en el Amazonas nadie consume porque todo el mundo sabe que come animales muertos e incluso cadáveres humanos".

"En el 2000 había un pez de muy alto consumo en Colombia que se llamaba el capaz que era un pez del Río Magdalena. Cuando esta pesquería colapsó los comerciantes dijeron vamos a hacer pasar a la mota por el pescado del Magdalena".

Fue así que comenzó la pesca masiva del pez carroñero y la matanza de delfines rosados parausar su carne y grasacomo carnada.

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"Con un delfín muerto lograban capturar 250 kg de este pez carroñero y por muchos años se despertaron alarmas en diferentes países sobre la necesidad de frenar esto".

Veda en Brasil

En Brasil, se estima que cada año los pescadores comerciales mataban al menos 1.500 delfines.

El video impactante de una matanza de delfines en la televisión brasileña generó tal escándalo que el gobierno introdujo en 2014 una veda de la pesca del pez carroñero por cinco años.

Sin embargo, el control en Brasil hizo que la cacería de delfines simplemente mudara de lugar y se intensificara en otros países como Perú, Bolivia y Colombia.

"Yo toda mi vida he trabajado con delfines, pero ahí me dije, el tema no son los delfines, el tema realmente es la pesquería".

Prohibición en Colombia

Trujillo comenzó a investigar el consumo de mota y dado que es un pez carroñero sospechó que acumulaba en su organismo niveles altos de mercurio.

"Empezamos a tomar muestras con WWF, el Fondo Mundial para la Naturaleza. Efectivamente encontramos mucho mercurio y presentamos los primeros resultados al gobierno".

Luego de estudios oficiales, el gobierno colombiano recomendó en 2015 el no consumo de mota y en septiembre de 2017 introdujo una veda permanente de su captura y comercialización.

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Trujillo dijo a BBC Mundo que es muy pronto para ver el impacto de la veda en los delfines, pero sí quedó en claro la conexión entre conservación en el Amazonas y las explotaciones ilegales de oro de las que proviene el mercurio.

El mercurio y el oro

"Por un kg de oro se requiere 1,32 kg de mercurio y muchas veces se usan hasta 10 kg de mercurio para aislar un kg de oro. El desperdicio de mercurio es enorme".

Cuando los peces carroñeros comen otros peces contaminados el mercurio se va potenciando, ya que no se excreta sino que se bioacumula.

"El mercurio ataca el sistema nervioso central, el hígado, los riñones, causa temblores, dolores de cabeza agudos", afirmó Trujillo.

"Además el mercurio es una sustancia que en altas concentraciones puede ser teratogénica, es decir, puede ocasionar malformaciones congénitas".

"Hubo una época en Brasil en que empezaron a confundir estos síntomas con ataques severos de malaria, pero luego sospecharon que la causa era el mercurio".

Alternativas

La fundación de Trujillo y varios institutos y gobiernos investigan alternativas económicas sostenibles para la Amazonía como el turismo, los cultivos de cacao orgánico, las plantas procesadoras de pescado y la acuicultura con especies nativas.

"Hace décadas si me hubieran hablado de acuicultura en el Amazonas me hubiera reído, hoy es una necesidad".

En los últimos 20 años se ha disparado el poblamiento de la Amazonía debido a la minería, grandes cultivos de soya, ranchos de ganado e hidroeléctricas que generan el crecimiento de pueblos alrededor y la construcción de carreteras.

"Aquí hay un tema socioeconómico de fondo, hay ya 34 millones de seres humanos viviendo en la Amazonía de los cuales solo 3,5 millones son indígenas".

Amenazas

Trujillo recibió amenazas tras la prohibición de la pesca de mota y debió en una ocasión usar un chaleco antibalas y protección especial para volver a la región en la que ha trabajado durante décadas.

"Fue un momento muy triste, más que miedo fue muy triste pues he trabajado 30 años de mi vida por ayudar a la gente en el Amazonas y jamás pensé que este tipo de estudios abriera una caja de Pandora y que terminara yo amenazado".

"Yo estoy comprometido con tratar de ver como se consiguen alternativas económicas para la región, no estoy interesado en acabar con la economía de la región sino en fortalecerla y hacerla sostenible".

Redes

La lucha de Trujillo por proteger a los delfines le ha dejado una gran enseñanza.

"A los científicos nos forman con la idea de que tenemos que estudiar una especie y publicar artículos científicos, pero yo me di cuenta de que nuestros políticos no leen artículos científicos".

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"La gran lección aprendida para mí es que además de ser científico tienes que abordar otras problemáticas políticas, socioeconómicas. Estamos en un mundo complejo y no lo podemos simplificar a la medida de nuestro propio interés".

"Uno debe trabajar con economistas, sociólogos, antropólogos, politólogos, comunicadores, crear redes de trabajo en la búsqueda de soluciones para la Amazonía".

¿Científico o humanista?

Luego de 30 años de trabajo en la Amazonía, Fernando Trujillo no tiene dudas de que la conservación debe incluir la dimensión humana.

"Acá quiero relatar una anécdota. Cuando me hicieron la valoración vocacional al terminar el colegio me dijeron, ¿usted qué quiere ser? Yo dije, quiero ser científico y humanista".

"Y me dijeron: eso es una contradicción, o eres científico o eres humanista".

"Pero yo creo que lo estoy logrando. Soy un científico riguroso pero no me olvido de la dimensión humana".

"Creo que eso es importante. Ser un científico humanista".

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