El argentino Enrique Crespo es doctor en ciencias biológicas e investigador de alta categoría del Conicet. Nació en la provincia de Chubut, pionera en el desarrollo de áreas protegidas, así como de la implementación del turismo de naturaleza.

Durante los últimos 30 años, el argentino Enrique Crespo se ha dedicado a la investigación de cetáceos como el delfín de río. Hoy es un emblema en la conservación de mamíferos acuáticos en Latinoamérica, y es reconocido por su papel en la formación de varias generaciones de investigadores. Actualmente es el Coordinador del Grupo de especialistas en cetáceos para Latinoamérica de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

Hace algunos días estuvo en Colombia para unirse al grupo de científicos de la expedición “Un río, cuatro países”, un recorrido de 1.600 kilómetros a través de  Colombia, Ecuador, Brasil y Perú con el fin de estimar las poblaciones de delfines en el río Putumayo. Aunque el equipo esperaba encontrar muchos más, el registro final fue de apenas 559 delfines. Ahora Crespo y el resto de los investigadores tratan de determinar las razones detrás de este resultado.

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Durante el viaje, liderado por la Fundación Omacha, WWF, Corpoamazonia y el Instituto Sinchi, Crespo habló con Semana Sostenible sobre los resultados de la expedición, y las falencias en materia de conservación en la región.

Semana Sostenible: Ustedes esperaban encontrar más delfines durante el recorrido. ¿A qué cree que se debe el bajo registro que obtuvieron?

Enrique Crespo: Hay dos posibles explicaciones: la primera, de tipo ecosistémico, indica que la región es distinta comparada con otras por sus características ecológicas y biológicas. La otra está relacionada con factores antrópicos, y tiene que ver con la intervención del ser humano. Vimos varias dragas para minería y zonas deforestadas. El río tiene mucho tráfico, es una hidrovía transitada y sirve de fuente de trabajo de muchas comunidades. La cuenca alta, en la que no había muchos peces, y tampoco delfines, está muy impactada. Este tipo de expediciones le aportan credibilidad a la labor de conservación de los delfines de río, y permiten evaluar el resto del ecosistema. Aún así, nos falta mucho trabajo frente a la cantidad de amenazas que existen.

Semana Sostenible: Es su segunda vez en la Amazonía en busca del delfín de río. ¿Cómo evalúa el encuentro de científicos en la expedición ‘Un río, cuatro países’?

Enrique Crespo: Muy interesante. Unir investigadores de la región y generar un trabajo conjunto es fundamental. A partir de expediciones como esta, se crean lazos de trabajo a largo plazo que permiten que nuevos científicos se vayan incorporando. Esa es la gran riqueza porque, en vez de trabajar aisladamente, se abordan problemáticas similares desde diferentes perspectivas, se comparten opiniones y se toman mejores decisiones.

Semana Sostenible: Los delfines de río están catalogados como vulnerables en los países de la Amazonia y la Orinoquia en los que habita. ¿Cómo se define una especie en peligro o en estado vulnerable?

Enrique Crespo: La forma más simple es tener estimaciones de abundancia y de mortalidad, sean naturales o inducidas por las amenazas. Normalmente se elaboran informes técnicos para las autoridades públicas de cada país, de las cuales depende el recurso. Allí se toman las acciones y las decisiones de transformación. El problema es que el mismo recurso no siempre está bajo el mismo tipo de administración. Por ejemplo, en Chubut (Argentina), la provincia en la que nací, los recursos pesqueros los maneja Turismo; en otros lugares, es la cartera de Fauna. En Suramérica y en general en Centroamérica –allí porque no hay suficiente peso en los sistemas científicos–, existe una falta de articulación que impide que el manejo sea integral. La pesquería no considera los daños colaterales sobre las otras especies, mamíferos, aves, anfibios, y también las plantas y los árboles.

Semana Sostenible: ¿A qué se debe esta falta de articulación?

Enrique Crespo: La corrupción tiene mucho que ver. También la visión de las autoridades, que muchas veces es estrecha, ya que maneja y regula el recurso para que en el mejor de los casos siga existiendo y se pueda explotar. Pero a veces ni eso ocurre.

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Semana Sostenible: Como investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, ¿cómo ve los estudios de cetáceos en Latinoamérica y en el mundo?

Enrique Crespo: Ha avanzado muchísimo. Motivadas por la problemática ambiental que produjo el colapso de las poblaciones de ballenas tras la II Guerra Mundial, se han realizado pesquisas de primer nivel en todo el mundo. Tras la matanza de ballenas en 1960, se descubrió que la pesquería de atún mataba a medio millón de delfines por año. Cuando la noticia fue pública, se promovió una serie de políticas de conservación en Estados Unidos. Mucha gente que había participado en la lucha por los derechos civiles se activó. La campaña famosa “Salven a las ballenas” es la punta de lanza que condujo al fenómeno de la conservación, que se difuminó por el mundo. Luego aparecieron las políticas ambientales y el auge de la educación ambiental. El Acta de protección de mamíferos marinos en Estados Unidos obligó al gobierno proteger y conservar esas poblaciones, se replicó en Canadá, en Estados Unidos, en países de Europa occidental y Oceanía. Así fue tomando cuerpo el movimiento ambiental.

Semana Sostenible: Y en Latinoamérica…

Enrique Crespo: En Argentina, México y Brasil va marchando. En Uruguay, Chile, Colombia y Ecuador en menor medida. El sistema científico en Argentina siempre ha sido muy sólido. Pasa que las investigaciones siempre estuvieron por delante de los requerimientos gubernamentales. Que cambien las políticas en los países del tercer mundo es más complicado porque el poder económico tiene mucha fuerza sobre el poder político. En cambio en países desarrollados hay más mecanismos para asegurar que el gobierno tome decisiones independientes.

Semana Sostenible: Usted es especialista en cetáceos y en mamíferos acuáticos. ¿Cuál es el rol de estos animales en la cadena trófica?

Enrique Crespo: Son una parte importante del ecosistema. Pero no son todo, porque no son lo único. Las presas de las cuales se alimentan esas especies son también importantes. Y así de la base al tope de la cadena. Son un eslabón más. No se trata de conservar los delfines y las ballenas, sino de conservar el ecosistema. A veces se busca conservar ese elemento solamente y se olvidan de todo lo demás. En los ecosistemas marinos se protegen los cetáceos, pero hay cientos de peces que no son protegidos. Sucede lo mismo en los terrestres, con osos, jaguares.

Semana Sostenible: Y entonces, ¿cómo lograr que ese trabajo sea íntegro?

Enrique Crespo: Cada expedición tiene que conservar integralmente el ecosistema, no solo su objeto de estudio. Se logra en la medida de que se difundan las acciones y los estudios a la comunidad, con visión integrada a la de lo que es el ecosistema y como interactúa cada elemento.

Semana Sostenible: Usted nació en la Patagonia. ¿Qué siente al volver a la Amazonia y sumergirse en toda su magia?

Enrique Crespo: He recorrido y trabajado en muchas regiones, en viajes que me han permitido aprender mucho. Y la Amazonía es maravillosa. Ha estado instalada la noción de que la selva amazónica y los arrecifes de coral eran los ambientes más estables y menos fluctuantes de todo el planeta, y eso no es cierto. Cuando lo supe cambió totalmente mi visión. Este es un ambiente terriblemente dinámico que no se percibe leyendo los libros. Yo lo aprendí en una expedición en Bolivia. Un profesor nos explicó los ciclos y las funciones del sistema y el pulso de inundación, que igual está siendo trastocado por los efectos del cambio climático. Hay una renovación en el sistema a plazo largo grandiosa. Una vez la entiendes y la ves, te das cuenta de que no hay sistema que sea estable. El bioma Amazónico está muy vivo. Cualquier alteración particular, afecta el cuerpo general.

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Semana Sostenible: ¿Cuál es la importancia de la ecología y la biología?

Enrique Crespo: Es altísima. La conciencia de la gente ha ido creciendo, incluso la de los gobernantes. O cambiamos la forma de hacer las cosas o resbalamos. Les estamos dejando a nuestros hijos y nietos un mundo cada vez peor. Tenemos que lograr mecanismos sustentables de vivir sobre la Tierra. Habría que ponerle límites a la explotación de petróleo, a la minería ilegal, a la deforestación, a la emisión de dióxido de carbono, al consumo desmedido, hacer inversiones en energía alternativa.

Entrevista realizada por Pablo de Narváez, WWF Colombia.

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