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Allí donde el Amazonas desemboca en el Océano Atlántico surge un estuario en el que se mezclan el agua dulce de río con el agua salada del mar. Hasta el momento, los investigadores creían que en ese estuario no había arrecifes de coral, ya que, normalmente, no se los encuentra en la desembocadura de grandes ríos, debido a que el agua allí es más ácida y menos salada que en mar abierto.

Ahora, un equipo de científicos estadounidenses y brasileños hicieron un descubrimiento sensacional: un sistema coralino de 1000 kilómetros de longitud a lo largo de la desembocadura del río Amazonas. “Es la primera vez que un arrecife de coral se descubre bajo estas condiciones”, dijo Fabiano Thompson, que participó de la exploración, a DW. Todo indica que, debajo de la corriente de agua dulce que fluye desde el Amazonas, se oculta un hábitat de agua salada, adecuada para los organismos que forman arrecifes de este tipo.

Los investigadores detectaron en el arrecife del Amazonas 61 tipos de esponjas, entre ellas tres nuevas especies, además de 73 especies de peces, así como langostas y ofiuras, parecidas a las estrellas de mar.

Quimiosíntesis en vez de fotosíntesis

A causa de que en el estuario del Amazonas escasea la luz, solo viven allí unos pocos corales. El arrecife está poblado de esponjas y rodolitos, un alga roja coralina. Esos organismos no hacen fotosíntesis sino quimiosíntesis, es decir, que no transforman la luz en energía, sino que producen dicha energía a partir de la oxidación de minerales

“Encontrar un arrecife que exista en base a la quimiosíntesis es un cambio total de paradigma”, subraya Thompson, y añade que es muy probable que haya otros arrecifes de este tipo “ocultos en distintos lugares del mundo”.

Antiguos registros salen a la luz

A los científicos les llamaron la atención antiguos registros de 1977 sobre peces y esponjas de esa región, especies que, por lo general, viven en arrecifes. Además, en 1999 se hallaron corales en el extremo sur de la desembocadura del Amazonas. Ese fue un indicio clave, y el comienzo del descubrimiento, ya que se toparon con un “gigantesco” arrecife de coral, explica Thompson, y su existencia pudo ser confirmada oficialmente por primera vez.

“Había algunas pistas mínimas en los viejos documentos”, dice Thompson, “pero no eran en absoluto una garantía de que se tratara verdaderamente de un arrecife, y sobre todo, de que estuviera intacto. ¡Este arrecife está lleno de vida! Aquí vive una cantidad increíble de peces y langostas”, se entusiasma el investigador.

Thompson y su equipo piensan que la exploración del arrecife del Amazonas podría echar luz sobre el funcionamiento de los ecosistemas de arrecifes del planeta en condiciones “no del todo óptimas”, y ayudaría también a comprender de qué modo pueden sobrevivir otros sistemas de arrecifes en diferentes lugares del globo que tienen que vérselas con el cambio climático y la acidificación de los océanos.

Recientemente, científicos australianos informaron que un 93 por ciento de la Gran Barrera de Coral –el arrecife coralino más grande del mundo- sufre de una enfermedad: la decoloración o blanqueo del coral, debida a la expulsión o muerte del protozoo unicelular con el que hace simbiosis el coral, el zooxanthellae. Según Fabiano Thompson, arrecifes como el del Amazonas son menos propensos a la acidificación que los arrecifes de coral tropicales. Sin embargo, la amenaza de las extracciones de petróleo no deja de ser un peligro latente para el arrecife del Amazonas. Los investigadores alertaron en la revista “Science Advances” sobre la inminente instalación de plataformas petroleras en las inmediaciones del arrecife.

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