La isla de plástico que recorre el Océano Pacífico sigue creciendo y los esfuerzos para disminuir su superficie han sido mínimos.

Las Naciones Unidas alertaron este lunes sobre la delicada situación de los ecosistemas oceánicos en el mundo y pidieron una acción coordinada para protegerlos de la creciente contaminación que amenaza a la vida marina.

La destrucción de manglares de forma acelerada, la contaminación por plástico y las maneras de mitigar dichas problemáticas, serán el eje principal de discusión del XVI Foro sobre Mares Regionales y Planes de Acción que comenzó este lunes en Atenas (Grecia) bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El problema de los residuos plásticos y el “séptimo continente”

Desde que Charles Moore descubrió en 1997 una inmensa placa de plástico un poco más grande que Colombia, con una superficie de 1.400.000 kilómetros cuadrados, se ha discutido ampliamente el impacto ambiental de esta gran isla artificial que recorre el Océano Pacífico y que ha sido bautizada por algunos científicos como el ‘séptimo continente’, conformado por boyas, redes de pesca, cepillos de dientes, tapas de botellas entre otros objetos procedentes de alcantarillas.

Según Mette Wilkie, directora de implementación de política ambiental del PNUMA, "cada año, hay entre 10 y 20 millones de toneladas de residuos plásticos (en los océanos), que constituyen una gran amenaza para la vida marina". Además, se calcula que el costo económico anual de estos residuos llega a los 13.000 millones de dólares

Dentro de los daños que se han identificado están que las partículas de plástico flotante, que se asemejan al zooplancton, son consumidas accidentalmente por medusas. También, muchos desechos terminan en los estómagos de las aves marinas y animales del mar, que a su vez serán consumidos por humanos que ingerirán las toxinas presentes en los organismos de los peces.

“Hay que salvar a los manglares”

Por su parte, Damon Stanwel-Smith, director del programa marino del Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación (CMVC) del PNUMA, instó a una mayor atención hacia la conservación de manglares, una estructura vital para la vida marina, “los manglares se destruyen a un ritmo entre tres y cinco veces más rápido que la media de la deforestación global, con un costo económico anual que llega hasta los 42.000 millones de dólares".

Dentro de las razones que destacó Stanwel-Smith para la destrucción acelerada de estas estructuras están su conversión en tierras agrícolas (acuiculturas), la expansión de ciudades vecinas, el desarrollo de actividades turísticas y el cambio climático.

En la actualidad, los manglares cubren 152.000 kilómetros cuadrados en 123 países, y son vitales para la reproducción de la vida marina, en especial peces que sirven para el consumo humano. Y según el informe del PNUMA estas estructuras pueden llegar a captar hasta 1.000 toneladas de dióxido de carbono por hectárea, un dato no poco importante con el termómetro del calentamiento global en pleno ascenso.

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