Este miércoles, la controversia sobre el futuro de la Reserva Thomas Van der Hammen por fin saltó del Twitter hacia la vida real. Por primera vez, el alcalde explicó públicamente su proyecto de urbanizar este ecosistema en un foro presidido por el exministro Manuel Rodríguez y por Julio Carrizosa, dos de sus más recios opositores en este tema. Lo hizo ante un auditorio universitario que con murmullos, risas, aplausos y hasta increpaciones directas acompañó el que será apenas el primer capítulo de una discusión que va para largo.

Una de las tareas de Peñalosa será actualizar el Plan de Ordenamiento Territorial, que es el documento que regirá el desarrollo de Bogotá en el mediano y el largo plazo. Según él, la ciudad tiene que prepararse para alojar 3,6 millones de habitantes adicionales en los próximos 40 años. Y para eso será necesario construir 2,7 millones de viviendas nuevas con sus respectivas dotaciones de servicios, parques y avenidas.

Esos son los cálculos que sustentan el proyecto Ciudad Paz, una gigantesca intervención urbana que Peñalosa planea ejecutar en cuatro puntos específicos: Bosa y Soacha, Mosquera, alrededor del río Bogotá y en el borde norte de la capital. En este último quiere construir Ciudad Norte, una ciudadela de 5.000 edificios en la que vivirían 1,2 millones de personas. Esas viviendas, más toda la infraestructura complementaria, ocuparían cerca de 6.000 hectáreas, de las cuales aproximadamente 1.200 hacen parte hoy de la Reserva Thomas Van Der Hammen. (Vea: La reserva Thomas Van der Hammen, un pulmón para Bogotá)

Eso quiere decir que se conservarían apenas 200 hectáreas de la actual reserva, dentro de las cuales están, según el alcalde, los únicos elementos que tienen verdadero valor ecológico de la Van der Hammen: el bosque de las Mercedes, el Cerro de la Conejera y el humedal de Torca-Guaymaral. “El resto no son potreros, son pastizales con ganado –ironizó Peñalosa-, además de colegios, viviendas y cultivos de flores”. (Vea: Los interrogantes ambientales del nuevo gobierno de Peñalosa)

Según el alcalde, en Ciudad Norte habrá por lo menos 1.500 hectáreas de verde con las que se conectarían los Cerros Orientales con el río Bogotá, que es una función que no está cumpliendo la Van der Hammen en la actualidad. Más allá de esos detalles del proyecto, para Peñalosa urbanizar de esa forma la reserva es más sostenible ambientalmente porque evita que Bogotá siga creciendo desordenadamente hacia los municipios aledaños y expandiéndose por toda la sabana, que es uno de los ecosistemas más valiosos del país. 

¿Bogotá retrocede 16 años?

A pesar de que durante el discurso de Peñalosa hubo murmullos y risas burlonas, al final el público lo aplaudió. El alcalde había expresado sus argumentos y al auditorio no le parecieron descabellados. Sin embargo, a juzgar por los aplausos que sucedieron a las intervenciones de Manuel Rodríguez y Julio Carrizosa, la idea de urbanizar la reserva Van der Hammen tendrá que transformarse. De lo contrario, el conflicto ambiental en la ciudad no será fácil de manejar.

El exministro de ambiente explicó que esta era la reedición de una discusión que comenzó hace 16 años, cuando Peñalosa era alcalde y propuso por primera vez la urbanización de esa zona de la ciudad, algo a lo que la CAR de la época se opuso. Como consecuencia, el Ministerio de Ambiente a conformó una comisión de sabios para que hiciera recomendaciones sobre lo que debía hacerse. Rodríguez recordó que de ese grupo de expertos había apenas tres ambientalistas y que muchos de los demás participantes (entre los que estaba el arquitecto Rogelio Salmona) comulgaban con las ideas urbanísticas de Peñalosa.

Aun así, la comisión sugirió proteger una gran parte del borde de Bogotá y crear allí una Reserva Forestal. La primera conclusión del informe decía que “la importancia ecológica y paisajística de la zona norte y su importancia en la dinámica ecológica regional, hacen que su recuperación y conservación sean objetivo de las intervenciones del Estado en esta zona”. Y luego instaba al Ministerio a adelantar cuanto antes los pasos necesarios para la creación de la franja de conexión, restauración y protección.

En el año 2000 el Ministerio le ordenó a la CAR la delimitación de ese espacio, cosa que no ocurrió hasta 2011, según Rodríguez porque aparte de que Peñalosa demandó al Ministerio porque supuestamente no tenía competencia en el tema, muchos constructores interesados en urbanizar esa zona “torpedearon” el proceso. “Hoy, 16 años después de esa decisión que zanjó la discusión, Peñalosa está presentando la misma propuesta con los mismos argumentos de esa época”, añadió.

El problema es que desde entonces se han realizado 48 proyectos de investigación que demuestran que la Van der Hammen tiene más importancia de la que piensa Peñalosa. “Lo que pasa es que el señor alcalde distorsiona la reserva porque en efecto hay cultivos y ganadería, pero lo que ordenó la Car es que allí tiene que ocurrir un proceso paulatino de restauración ecológica que tomará muchos años. En todo este tiempo Peñalosa no ha entendido que estamos ante la última oportunidad de proteger un sitio de especial valor ecológico para la ciudad”, concluyó Rodríguez. (Vea: ¿Qué es la Reserva Thomas Van der Hammen?)

Urge un acuerdo

En este punto del foro ya había quedado claro que las divergencias entre el alcalde y los ambientalistas son irreconciliables. El mismo Peñalosa lo confirmó al final de su segunda intervención, cuando insistió en que la Reserva no tiene mayor importancia ecológica y que, en cambio, puede incluso ser perjudicial por entorpecer el crecimiento ordenado y sostenible de la ciudad. Sin embargo, en un hecho inédito, reconoció que está dispuesto a dialogar con todos los interesados para enriquecer su propuesta.

Luego agradeció por el espacio para explicar su idea y alardeó con que había decidido asistir incluso en contra de los consejos de sus asesores, que le habían advertido que se iba a encontrar “con un poco de ambientalistas ahí”. El público le respondió con risas, pero luego una joven saltó de su puesto y le preguntó que cómo iba a establecer esos mecanismos de diálogo. Peñalosa, en medio de la sorpresa, solo atinó a reiterar su disposición a escuchar y a pedirles a sus secretarios de Ambiente y de Planeación que le dieran a la mujer la dirección de su correo electrónico para que le enviara todas sus inquietudes.

Esa anécdota ilustra la principal conclusión que deberá sacar Peñalosa del foro de hoy: que tendrá que concertar si quiere sacar adelante su proyecto de ciudad. El que mejor lo expresó fue Julio Carrizosa, cuando dijo que “La van der Hammen debe ser una de las zonas de reserva más estudiadas y sobre las que hay más evidencias de su importancia. Pero usted está empeñado en urbanizarla. Así no, Enrique, esa no es una buena estrategia”. Y luego añadió, “haga la Ciudad Paz en el centro ampliado, olvídese de que fue Petro el que propuso eso”.

Un mensaje que más allá de las risas que provocó en el auditorio, muestra que la idea de Peñalosa no es la única posibilidad para lograr que Bogotá crezca ordenadamente. Por ejemplo, expertos como Juan Pablo Ruiz han sugerido que la capital lidere un gran acuerdo que tenga en cuenta a los demás municipios de la sabana para que el proceso de planificación urbana tenga un énfasis regional.

Todo esto ratifica lo expresado por la directora del Instituto Humboldt, Briggite Baptiste, en una entrevista reciente con RCN Radio: “no se debe polarizar el tema como lo han hecho la pasada y la actual administración, hay que hacer una propuesta sostenible de ciudad”. Hoy Peñalosa dio un primer paso en ese sentido, pero el camino será largo y complejo. Como escribió en su cuenta de Twitter el subdirector científico de esa misma institución, Germán Andrade: “La presencia de Peñalosa en el Foro es un buen inicio. Divergencias evidentes. Diálogo debe continuar”.

Relacionados

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.