Barack Obama.

Una de las grandes promesas de Barack Obama cuando asumió la presidencia fue la de hacerle frente, de manera contundente, a los efectos de la contaminación. 

Con el transcurso de su gobierno, el tratamiento de esta temática ha generado protestas en el gremio ecologista, limitantes políticas y por parte de algunos sectores industriales, e incluso,  recibido fuertes críticas por parte de Al Gore, uno de los grandes líderes mundiales en el tema ambiental.

No obstante, el nuevo plan de Obama para hacerle frente al calentamiento global puede ser quizá la iniciativa más ambiciosa- por su impacto esperado- en esta nueva carrera que tiene a las grandes naciones buscando soluciones a una problemática controvertida (algunas figuras públicas aún niegan la existencia del cambio climático, mientras que otros no responsabilizan al hombre por este).

Se trata de una propuesta emitida por orden ejecutiva- que hasta el momento es un borrador a la espera de comentarios- elaborada por la Agencia de Protección Medioambiental (EPA en inglés) que tiene como objetivo principal reducir en un 30 por ciento las emisiones de carbono que provienen de centrales termoeléctricas, para 2030.

El proyecto se basa en los niveles de contaminación de 2005 y será revisado durante el próximo año para empezar a ser implementado en 2015. No obstante, cada estado podrá presentar sus propuestas ambientales hasta mediados de 2016.

¿En qué consiste el plan?

La estrategia de la EPA se dirige principalmente a minimizar la producción de la energía a base de carbón. Además de imponer un límite de emisiones, se abre la posibilidad de “cerrar las plantas de carbón más viejas y contaminantes” según explica The New York Times. Este punto pone a temblar a los estados cuya economía se respalda sobre esta industria.

El plan también busca que cada estado dinamice los proyectos de energía renovable y la  implementación de avances tecnológicos que propicien la eficiencia energética.

Otro punto del proyecto es la implementación de la política del “cap and trade”, que en el pasado se ha utilizado en Estados Unidos y en la Unión Europa y que fracasó como ley en el Congreso norteamericano en 2010.

El “cap and trade” es un sistema por medio del cual las compañías pueden intercambiar o vender créditos de carbono. En primera instancia el gobierno establece un límite a las emisiones que varía para cada compañía dependiendo de su actividad.

Después de esto, las empresas deben implementar políticas para reducir la contaminación, de lo contrario recibirían una multa. Quienes logren mantenerse por debajo de los límites establecidos pueden vender o intercambiar créditos de carbono con compañías a las que se les dificulte conseguir este objetivo.

¿Estrategia realmente novedosa?

Esta iniciativa es considerada ambiciosa por algunos debido a los números que propone. En 2009, el gobierno estadounidense hablaba de reducir las emisiones en un 17 por ciento en 2020. Hoy, la cifra es casi el doble.

Para personalidades como Ban Ki Moon, secretario general de la ONU y Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York, este es un paso importante en la lucha contra el cambio climático.

Por otra parte, algunos sectores de la opinión pública señalan que Estados Unidos ya se encuentra andando en el camino de la reducción de emisiones, en parte por el boom del gas natural atrapado en esquistos, adquirido por la también controvertida técnica del fracking. No obstante, este procedimiento está relacionado a otro tipo de problemáticas.

The New York Times señala sobre este punto específico que “las emisiones ya se han reducido en un 10 por ciento desde 2005” y son varios los medios norteamericanos que ven esta iniciativa como el inicio de una guerra entre el carbón y el gas natural. Lo único cierto, es que ambos son recursos no renovables y que la necesidad de encontrar otras fuentes de energía, tal vez no en los próximos años, se hace cada vez más apremiante.

Con información de EFE y The New York Times

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