Bernie Sander, Hillary Clinton, Donald Trump y Ted Cruz.

En la carrera hacia la Casa Blanca, el pasado 25 de marzo, en un mitin de campaña de Bernie Sanders un pájaro se posó sobre el atril, mientras el ‘underdog’ demócrata daba un discurso. El político aprovechó el hecho y dijo: “Creo que tal vez puede haber algún simbolismo en esto”. Algunos le creyeron, la naturaleza parecía haber escogido a su favorito.

Pero más allá de la anécdota, y mientras Barack Obama ha firmado un sinnúmero de cheques en blanco, varios de ellos en defensa de la naturaleza, los demócratas se preguntan cuál de los potenciales candidatos es la mejor opción para la salud del planeta. Y es que el tema medioambiental desde el inicio le ha importado a un solo bando. Para los republicanos, ha tenido poca relevancia dada su tendencia negacionista frente a una problemática real como el cambio climático.

“En los debates de las dos partes, el cambio climático ha sido ignorado y en las campañas republicanas, las cuestiones ambientales apenas se han discutido”, asegura Tim McDowell editor medioambiental de Mother Jones. El tema poco ha pesado en la campaña republicana porque a los votantes de dicha colectividad les preocupan más asuntos como la seguridad nacional, la educación y la cobertura en salud.

Para los demócratas, el problema es mucho más importante. “Para los votantes demócratas, el cambio climático puede no estar a la altura de otros temas como la desigualdad de ingresos y la reforma a la justicia, pero insisten en un candidato que sea un líder global y tome medidas agresivas para reducir la huella de carbono y apoyar las energías renovables”, añade McDowell.

Esto coincide con lo hecho por Barack Obama en los últimos dos años. El pistoletazo de salida lo dio en agosto pasado con el anuncio de la reducción en un 40 por ciento de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) por parte del gobierno federal, orden que en este momento está en veremos por una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos.

A este hecho se le sumaron la intención de crear un parque natural protegido de casi 50.000 kilómetros cuadrados en Alaska, la ampliación de la reserva marina estadounidense a seis veces su tamaño actual, la disminución de los niveles de emisiones para 2025, y la entrada en vigencia del Clean Power Plan, un llamado a la inversión en energías limpias a gran escala. De ahí que muchos teman que una victoria de Donald Trump o del segundo en la carrera republicana, Ted Cruz, signifique un retroceso en la cruzada emprendida por Obama. (Vea: El cielo y los fenómenos que el ojo humano no logra percibir).

Desde el inicio de la campaña republicana la mayoría de aspirantes brillaron por su ignorancia respecto al cambio climático. Pero lo que resulta aún más sorprendente es que aquellos que registraron mayor desconocimiento sobre el tema ahora lideran la carrera por hacerse a la nominación del partido. A finales del año pasado The Associated Press convocó a ocho climatólogos quienes calificaron en una escala de 0 a 100 la precisión científica de las aseveraciones de los candidatos. Sin mayores sorpresas, Donald Trump y Ted Cruz registraron los peores resultados con un 15 y un 6 respectivamente.

Cruz ha llegado a espetar que los científicos que alertan sobre el cambio climático “son el equivalente de quienes sostenían que la Tierra era plana”. Pero Trump no se queda atrás, ha ido desde asegurar que dicho fenómeno es un invento de China, pasando por decir que es una idea para cobrar más impuestos, hasta asegurar que es un invento del propio Obama; el magnate no se ha medido.

“Creo que los compromisos plasmados en el Acuerdo de París estarían en grave peligro si Trump fuera elegido presidente”, asegura McDowell. Sin embargo, no todo es tan sombrío, “Trump se comprometió a ‘destrozar’ los acuerdos comerciales de Estados Unidos., algo difícil de ejecutar. Él es impredecible y sus promesas valen muy poco”.

Mientras tanto, en el Partido Demócrata el medioambiente tiene mayores opciones de no perder. Desde comienzo de la contienda, Hillary Clinton se mostró como la candidata de las energías limpias y semanas después de anunciar su aspiración, presentó un ambicioso plan para que Estados Unidos deje, de una vez por todas, de depender de los combustibles fósiles.

Clinton se comprometió, entre otras cosas, a instalar 500 millones de paneles solares en el país antes de que termine su primer mandato y establecería un plazo de diez años para generar suficiente energía renovable, desde distintas fuentes, para producir un tercio de toda la electricidad que se consuma en el país en 2020.

Por su parte, Bernie Sanders se escuda en su trayectoria y tiene al medioambiente como una de sus prioridades para incluso mejorar la gestión de Obama. Desde el capitolio, Sanders impulsó un proyecto para el gravado de impuestos a las emisiones de carbono y metano y logró que 3.200 millones se destinaran a financiar subvenciones para reducir las emisiones de GEI.

Ambos candidatos se han mostrado enemigos del uso del fracking. Pero mientras Sanders lo rechaza tajantemente, Clinton es partidaria de la técnica en naciones en vía de desarrollo. Con esto, la candidata modera su posición y no se enfrenta directamente con ningún grupo de interés dentro de su país.

Queda claro que si un demócrata gana, la naturaleza respiraría más tranquila. Un hipotético triunfo de Sanders, sería beneficioso, pero su posición contra el gas natural y el fracking podría socavar los avances que Obama ha hecho sobre la regulación de las emisiones de carbono. Una victoria de Clinton, mucho más más moderada, permitiría una agenda climática aun ambiciosa y además continuaría la maquinaria que Obama puso en movimiento. De ahí que si la naturaleza tuviera que elegir el próximo 8 de noviembre, sin dudarlo marcaría en la papeleta al burro demócrata sobre el elefante republicano.

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