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Me encuentro sobrevolando el Parque Nacional Madidi en una avioneta Cessna 172. Desde el aire, la frase “océano verde” que utilizan algunos científicos para describir a la Amazonía cobra sentido. Detrás del lente de mi cámara, el imponente Río Tuichi se abre paso a través de la selva como una culebra que huye apresurada. Mientras lo observo recuerdo el libro “El Retorno del Tuichi” que narra la increíble historia de supervivencia de Yossi Ghinsberg, israelita que estuvo 21 días perdido en esta región del Madidi.

En apenas minutos, el joven piloto que nos transporta, Henry Ruíz, hace señas para dirigir nuestra mirada hacia un panorama totalmente distinto que se avecina por el extremo izquierdo de la aeronave. A tan solo 12 kilómetros del Parque Madidi,  se observan miles de hectáreas de la Amazonía boliviana que han sido arrasadas y reemplazadas por extensas plantaciones de caña de azúcar de la Empresa Azucarera San Buenaventura (EASBA), el nuevo y millonario proyecto que, según el gobierno, beneficiará a la economía boliviana.

Los datos recientes de la organización Global Forest Watch muestran que alrededor de 1.300 hectáreas, 13 kilómetros cuadrados (km2), fueron deforestadas cerca de la planta de procesamiento del Ingenio Azucarero de San Buenaventura entre los años 2011 y 2014, y otras 600 hectáreas se han visto afectadas entre julio y septiembre de 2016, según la información registrada por Planet Labs. Desde el aire, las imágenes del desbosque son inquietantes, esto está ocurriendo a tan solo 12 kilómetros de una de las áreas protegidas más biodiversas del mundo: el Parque Madidi.

El 15 de septiembre del año 2010, mediante el Decreto Supremo N° 637 se creó la Empresa Azucarera San Buenaventura (EASBA), ubicada en el municipio de San Buenaventura al norte del departamento de La Paz. Para llevar a cabo esta monumental obra, ejecutada por la empresa china Camce Union Engeneering (CAMC), el Estado tuvo que invertir 263 millones de dólares. La meta, según el gobierno boliviano, es producir y comercializar caña de azúcar y sus derivados, incentivando así la producción nacional con una visión de respeto hacia la Madre Tierra.

El 29 de octubre de 2015, el presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera inauguraron la primera zafra de prueba de este ingenio, el cual hoy se encuentra procesando su primera cosecha comercial. Para la zafra de 2016 se prevé procesar 78.000 toneladas de caña, cantidad que permitirá producir 140.000 quintales de azúcar blanco y un millón de litros de alcohol. Para alcanzar este objetivo se han sembrado 1.300 hectáreas de caña de azúcar, es decir, el equivalente a 2.500 campos de fútbol, sin contar la construcción de 290 kilómetros de caminos para facilitar el traslado del producto.

Deforestación del bosque en los alrededores del Ingenio San Buenaventura. Foto: Eduardo Franco Berton.

Según Ramiro Lizondo, gerente general del ingenio, se espera que para el año 2023, la planta cuente con las 11.700 hectáreas que necesita para abastecer completamente este complejo industrial y producir así 1,2 millones de quintales de azúcar.

Cómo abastecer a un ingenio azucarero gigante

Felipe Brígido es el dirigente de la Federación de Campesinos del municipio de Rurrenabaque (FECAR), una federación que aglutina a 74 comunidades conformadas cada una de ellas por grupos de 20 a 40 familias. Cada unidad familiar tiene en su poder un promedio de 25 a 50 hectáreas. A estos campesinos se los conoce como “interculturales”, porque son en su mayoría migrantes del occidente andino de Bolivia, de lugares como Potosí, Oruro y La Paz.

“Si no nos dejan chaquear y desmontar el bosque entonces el ingenio es un elefante blanco en media Amazonía”, me dice Felipe Brígido, mientras me explica que si en los municipios de Rurrenabaque, San Buenaventura e Ixiamas no se siembra caña, no se podrá abastecer la capacidad que tiene el ingenio.

El Plan de uso de suelo (Plus) es un instrumento técnico reconocido por la normativa boliviana que regula la capacidad de uso mayor del suelo. Esta herramienta es vista hoy como un impedimento para los productores interculturales de la Fecar. El Plan de uso de suelo del departamento del Beni establece que el 60% del territorio del municipio de Rurrenabaque está ocupado por la Reserva de la Biósfera Pilón Lajas, un 5% por ríos y humedales, y el 35% restante por zonas de bosque con distintos tipos de vegetación (principalmente piedemonte). Esta última porción es la que quiere ser transformada en área productiva por las comunidades que integran la Fecar.

Para ello, me comenta Brígido, están realizando gestiones ante los senadores y diputados de la Asamblea Legislativa Plurinacional, con la finalidad de realizar modificaciones al Plus del Beni y destinar ese 35 % del territorio a la producción agrícola. “No a todos los campesinos nos gusta la misma producción, algunos tienen ganado -80, 90 o 100 vacas, algunos hasta 200- otros siembran plátano, sandía, zapallo y arroz, y otros están sembrando caña de azúcar y han conformado la Asociación de Cañeros. Somos pequeños productores, por eso queremos producir en el resto del territorio”, comenta.

Germán Patzi es el dirigente de la Asociación de cañeros de Rurrenabaque, una organización recientemente conformada que cuenta con 40 afiliados, que poseen entre cinco y seis hectáreas por familia, y que están sembrando semilleros de caña de azúcar. Este productor señala que deben esperar nueve meses, después de la siembra de la caña, para poder cosechar. Según Patzi, el cultivo de caña absorbe la mayoría de nutrientes del suelo y por eso en cinco años es necesario rotar de cultivos y habilitar nuevas tierras.

“En el municipio de San Buenaventura, algunos productores tienen entre 10 y 50 hectáreas de caña de azúcar ya cultivadas. EASBA les ha prestado las máquinas para la siembra”, comenta Patzi. “Yo creo que en el ingenio va a faltar caña, no tienen mucha producción”, sostiene. Este poblador cuenta que EASBA tiene incluso el interés de prestarles a los campesinos las máquinas para arar sus cultivos y otorgarles créditos de hasta 3 mil dólares por hectárea para la producción de caña de azúcar.

Los impactos de la deforestación

Imágenes obtenidas en un sobrevuelo que muestran la deforestación del Bosque de piedemonte en el municipio de San Buenaventura. Foto: Eduardo Franco Berton.

Para Dalia Flower, concejal de la Alcaldía de San Buenaventura, el ingenio está ocasionando un cambio radical del bosque virgen, está atropellando los derechos del pueblo indígena Tacana, y está incentivando a que varias comunidades deforesten para producir caña de azúcar. “Las maquinarias están pisando las petas, los huasos y los chanchos de tropa (tortugas, venados y chanchos salvajes). He visto monos con sus crías afectadas. Se ha contaminado arroyos y comunidades. Es una impotencia como personas que no podemos hacer nada. Nosotros como Alcaldía no podemos hacer nada”, comenta con tono de preocupación Flower.

Pero Hipólito Vidaurre, otro de los concejales, opina diferente a su colega, él sonríe y me dice que los impactos dependen de cómo uno los vea, y me explica que la mayor deforestación en San Buenaventura ha ocurrido en el año 1996, y que es sobre esos barbechos que han quedado donde hoy se siembra la caña de azúcar.

Sin embargo, desde el aire el panorama es muy diferente, no se perciben los barbechos que menciona Vidaurre, simplemente se observan miles de hectáreas de bosque amazónico arrasadas por completo. La deforestación se ve en varios parches alrededor del ingenio azucarero, no muy distantes unos de otros, en algunos casos se pueden ver colinas de humo del chaqueo saliendo de la tierra arada. Otros parches ya están cultivados y albergan las plantaciones de caña de azúcar. En esta región del municipio de San Buenaventura el “océano verde” comienza a verse como un tablero de ajedrez.

Gladys Ybaguari, una mujer indígena Tacana asentada en la localidad de Tumupasa, opina lo mismo. Los Tacanas son el pueblo que reside ancestralmente en el territorio y representan el 29% de la población total del municipio. Gladys es la presidenta del Consejo Indígena de Mujeres Tacana de la Central Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA). Para ella, su pueblo está teniendo fuertes impactos a causa del ingenio azucarero, principalmente por el desmonte. “Nosotros nos dedicamos a la caza, pesca y recolección de frutos, ahora estamos sintiendo la sequía de los arroyos y esto se debe a los desmontes”, comenta Ybaguari. “Los interculturales están sacando con maquinaria la madera para vender, nosotros aprovechamos el bosque con hacha y machete de una manera sostenible”, recalca.

Para Sandro Marupa, Secretario de Género, Cultura y Turismo del CIPTA, si bien el ingenio era un anhelo que tenía el Departamento de La Paz desde los años setenta, estos últimos años no se logró alcanzar un consenso con el pueblo indígena Tacana. Por ello, hoy los Tacana le reclaman al Estado por las 4.000 hectáreas de Territorio Indígena Originario Campesino (TIOC) que se vieron obligados a ceder para la construcción del mega proyecto azucarero. “Debido a la falta de recursos económicos no fue posible acudir a instancias judiciales internacionales para defender nuestros derechos afectados”, señala Marupa.

El avance de una nueva plantación de caña de azúcar que se inició a mediados de agosto y que progresa rápidamente. Producido por Mongabay y las imágenes son cortesía de 2016 Planet Labs Inc. bajo licencia CC BY-SA 4.0.

“Es una locura cómo al ver los caminos hechos, han comenzado a sacar la madera sin ninguna autorización”, menciona Marupa, mientras describe que la construcción de los nuevos caminos del Ingenio ha propiciado la explotación ilegal de la madera, y esto ahora está afectando a las familias indígenas y la fauna silvestre del lugar.

Una amenaza para el Madidi

El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi es considerado una de las áreas naturales más biodiversas del mundo, y uno de los 20 lugares de mayor interés turístico a nivel mundial según la Sociedad National Geographic. Recientemente los científicos del programa Identidad Madidi de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS por sus siglas en inglés) descubrieron la especie de ave número 1.000, lo que es el equivalente al 70% de todas las especies de aves que existen en Bolivia. La EASBA se encuentra a tan solo 12 kilómetros de la zona de amortiguamiento del área.

Para José Luis Howard, jefe de protección de guardaparques del Parque Madidi, el Ingenio representa una amenaza para esta área protegida. Howard describe que lo que le preocupa es la inmensa capacidad de producción a la que espera llegar el Ingenio. “Normalmente esto significará la habilitación de nuevas hectáreas de bosque. En estos sectores antes se realizaba algo de agricultura, pero desde hace tres años se está comenzando a sembrar caña”, describe Howard.

¿Dónde se está sembrando la caña de azúcar?

El 32% de la superficie del municipio de San Buenaventura lo ocupa el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, esto representa un área de 1.209 km2. Por otra parte, tomando en cuenta los bosques que conforman el municipio, sin contar el área natural protegida, se puede decir que el 86% de estos son bosques primarios (de piedemonte) y bosque montanos, equivalentes a 322.741 hectáreas. Las áreas de barbechos ocupan el 3,6%, los pastizales el 1,53% y las sabanas apenas un 0,83%.

El Plan Municipal de Ordenamiento Territorial (PMOT), elaborado con el apoyo de la ONG Conservación Internacional, determinó el año 2009 que la mayoría de la franja de bosques de piedemonte de San Buenaventura se encontraba en buenas condiciones de conservación. El PMOT también menciona que estos bosques, según la UICN y la CITES, albergan especies amenazadas, endémicas y cinegéticas.

Pero también, este instrumento técnico establece que este ecosistema es la unidad más intervenida por los asentamientos humanos existentes y las actividades de extracción de madera, lo que provoca el desplazamiento de animales a zonas no intervenidas. En estos lugares mejor conservados es posible observar urinas  (Mazama gouazoubira), huasos (Mazama americana), hurones (Galictis vittata), tejones (Nasua nasua), osos de oro (Cyclopes didactylus), antas (Tapirus terrestris), silbadores (Cebus libidinosus) y las zarigüeyas lanudas (Caluromys lanatus).

El 23 de diciembre de 1991, el Decreto Supremo Nº 23022 declaró Reserva Forestal de Inmovilización a la provincia Abel Iturralde, la que comprende los municipios de Ixiamas y San Buenaventura. Posteriormente, en el año 2001, el Decreto Supremo Nº 26075 declaró 41 millones de hectáreas en el país como “Tierras de Producción Forestal Permanente (TPFP)”, lo que incluye a 309.000 hectáreas del municipio de San Buenaventura. Según esta norma y la Ley Forestal en estas áreas se prohíbe la quema y el desmonte, y los usos permitidos son el aprovechamiento Forestal con Planes de Manejo.

El PMOT también estableció que existen algunas limitaciones en la aptitud de las tierras del municipio de San Buenaventura. En lo que respecta a la caña de azúcar, según el documento técnico, estos suelos no tienen la fertilidad necesaria, ya que cuentan con bajos niveles de nutrientes y falta de disponibilidad de materia orgánica.

El futuro de la Pan Amazonía

“Es muy importante que tomemos más altura, nos estamos aproximando a la Serranía de El Bala”, señala el piloto. Demetrio Arce Canare, indígena Tsimane que nos acompaña, señala desde lo alto la comunidad Torewa, hogar donde él y su familia viven. Demetrio pega su rostro a la ventanilla de la avioneta para contemplar cuán diminutas se ven desde lo alto las casas de su comunidad.

En el 2015, el científico brasileño Antonio Donato Nobre, autor del informe científico El Futuro Climático de la Amazonía, señaló cómo los modelos climáticos anticiparon, hace más de 20 años, los diversos efectos dañinos de la deforestación sobre el clima. Entre estos, la reducción drástica de la transpiración, un cambio en la dinámica de las nubes y lluvias, y una mayor duración de la estación seca. Nobre también alertó sobre la urgencia de reducir a cero la deforestación, la degradación forestal y el fuego, con todos los recursos y medios éticos posibles, para frenar un daño mayor al clima.

“La deforestación actual ya afecta casi el 20% de la cobertura original de la totalidad de la Pan Amazonía, y de continuar con el mismo ritmo y si optamos por no recuperar los daños infringidos al Gran Bosque, la teoría sugiere que el sistema amazónico puede colapsar en menos de 40 años”, sostiene Nobre en su informe.

Según la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), en el último periodo de análisis al 2013 la deforestación en el país alcanzó las 248.000 hectáreas por año. Si bien las cifras han tendido a estabilizarse, los reportes anuales son relativamente altos y esto coloca a Bolivia en la lista de los países con las mayores tasas de deforestación de Latinoamérica.

Es momento de aterrizar en el aeropuerto de Rurrenabaque, de repente comenzamos a sentir un fuerte olor a humo dentro de la cabina, delante nuestro el paisaje se pone blanco casi por completo, “¡Qué desgracia, están chaqueando!”, exclama Henry Ruíz, mientras realiza algunas maniobras para esquivar el humo. Una vez que atravesamos la humareda, divisamos a lo lejos la pista de aterrizaje, y poco a poco vamos dejando atrás al “océano verde”. Han pasado 90 minutos desde que despegamos y, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el pulmón del planeta ha perdido el equivalente a 270 estadios de fútbol, muchos de ellos en la Amazonía de Bolivia.


Global Forest Watch muestra que alrededor de 1.300 hectáreas (13 kilómetros cuadrados) fueron despejadas alrededor de una planta de procesamiento de caña de azúcar entre 2011 y 2014. Alrededor de 600 hectáreas más se han visto afectadas desde entonces, con una aceleración de la actividad el mes pasado. Producido por Mongabay y las imágenes son cortesía de 2016 Planet Labs Inc. bajo licencia CC BY-SA 4.0.

 

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