Ernesto Guhl Nanneti es una de las personas que más conoce la política ambiental del país. Como funcionario público y como académico, ha vivido de cerca la evolución de las iniciativas estatales por involucrar a la naturaleza en los procesos económicos, sociales y políticos del país. Ese es justamente el tema de su más reciente investigación: un análisis del desempeño del Ministerio de Ambiente a propósito de los 20 años de su creación.

El resultado es un libro de 210 páginas en el que se pinta un panorama agridulce. Si bien la Ley 99  que le dio vida al Sistema Nacional Ambiental introdujo en el Estado una nueva concepción sobre la importancia de conservar los recursos naturales, la distancia que hay entre lo que dice el papel y lo que existe en la realidad sigue siendo enorme. Por eso la gran pregunta que plantea el texto es si bajo estas condiciones es posible hablar de un verdadero desarrollo sostenible, sobre todo cuando el presidente Juan Manuel Santos acaba de prometer en París que Colombia reducirá el 20 por ciento de sus emisiones contaminantes hacia el 20130.

Semana Sostenible: ¿Cuál es el balance de la gestión ambiental en Colombia en las últimas dos décadas?

Ernesto Guhl: Yo pienso que la ley 99 de 1993 es tal vez la creación institucional más grande que ha habido en la historia de Colombia. Pero eso no se ha aprovechado. Es decir, hay un Sistema Nacional Ambiental que existe jurídicamente, pero que no se ha materializado en la realidad. Esa ley le asignó al ministerio una serie de funciones fundamentales para poder realizar la gestión ambiental de una manera efectiva. Por ejemplo, le ordenó preparar un estatuto de los usos del suelo para contribuir al ordenamiento sostenible del territorio. Esa tarea no se ha hecho todavía. Y le aseguro que si esa clasificación existiera, habría mucho menos conflictos en el país. Como ese, hay varios casos iguales que han impedido que el país tenga un modelo de desarrollo más respetuoso con el medio ambiente.

Semana Sostenible: ¿Por qué no se han podido ejecutar esas ideas?

Ernesto Guhl: Hay varias razones, pero en mi concepto la principal es que existen muchas contradicciones entre el desarrollo extractivista y la política ambiental del país. Como fue planteado en la ley, el desarrollo sostenible necesita de un Estado fuerte que cuide y garantice los derechos de la población de hacer uso de un bien público que es el medio ambiente. Sin embargo, lo que hemos visto es una progresiva “privatización” de la gestión ambiental en favor de las iniciativas empresariales. Eso es notorio, por ejemplo, con las reformas al proceso de licenciamiento para que sea más rápido y menos riguroso cuando se trata de proyectos que se suponen de interés estratégico como la infraestructura o la minería. En otras palabras, la política ambiental no es autónoma sino que cada día se transforma para adaptarse a los mandatos del modelo neoliberal.

Semana Sostenible: En ese sentido, ¿cuáles son las perspectivas para el futuro?

Ernesto Guhl: El libro propone dos escenarios posibles. El primero se denomina tendencial, y es básicamente lo que pasaría si seguimos haciendo más de lo mismo. Es decir, falta de voluntad política, instituciones débiles y recursos insuficientes. El resultado será el empeoramiento de los indicadores ambientales del país. El segundo escenario es más optimista, pero requiere serias transformaciones en el modelo de desarrollo. Yo digo que el proyecto de interés estratégico más importante para el país debería ser el cuidado de los ecosistemas. Si queremos una sociedad más justa, equitativa y en paz debemos mantener la capacidad de los ecosistemas para generar bienes y servicios ambientales para todos los habitantes del país.

Semana Sostenible: ¿Qué piensa de la promesa del gobierno de reducir el 20 por ciento de las emisiones contaminantes en 2030?

Ernesto Guhl: La verdad, soy pesimista al respecto. El gobierno dice que hay 8 sectores prioritarios para lograr esa meta, pero la transición energética no se está haciendo en la realidad. Si queremos reducir la emisión de gases tenemos que descarbonizar la economía. Y estamos haciendo todo lo contrario. Mientras que en Alemania el 30 por ciento de la electricidad es producida por el viento, nosotros acá tenemos fracking, nuevas termoeléctricas, nuevas refinerías, etc. Seguimos montados en el esquema de una economía basada en el carbono, cosa cuya efectividad es bastante dudosa porque en muchos países eso está pasando de moda.

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