Si se está en peligro, mejor ir desnudo. Al menos, esa es la estrategia de defensa de una nueva especie de gecko que puede desprenderse de sus escamas en presencia —o, en este caso, en boca— del peligro.

Geckolepis megalepis es la última de cinco especies en ser incluida en el género de geckos denominados “escama de pez”, un grupo que comparte una estrategia única para evadir a sus depredadores. Si se encuentran en peligro, estos geckos pueden desprenderse de todas sus escamas (junto con una capa de piel, tejido conectivo y grasa) y se escurren, literalmente, de la boca de sus depredadores, aseguran los investigadores. El depredador se queda con un bocado de escamas mientras el gecko, desnudo, se escapa y busca refugio para que sus escamas vuelvan a crecer, proceso que demora solamente unas semanas.

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La especie G. megalepis es la que mejor domina este truco, según se pudo leer en la revista científica PeerJ. Tanto es así que los científicos creen que este gecko puede desprenderse y regenerar sus escamas más rápidamente que otras especies del género.

“No hay otra especie tan bien adaptada para hacer esto como G. megalepis”, expresó Mark Scherz, estudiante de doctorado de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich. “Es realmente extraño ver la cantidad de energía que el gecko está dispuesto a derrochar con tal sobrevivir”, contó a Mongabay.

La nueva especie, Geckolepis megalepis, tiene escamas más grandes que las de las demás. Esta lagartija nocturna fue descubierta en las formaciones kársticas llamadas “tsingy” del norte de Madagascar. Fotografía de Frank Glaw, 2016

“Pero es mejor perder escamas que convertirse en alimento”, agrega.

Los investigadores creen que esta especie puede desprenderse de su coraza con esa facilidad debido al tamaño de sus escamas, que son mucho más grandes que las de cualquier otro gecko. El artículo informa que “se requiere menos fuerza para eliminar una escama grande que una más pequeña”. Y cuando las escamas se desprenden, no dejan ninguna cicatriz, ni siquiera una gota de sangre, cuentan los investigadores.

Lo que los hace difícil de atrapar para los depredadores también complica que puedan capturarlos los científicos que quieren estudiarlos. De hecho, sus escamas se desprenden tan fácilmente que a los investigadores les es difícil recolectar especímenes con su coraza intacta, afirma Scherz.

Pero ciertamente, no dejan de intentarlo. A fines del siglo XIX, cuando fueron descubiertos los primeros especímenes de geckos “escamas de pez”, los investigadores intentaron, con cuidado, capturarlos con algodón. Aun así, no pudieron evitar que perdieran escamas.

Siempre es una lucha capturarlos

Tiempo después, nada ha cambiado mucho: los científicos todavía están buscando formas de capturar a estos geckos con las escamas intactas. Durante una expedición a la Reserva de Ankarana de Madagascar —probablemente, el único lugar donde existe la especie G. megalepis, según el artículo—, los investigadores intentaron hacer que los geckos entraran en bolsas plásticas, para así capturarlos.

“Siempre es una lucha”, exclama Scherz. “Lo ideal es que mientras uno sacude un árbol para que caiga el gecko, haya otra persona que sostiene la bolsa plástica debajo, para atraparlo. Pero hay veces en que se intenta capturarlo con las manos”.

Cuando los atrapa un depredador, los geckos “escamas de pez” pierden no solo las escamas sino también la primera capa de piel. Este comportamiento extraño es muy importante para escapar. Fotografía de Frank Glaw, 2016.

Según Scherz, un gecko sin sus escamas “prácticamente no tiene utilidad” para la ciencia. Eso es así porque el tamaño, la cantidad y el patrón de las escamas generalmente ayudan a los investigadores a determinar si un espécimen de lagarto pertenece a una nueva especie.

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Sin embargo, aun si los científicos capturan un espécimen con las escamas intactas, es muy difícil identificar miembros de la especie Geckolepis, dice Scherz. Para cuando alcanzan la etapa adulta, los geckos pueden haber perdido y recuperado su coraza varias veces. Y cada vez que eso pasa, el aspecto de las escamas puede variar, lo que los hace poco confiables como representantes de la especie.

“Identificarlos es una pesadilla”, contó Scherz en un comunicado de prensa, haciendo referencia a las especies de este género. “Hay que ser creativo al tratar con la especie Geckolepis”.

Y eso fue precisamente lo que hizo su equipo.

¿Cómo los identificaron?

Además de utilizar técnicas de identificación típicas, como medir el tamaño de las escamas y analizar el ADN del espécimen, Scherz utilizó un aparato de microtomografía computarizada (no muy diferente del tipo que se puede ver en un consultorio médico) para revelar características morfológicas que distingan a la nueva especie de sus familiares más cercanos. La microtomografía computarizada permite a los científicos observar un espécimen capa por capa, sin necesidad de rebanar nada.

“Aplicamos la microtomografía computarizada con la esperanza de encontrar caracteres sólidos que no se arruinaran cada vez que se tocara el animal, y tuvimos éxito”, explicó Scherz. “Pudimos observar el esqueleto y descubrir caracteres complejos que apoyan el hecho de denominar el gecko como una especie nueva”.

La identificación de G. megalepis se logra más de un siglo después de que fuera descrito el último gecko “escama de pez”, afirma el artículo. Con esta incorporación, existen actualmente cinco especies de geckos “escama de pez”. Pero el trabajo está lejos de terminar. Según un estudio anterior, probablemente haya cinco especies más de Geckolepis que todavía no fueron denominadas.

La Reserva de Ankarana se caracteriza por ocupar una formación kárstica denominada “tsingy”, que constituye una matriz compleja de hondonadas y cañones sobre la que puede crecer vegetación. Fotografía de Frank Glaw, 2016.

Pero ¿qué implica denominarlos? Según Scherz, mucho.

“El hecho de describir una especie nueva conlleva mucha importancia”, explica. Por ejemplo, “es muy difícil proteger algo para lo que no se tiene un nombre”.

Específicamente, si no tiene nombre, una especie no puede ser considerada para integrar la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el catálogo más ampliamente citado de animales en riesgo de extinción. Las etiquetas que otorga la Lista Roja, como “especie en peligro de extinción” o “especie vulnerable” son vitales para la protección de esa especie, sostienen los investigadores.

“Casi amenazado”

Los autores recomiendan asignar a G. megalepis la categoría “especie casi amenazada” de la Lista Roja, la cual está reservada para especies que “están cerca de calificar o es posible que califiquen como amenazadas en un futuro próximo”. En otras palabras, como una especie que pronto puede estar en peligro de extinción.

Y “pronto” puede estar más cerca de lo que se cree. Según el estudio, la deforestación ilegal amenaza el hábitat de los geckos, el cual se cree que cubre solamente 182 km2 en total.

De hecho, los investigadores creen que la especie G. megalepis es “microendémica”, es decir, originaria de una región muy pequeña, a la que está restringida. En este caso, esa región es la Reserva de Ankarana, que perdió alrededor de 3 km2 de masa forestal desde el comienzo del nuevo siglo, según datos de la Universidad de Maryland.

Este parque nacional del norte de Madagascar es casi tan inusual como los reptiles que lo habitan. La reserva se estableció en una formación geológica conocida como “karst”: un paisaje de cañones y riscos que se formaron por la erosión de la piedra caliza. Y según Scherz, no se parece en nada a lo que hay alrededor.

“Este hábitat tiene características muy particulares, es muy diferente de lo que hay alrededor. Y solo por el hecho de estar dentro del macizo [de Ankarana], las especies están aisladas genéticamente de todo lo que hay afuera”.

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El “aislamiento genético” se da cuando la población de una especie no puede cruzarse —o mezclar sus genes— con otra población de la misma especie, debido, por lo general, a barreras físicas. Gracias a un proceso de miles de años, el “poder del aislamiento” puede generar especies distintas, como G. megalepis, cuenta Scherz. Hay muchas otras especies, como la serpiente fantasma, descubierta hace poco, que se cree que son microendémicas de la Reserva de Ankarana.

Las especies microendémicas son especialmente susceptibles a la pérdida de hábitat, simplemente porque tienen menos territorio que perder, afirman los investigadores. Pero a pesar de las amenazas existentes para los bosques de la reserva, parecería que G. megalepis está saludable, al menos localmente, comenta Scherz. Eso se debe a que la especie no se limita a vivir en árboles.

“Siempre está la amenaza de que haya más personas que ingresen al parque y talen árboles, pero esta especie de geckos no vive solamente en árboles. “También trepan a las rocas, por eso, para ellos la deforestación no infligirá tanto daño”.

Así que, por más que anden desnudos o incluso sin cola (sí, también pueden perder la cola), los geckos de la especie G. megalepis están vivitos y coleando.