Una forma más tradicional de archivar una especie, pero quizá nada recomendable para las especies en peligro de extinción.
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DW

En 1995 el biólogo indio Ramana Athreya creyó haber descubierto una nueva ave: el charlatán bugun. Un pájaro pequeño con un plumaje de color verde oliva sobre su cuerpo esférico y negro sobre su cabeza. El investigador no pudo encontrar ninguna descripción existente que encajara con su observación en la Reserva Natural Eaglenest, en el noreste de la India.


¿Se trataría de una nueva especie? Eso sería sin duda una sensación, ya que las aves son animales relativamente grandes como para pasar desapercibidas al espíritu explorador del ser humano. Sin embargo, el ornitólogo tuvo que esperar un tiempo con su suposición. Diez años más tarde se encontraría de nuevo con el pajarito y esta vez fue incluso capaz de capturar un ejemplar. Se confirmaron las sospechas de Athreya: esta ave se diferenciaba en el plumaje y, sobre todo, en su canto a las especies conocidas hasta entonces. El ornitólogo estaba seguro de haber dado con una especie completamente nueva. La llamó Liocichla bugunorum, o charlatán bugun, en honor a la tribu Bugun, nativa de la zona.

En los meses siguientes Athreya encontró otros catorce ejemplares más en Eaglenest. Con una cifra tan baja creyó encontrarse frente a una especie en peligro de extinción. Probablemente no serían los únicos ejemplares existentes, reflexionaba el científico en su descripción de la especie pero "los representantes encontrados son escasos". (Vea: La humanidad en ‘zona de peligro’ según la Universidad de Estocolmo)

Ilustraciones para describir un “espécimen tipo”

Por este motivo, el ornitólogo decidió dar un paso inusual. Normalmente cuando se clasifica una nueva especie es imperativo guardar al menos un ejemplar como "espécimen tipo". De este modo, cuando hay dudas en la identificación de un organismo desconocido, y la literatura existente no ayuda, el “tipo” sirve de modelo de comparación. Para ello, sin embargo, hay que matar al animal y eso no interesaba a Athreya, al tratarse en este caso de una especie posiblemente amenazada.

"Hubiera sido inadecuado considerando la pequeña población existente", indicó. El investigador solo pudo contar tres parejas reproductoras y ejemplos del pasado sugerían que la recolección de ejemplares amenazados, por parte de los científicos, podía contribuir a la extinción de esas especies. Es el caso, por ejemplo, del mochuelo de los saguaros o búho enano mexicano (Micrathene whitneyi soccorroensis), cuyo último ejemplar se recogió en 1932. Aunque no se puede probar que la recolección con fines científicos ha llevado efectivamente a la extinción de esta especie, los ornitólogos no han vuelto a ver desde entonces a esta ave.

Hoy en día, en especial los países con 'hotspots' de biodiversidad presentan normas y regulaciones rigurosas de recolección y exportación de especies con el fin de controlar la recolecta científica y evitar consecuencias negativas en su conservación.

Athreya pretendía evitar un efecto de este tipo con su actuación. Por ello, el científico fotografió a su presa, midió su cuerpo, grabó su canto y finalmente guardó un par de plumas, que había perdido el animal mientras lo dejaba de nuevo en libertad. Desde entonces, estas muestras y descripciones sirven como material para identificar esta especie. La población se salvó.

Opción honorable pero rara para los investigadores

Aunque muy honorable, el procedimiento de Athreya fue más bien raro en esta área científica. La fotografía apenas tiene seguidores en la taxonomía, parte de la ciencia que se dedica a la clasificación de especies. Por parte de los expertos en este campo llovían las críticas. En 2014, el ecologista estadounidense Andrew Townsend Peterson describió en un estudio el destino del pájaro Laniarius Liberatus, descubierto en los años noventa en la selva africana. Por motivos de protección, esta ave también se había descrito únicamente con plumas y fotos. Durante diecisiete años Laniarius Liberatus mantuvo su condición de especie. Más tarde, otros investigadores comprobaron que no se trataba de una especie sino de una variedad de color del Malaconotidae.

"Unas plumas y fotos pueden ser a veces suficientes para distinguir una especie nueva de otra ya existente”, escribe Peterson, “pero no puede cumplir por completo el papel de un espécimen tipo”. ¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando hay que examinar una parte de un animal que no ha sido registrada en una fotografía? La recolecta de un ejemplar completo evita esta falta de información.

A su vez, la identificación de una especie únicamente con fotografías también es problemática por otras razones. Los animales que solo existen en las profundidades del mar, por ejemplo, difícilmente pueden ser devueltos vivos a su hábitat de origen después de haber sido ampliamente estudiados y fotografiados. Por otro lado, otros seres vivos que viven en los sedimentos o son de tamaño microscópico, no pueden ser encontrados y observados a simple vista.

Indispensable un ejemplar de muestra

Además, la recolección de especies con fines científicos no solo sirve de simple muestra, tal y como reconocía en 2014 un grupo de biólogos de todo el mundo en la revista científica Science. Según sus declaraciones, los especímenes tipo ayudan también a documentar la diversidad dentro de una especie o a determinar qué cambios ha sufrido la especie como consecuencia de los contaminantes y el cambio climático.

Athreya es muy consciente de las críticas de la comunidad científica en su campo de investigación. No en vano tuvo que defender su publicación sobre la especie que había descubierto porque no había podido adjuntar ningún ejemplar. En 2006, el biólogo decidió publicar su hallazgo en la revista Indian Birds. El tiempo apremiaba, ya que se planeaba construir una autovía en el área protegida. Esta actividad podía poner en peligro el hábitat del charlatán bugun. Con lo poco que se sabía de él, la población descubierta por Athreya podría no sobrevivir semejante daño. En el peor de los casos, podría haber desaparecido sin que la ciencia hubiera tomado alguna vez nota de ello.

Con su publicación, Athreya esperaba poder influir en la toma de decisión de la planificación de la carretera. Finalmente la autovía no llegó a construirse pero no debido a los charlatanes bugun, sino a una población previamente desconocida de elefantes en peligro. De todas formas, durante este tiempo el científico ha sido capaz de demostrar con datos suficientes que esta ave se diferencia de las especies descritas hasta ahora y se trata por lo tanto de una nueva especie. El investigador también espera poder recolectar algún día un ejemplar pero siempre y cuando esto no pusiera en peligro su existencia.

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