| 2015/05/04

Freno al fracking

El bajo precio del petróleo está logrando lo que no habían podido los ambientalistas: demorar su implementación en Colombia.

La caída del petróleo puede retrasar la transición a energías 
más limpias.
La caída del petróleo puede retrasar la transición a energías más limpias.

Los vientos para la industria petrolera nacional están soplando en contra. La caída en los precios internacionales del crudo pintó un nuevo panorama en Colombia. A enero de 2015 se desplomó cerca de 58 por ciento desde su valor más alto en junio de 2014, cuando marcó USD 115,4 por barril.

Aunque el país no es petrolero, el sector genera 110.000 puestos de trabajo y con el escenario de contracción, según cálculos del gobierno, 25.000 trabajadores quedarán desempleados.

A lo anterior se suma el impacto negativo en las rentas petroleras del país, pues cerca de 20 por ciento de los ingresos totales del gobierno provienen de la actividad petrolera y son la principal fuente de ingreso por regalías de las regiones.

El año pasado, el gobierno había hecho cuentas con un precio del barril de petróleo de USD 98, para el presupuesto general de la nación. Hoy día, este está por debajo de los USD 50.

Mientras que la tormenta cae sobre el sector petrolero, al mismo tiempo se abre un rayo de luz para los ambientalistas, quienes han visto que los menores precios del petróleo tienen en veremos los proyectos de extracción de hidrocarburos no convencionales (aquellos que están atrapados entre las rocas conocidas como lutitas).

“El descenso en los precios del crudo puede significar una especie de moratoria al fracking que podría ser positiva para realizar los estudios que faltan. Nosotros hemos pedido esta prórroga por considerar que no existen los estudios ni el conocimiento suficiente que permita minimizar los riesgos de la fracturación hidráulica”, explica.

Advierte, sin embargo, que esta coyuntura actual de precios también puede retrasar la transición a energías más limpias, las cuales requieren de inversiones importantes.

Frente al tema, Marcela Bayona, consultora y socia de M&M Estudio Jurídico, señala que “el no convencional es un hidrocarburo más difícil de buscar, de encontrar, y de producir, es 10 veces más costoso. Hasta ahora se estaban entregando los bloques y lo que está pasando a nivel mundial afecta muchísimo la exploración, infortunadamente”.

Como dice Bayona, la explotación de hidrocarburos no convencionales es mucho más costosa, y en la actual coyuntura de precios, las empresas no están dispuestas a invertir más en este tipo de producción porque no es rentable.

La controversia

La producción de este combustible fósil se realiza a través de la tecnología fracking (fracturación hidráulica), que consiste en inyectar grandes cantidades de agua y sustancias químicas a presión para romper las rocas y liberar el petróleo o el gas.

Aunque esta técnica se ha usado desde hace seis décadas en más de 1 millón de pozos en el mundo, ha generado controversia, debido a que, si no se hace bajo prácticas sociales y ambientalmente responsables, tiene serias consecuencias.

Entre los daños que puede ocasionar está la contaminación de los acuíferos y del aire por la emisión de gases de efecto invernadero; en las áreas pobladas puede generar aumento de movimientos telúricos y para los ecosistemas, deforestación y degradación del hábitat. Todo esto, en últimas, puede llegar a afectar a las comunidades de las zonas de influencia de los proyectos.

Los impactos asociados a esta práctica han hecho que países como Francia prohibieran su uso. Otros como Australia, Bulgaria, Irlanda, República Checa, Rumania y Sudáfrica han impuesto moratorias u otras prohibiciones temporales, por mencionar algunos ejemplos.

En el caso colombiano, aunque ya hay unos bloques asignados por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para yacimientos no convencionales, el fracking está en una fase incipiente, de análisis y estudios.

Al respecto, la Contraloría General de la República –que ha hecho una Función de Advertencia desde 2012 al fracking– manifestó a comienzos de este año que “subastar bloques para la explotación de hidrocarburos no convencionales sin definiciones ambientales, como hizo la ANH, implica riesgos innecesarios”.

Igualmente, señaló el organismo que hacen falta más estudios y que no hay garantías para prevenir los efectos negativos sobre los recursos naturales, el agua y la salud pública.

La experta en el sector petrolero afirma que cuando se realiza un análisis ambiental a un proyecto de cualquier industria, y especialmente de la extractiva, se tiene que dar un debate serio con el rigor técnico que corresponde; este no se ha dado en Colombia porque, actualmente, las empresas no han terminado de hacer sus estudios. “Toca ver qué dicen y que permitan demostrar cuáles son los impactos y las medidas para compensarlos”, asegura.

Ecopetrol, por ejemplo, ha adelantado estudios de geología, geofísica e ingeniería con información del subsuelo. También ha perforado pozos verticales en el Valle Medio del Magdalena, con el propósito de obtener información de los yacimientos, las rocas y los hidrocarburos.

Sin embargo, aún sigue en fase de evaluación y no cuenta con información definitiva que permita establecer con certeza si dichos yacimientos deben ser intervenidos con tecnología convencional o no convencional.

Ante el escenario actual de precios, la empresa señala que los proyectos que involucran tecnologías no convencionales están siendo revisados para determinar el ritmo en el que se van a desarrollar, tal y como sucede en los demás proyectos exploratorios.

Según un estudio de la Agencia Internacional de Energía, EIA, el potencial en Colombia asociado a yacimientos no convencionales es del orden de 8 a 10 billones de barriles de petróleo equivalente.

Con una balanza energética que está pasando por un momento difícil, sin grandes hallazgos y con hidrocarburos que se están agotando, el país vio en el fracking una oportunidad de oro. De implementarse, sus reservas petroleras tendrían un aumento de hasta seis veces, lo que significaría mayores recursos sociales y empleo para el país.

Sin embargo, la presión de los ambientalistas, la Contraloría con los ojos bien abiertos y el desplome de los precios del petróleo, hacen que el futuro de esta práctica sea aún más incierto.

La pregunta obligada que se tienen que hacer las autoridades, las empresas, los ambientalistas y las comunidades es qué es lo que más necesita Colombia. Necesita petróleo, pero también recursos naturales. ¿Valdrá la pena arriesgar lo más valioso que tiene?

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